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Cuando hay aplausos en el cine el rigor pasa a segundo plano

<i>Argo</i> de Ben Affleck sumó cinco postulaciones

Argo de Ben Affleck

Una película inspirada en hechos muy recientes y divisivos, como Zero Dark Thirty, se aleja del oro

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El ser humano evoluciona genéticamente hacia una especie más atractiva. Por lo menos en Hollywood. La conclusión la sacó John Hawkes, actor de cuerpo poco trabajado y rostro relativamente “feo” que tiene un papel pequeño en la película Lincoln y suele conseguir trabajo en producciones de época. “Los intérpretes jóvenes son mucho más bellos y atractivos que cuando yo empecé: la ortodoncia y la nutrición han mejorado”, declaró al diario Los Angeles Times.

“Para una escena de orgía ambientada en los años cincuenta, buscábamos mujeres que aparecieran desnudas sin cirugías plásticas ni cuerpos de clases de yoga, y para encontrarlas tuvimos que irnos de Hollywood”, confirmó a la misma publicación Cassandra Kulukundis, la directora de reparto de The Master, que compite en tres categorías del Oscar.

Pero el torso demasiado bien entrenado de Ben Affleck como agente de la CIA amante de la cerveza en Argo (la principal favorita para Mejor Película del Oscar, ambientada en 1979), el agujero de un arete claramente visible en la oreja del protagonista Daniel Day-Lewis en Lincoln y la cabellera de Anne Hathaway digna de un comercial de champú, a pesar de que interpreta a una hambrienta obrera francesa del siglo XIX en Los miserables, son imprecisiones relativamente menores. Cuando la veracidad de los acontecimientos es cuestionada, se corre el riesgo incluso de perder una estatuilla dorada.

 

Tensión en el aeropuerto. El debate podría ser interminable y estéril: las películas no son tratados históricos. Generalmente duran dos horas, se hacen para entretener o dejar un “mensaje” y están obligadas a centrarse en algunos pocos personajes o visiones. “No hubo persecución de carros en Teherán ni tensión de último minuto con la reserva de los boletos en el aeropuerto, añadimos esos elementos para que la gente se mantuviera al borde del asiento”, reconoció el director-protagonista Ben Affleck en un discurso luego de la primera función de Argo para votantes de la Academia en 2012.

Diplomáticos de Canadá han objetado que la película de Affleck minimiza el papel jugado por la otra nación norteamericana durante la crisis de los rehenes en Irán. Sin embargo, nada ha impedido que Argo haya enamorado a los gremios de actores, directores y productores de Hollywood, en cuyos premios arrasó.

En cambio, Zero Dark Thirty ha sido duramente acusada tanto por partidarios como detractores del presidente Barack Obama debido a su manejo de información confidencial sobre la captura de Osama Bin Laden (presuntamente suministrada por fuentes gubernamentales) y, sobre todo, sus escenas de torturas cometidas por agentes estadounidenses. “La gente no aplaude al final de Zero Dark Thirty. El filme de Kathryn Bigelow tiene un final ambiguo y exige una toma de postura por parte del espectador. Las controversias han asesinado sus posibilidades en el Oscar. En cambio, Argo y Lincoln son películas de Hollywood: te sientes emocionado cuando termina la función”, concluyó David Poland, especialista del portal estadounidense Moviecitynews.com. Habría que agregar que los acontecimientos relacionados con Osama Bin Laden son tan recientes que se hacen candentes.

En Lincoln, la académica estadounidense Kate Masur cuestionó, en un editorial en The New York Times, la minimización del papel jugado por políticos negros como Frederick Douglass en la abolición de la esclavitud. No es la primera vez que Steven Spielberg recibe aguijonazos por manipular los hechos históricos: un panal de abejas le cayó encima, por ejemplo, con Munich (2005).

Los cineastas pueden recurrir a nombres ficticios y la fórmula de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, como ha hecho Paul Thomas Anderson en Petróleo sangriento (2007) y The Master, que alude abiertamente a la cienciología (cambiada a “la Causa”). Sin embargo, cuando falta el letrerito de “inspirada en hechos reales” quizás a los espectadores (y a los votantes del Oscar) no se les sube la bilirrubina.