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La última aparición pública de Simón Díaz fue para alzar el Grammy

Simón Díaz en la celebración de los premios Grammy 2008 | EFE

Simón Díaz en la celebración de los premios Grammy 2008 | EFE

En 2008, recibió de manos de Oscar D’León el Premio del Consejo Directivo de la Academia Latina de la Grabación, en una emotiva ceremonia que se celebró en Houston. El cantante, acompañado por su esposa e hija, regaló unas coplas a la audiencia. El Nacional estuvo en esta presentación

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Simón Díaz hace y deshace a su antojo, con su simpatía, humildad y carisma. Lo ha hecho siempre, desde sus inicios musicales hace más de cuatro décadas. Se ha metido a todo el mundo en el bolsillo. Lo llaman el grande, lo llaman el tío. Puro cariño. Se lo ha ganado a pulso, porque nadie como él ha sabido ser un exportador de la venezolanidad.

Su júbilo, que se mantiene impertérrito a pesar de que la memoria le juega una mala pasada a sus 80 años de edad, contagia a quienes lo rodean. El 12 de noviembre de 2008 lo hizo de nuevo, se robó los corazones de un centenar de personas que lo vieron subirse a la tarima de un salón del Hobby Center for the Performing Arts, en Houston, para recibir un Grammy Honorífico: el Premio del Consejo Directivo de la Academia Latina de la Grabación.

La expectativa fue grande debido a que el maestro de las tonadas tenía cerca de tres años sin aparecer en los medios de comunicación. Antes de la ceremonia, se le vio en la alfombra roja. Fue casi fugaz. No dio declaraciones, como sí lo hicieron los otros homenajeados: Cheo Feliciano, Vikki Carr, Ángelica María, Estela Raval, Larry Harlow y Juanito Márquez; pero su paso acompasado fue más que suficiente para estremecer de alegría a los coterráneos del artista y al grupo de periodistas latinos que fueron testigos de uno de los actos más importantes en la vida del artista oriundo de Barbacoas: la consagración de una carrera dedicada a la música.

El Tío Simón no llevó el tricolor nacional ni tampoco su fiel cuatro para representar a Venezuela. No lo necesitó. Vistió liquiliqui blanco y zapatos negros, que lo hicieron sobresalir de la opulencia de los trajes de frac o las pajarillas.

Mientras entraban en el pequeño y oscuro auditorio, muchos de los espectadores alargaban sus cuellos para ver dónde las personas de protocolo habían colocado a Díaz. Él se sentó en primera fila, al lado de su compañera de vida, Betty de Díaz, que a su vez estuvo codo a codo con otro orgullo venezolano: el sonero del mundo, Oscar D’León.

El público se acercaba para tomarle fotos y decirle palabras al oído, él –a veces un poco abstraído – les estrechaba la mano y les regalaba una cálida sonrisa. Díaz fue el primero en recibir el homenaje (animado por el presidente de la academia, Gabriel Abaroa), que transcurrió en un ambiente informal y de camaradería, entre palabras en inglés y otras tantas en español.

El cantante de salsa venezolano –ataviado con una chaqueta azul y pañuelo rosado– tuvo la responsabilidad de entregarle el gramófono al compositor de "Caballo viejo".

"Este reconocimiento me enorgullece. Los venezolanos amamos a Simón Díaz. Es un gran compositor, cantante, actor. Nos ha enseñado cómo desenvolvernos cuando hay talento", expreso D’León. Segundos después, un coro de estudiantes de música de la Universidad de Houston interpretó algunas estrofas de "Mi querencia" y "Caballo viejo", acto que terminó con la transmisión de un emotivo video que mostró una semblanza de la trayectoria del cantautor.

Cuando el maestro de la tonada se subió a la tarima, en compañía de su esposa, recibió efusivos aplausos de la audiencia, que no tardó en ponerse de pie en el momento que espontáneamente Díaz, antes de recibir el premio, se paró en el medio del escenario e improvisó unas coplas. "Estoy aquí con todos ustedes. Ustedes están oyendo con cariño y emoción a este viejito que se llama tío Simón".

Betty de Díaz siguió al estrado, donde estaba parado Oscar D’León para decir unas palabras de agradecimiento por el premio otorgado a su esposo. Emocionada, no pudo evitar que las lágrimas. "Este es un gran reconocimiento. Estamos emocionados en nombre de Venezuela", señaló.

Mientras tanto, Simón Díaz, como si fuese un niño pequeño, no quería abandonar el centro de la tarima. Sin micrófono, sólo proyectando la voz, creó otras coplas, en las que mencionó a su hija Bettsimar Díaz y especialmente a su esposa, cuando ella le llevó el gramófono. "Le acepto que ella me lo traiga como una gracia hermosa, pero en vez de tenerlo yo, se lo doy a mi esposa", dijo el cantante.

Su ingenio, su creatividad y sencillez cautivaron a los asistentes que reían con sus frases, que celebraban su legado, al hombre que ha hecho que el nombre de Venezuela trascienda las fronteras. Y con él, su gente, su música, sus tradiciones.