• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Un amor halla el equilibrio entre las diferencias

La Pájara Pinta y el Pájaro Loco | Cortesía Ricardo Portier

La Pájara Pinta y el Pájaro Loco | Cortesía Ricardo Portier

La Pájara Pinta y el Pájaro Loco fusiona la tradición con la tecnología para hablar de tolerancia

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En una plaza se encuentran dos coloridas aves. Interactúan en una escenografía que se asemeja al cuento que se lee antes de dormir. Al comienzo, sus concepciones de la vida los separan; pero aprenderán a respetar su manera de pensar, su identidad, para ser felices en la convivencia.

Rescatar el valor de la tolerancia es el principal objetivo del actor Ricardo Nortier con La Pájara Pinta y el Pájaro Loco, pieza que escribió y que también dirige. El montaje se estrenará mañana en el Teatro Premium de Los Naranjos y se mantendrá en cartelera hasta abril.

Jonell Páez, Idanis Infante y Ricardo Sánchez son quienes protagonizan la historia. Llevan puestas máscaras –inspirados en la comedia del arte– para experimentar sus enredos, hilados por melodías que fusionan los ritmos tradicionales venezolanos con géneros urbanos, como el reguetón. Las ocho canciones que se escuchan en el musical son originales de Enrique Bravo y fueron creadas para el montaje, así como el vestuario diseñado por Joaquín Nandez y la escenografía de Jesús Barrios.

“La situación que vivimos me inspiró. Necesitamos un lugar de encuentro. Es un mensaje que quería dar a los niños desde la metáfora, la poesía. Si bien es una obra para los hijos, también es importante que la escuchen los padres”, asegura Nortier.

 

Respetar al otro. Colores que estallan en la mirada, nidos construidos con caucho y cabuya, vistosos trajes que llaman la atención del espectador. Todos estos elementos forman parte de la obra que cuenta en menos de una hora la historia de la Pájara Pinta –que representa las tradiciones, el folklore– y su relación con el Pájaro Loco –que encarna el desarrollo voraz de la tecnología– en un mundo que los necesita a los dos. Hallarán el amor una vez que reconozcan ese equilibrio necesario para la vida y hasta formarán, al final, una familia mestiza.

No es la primera obra que Nortier escribe para los más pequeños. Antes había presentado Jugando en tierra de gigantes, Yo quiero ser Harry Potter, Un ángel cayó en mi sopa y Trivilín, el negrito de la sabana. Para el director lo más importante es no subestimar a los niños. Hay que darles una visión del mundo en libertad –afirma– en la que puedan descubrir por sí mismos realidades y valores con los que interpretar a la humanidad. “Antes pensaba que el teatro era como una especie de lugar en el que los niños podían entretenerse y aprender. Pero hoy en día creo que es más una alternativa saludable para toda la familia, para que se desconecten de ese mundo de Internet. Es el encuentro social alrededor de un cuento”.

Sin embargo, considera que en la actualidad esa conexión se ve entorpecida por la falta de dramaturgia: “Existe una búsqueda que es una copia de aquellos elementos que son considerados éxito, como las historias de Disney. Es necesario que se hable del mundo de acá, las historias tienen que llegar más cerca de la realidad de nuestros niños. Infelizmente siento que se apuesta a la figura de televisión vestida de princesa o príncipe y se convierte en una especie de mercado. Creo que es un error porque se pierde esa parte del teatro que es educar”.