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Miguel Issa: “No tenemos quien pueda asumir la figura de Nebrada”

Miguel Issa, el coordinador general estratégico del complejo cultural de Los Caobos / Manuel Sardá

Miguel Issa, el coordinador general estratégico del complejo cultural de Los Caobos / Manuel Sardá

El coordinador general estratégico del complejo cultural de Los Caobos afirma que la programación de la institución ha mermado y quiere atraer nuevos patrocinantes para extender las temporadas

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La Candelaria, Propatria y El Paraíso son zonas familiares para él. Licenciado en Artes de la Universidad Central de Venezuela, Miguel Issa ha dedicado sus años a la escena y a la docencia. Formó parte de Aktion Kolectiva, dirigida por Julie Barnsley, y hace 17 años fundó, junto con el bailarín Leyson Ponce, la compañía Dramaturgia en Movimiento.

Además de ser el vicerrector de Poder Popular de la Universidad Nacional Experimental de las Artes, desde hace dos años se desempeña como coordinador general estratégico de la Fundación Teatro Teresa Carreño, desde donde gestiona lo relacionado con la programación, promoción y difusión del arte, junto con la documentación e investigación. “Son muchas cosas mezcladas”, dice.

En una de las plazas del complejo artístico desde la que se escucha practicar a un trompetista, con el sol colado entre los árboles, Issa habla sobre el futuro de una de las instituciones que alguna vez recibió a grandes artistas, pero que ahora tiene señales de deterioro. Sus salas también son utilizadas para actos proselitistas, mientras algunos músicos han pasado a presentarse en terrazas de centros comerciales y canchas universitarias.

—¿Cómo ha sido su línea de gestión durante estos dos años y cuáles son sus futuros proyectos?

—Lo primero era entender el teatro. Para el momento de nuestra llegada había mermado un poco la programación y nos tocó reimpulsarlo. Fue un gran esfuerzo que se hizo, logramos captar nuevamente a empresarios y proyectos. Yo parto del principio de que lo que se ofrezca sea de altísima calidad, que tengamos el honor de presentar a nuestros artistas consagrados y los que están empezando. Son muchas las cosas que se pueden hacer, no solamente con la programación de la sala, sino con los espacios externos. Queremos rescatar el legado de Teresa Carreño, así que nos proponemos organizar para el próximo año una exhibición con sus vestuarios. Estamos afinando los motores para 2013, cuando se cumplen 30 años del complejo cultural.

—¿Por qué ha disminuido la programación del teatro?

—No es fácil llevar una institución como ésta porque son muchos los factores que influyen. Abrir esta sala es muy costoso. Fueron momentos circunstanciales que las autoridades anteriores llevaron a su manera, no me gusta caer en la crítica. Las épocas cambian. En los años ochenta hubo un esplendor, los patrocinantes invertían y se creaban largas temporadas de ópera y ballet, la idea es volver a eso. Pero el camino se recorre poco a poco.

—¿Es un tema de presupuesto y de cambios en las directivas?

—Presupuesto hay. Sí ha existido. Y muestra es lo que hemos hecho estos dos años. Se produjo una Tosca de altísimo nivel, tuvimos cinco temporadas del ballet, la compañía viajó a Italia y también al interior del país. El recurso existe, hay que saber cómo utilizarlo y estirarlo. Uno nunca sabe cuánto va a estar en el cargo. A veces te cambian las autoridades, desde el ministerio se decide y uno lo acata. Yo veo esto como un entrenamiento en el que se me brinda la oportunidad para dar lo mejor de mí, como artista y gerente.

—Pero si hay presupuesto, como usted dice, ¿por qué no se organizan las temporadas?

—Porque los costos son más elevados. También se ha realizado un trabajo de reparación de la infraestructura. Se reparó el área de camerino, de los talleres, se han recuperado las butacas, el escenario. Pero hay voluntad de activar la programación. Siempre uno necesita más dinero para lograrlo. Cuando invitamos a creadores para hacer una ópera, ellos han entendido por qué no se les paga lo que se merecen.

—¿Cree que el Ballet Teresa Carreño sigue teniendo el reconocimiento internacional de otros tiempos?

—No, y es parte de esa baja de la que hablábamos. Las razones exactas no las sé. Cuando llegué contrataron a Cristina Fungariño, que fue bailarina del Ballet Teresa Carreño. Ella es una persona obsesiva y determinó que se necesitaba una fortaleza técnica, por lo que buscó a los maestros para poner a valer a los muchachos. A veces depende de las generaciones de bailarines que se están formando y hubo un momento en que esa formación también mermó. Las mujeres pueden comenzar muy niñas, pero no está el espacio –culturalmente hablando– para que los hombres empiecen desde pequeños y tienen que trabajar el triple. Es como la misma vida, como las relaciones, como las instituciones que a veces a los diez años hay que revisarlas a ver cómo están.

—Influye también el hecho de que no haya un director artístico como en la época de Vicente Nebrada, que también era coreógrafo...

—Para mí la directora artística en este momento es Cristina Fungariño. Sin ánimos de ofender, no tenemos a alguien que pueda asumir la figura de Nebrada. No tenemos un director artístico permanente, pero sí invitados que nos dan su orientación según las potencialidades del cuerpo de baile. La idea es ver cómo orgánicamente podemos ir buscando un cuerpo colegiado artístico, hasta que eso depure a lo mejor en un director.

—Pero no hay una sola guía artística. ¿Cómo influye esto en el grupo?

—El momento que Nebrada vivió se le dieron las oportunidades, esas cosas que suceden mágicamente. Pero siento que eso sí existe con Cristina, porque ella es la que ha determinado qué tipo de repertorio, qué elenco y cómo.

—¿Cómo piensa combinar la programación con el uso de las salas para actos oficiales?

—Este año ha sido muy difícil porque es de elecciones, pero las instituciones del Estado saben que tienen dos días a la semana para cualquier acto que ellos requieran: lunes y martes. No es fácil. Esto ha sido un aprendizaje. Uno tiene que entender las dinámicas. Lo que se trata es de enaltecer el espacio para lo artístico. Ese es mi objetivo. No me preguntes más al respecto, por favor.

Siguen faltando espacios

Miguel Issa considera que no sólo hay inclusión en la danza, sino muchas otras cosas. Menciona el aumento de jóvenes que desean ingresar en Unearte –“hay 8.000 estudiantes en espera”, dice– y la estabilización de instituciones como la Compañía Nacional de Danza, con sus dos elencos; la Compañía

Universitaria y el Ballet Nuevo Mundo, que pueden integrar en una nómina a los bailarines y a los recién egresados de las escuelas de ballet.
Sin embargo, para los artistas independientes contar con una seguridad económica es aún un futuro lejano. Hecho que se suma a su principal necesidad: lugares para ensayar. “Si hubiese más espacios y tuviéramos recursos con los que pudiéramos garantizar un determinado proyecto, se ofrecería trabajo, al menos por un tiempo. Talento sobra, en las artes somos muy versátiles. Pero hace falta crear el espacio para que los jóvenes puedan ejercer su oficio. No hay suficientes para la demanda. Desde donde yo estoy, humildemente, ofrezco estas salas para quien las quiera solicitar”.