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El actor que todos quieren: Jeremy Renner

El actor Jeremy Renner / REUTERS

El actor Jeremy Renner / REUTERS

No muchos actores aparecen en un video de Pink y al poco tiempo reciben dos nominaciones al Oscar; conocé al intérprete de ascenso meteórico en Hollywood

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Wlliam mira a su hijo a los ojos y le dice una verdad (o su verdad, a fin de cuentas) sincera pero dolorosa: "Mientras más crezcas, vas a encontrar cada vez menos cosas que realmente ames. Y cuando llegues a mi edad, quizás solo queden dos, o una. Para mí, creo que es una". William es el personaje que interpreta Jeremy Renner en Vivir al límite, la película de Kathryn Bigelow ganadora del Oscar , por la cual el actor recibió su primera nominación a la estatuilla dorada y a partir de la cual comenzó a posicionarse en Hollywood a una edad que, para muchos otros actores, equivale al ocaso profesional.

La mencionada escena define a Renner por dos razones. En primer lugar, porque es parte del film que efectivamente le dio el merecido reconocimiento. En segundo lugar, porque sintetiza lo que hace en todas y cada una de sus interpretaciones, sin que eso sea un rasgo de repetición. Renner llega al espectador mediante la verdad a la hora de transmitir las cosas (ya sea con lo que le dice a su hijo en palabras como con el modo en el que lo observa), y esa verdad parece no encontrar mejor vehículo para conmover que la visceralidad. Porque Jeremy Renner es visceralidad pura.

Puede resultar extraño que hoy, repasando sus inicios, encontremos esa misma aspereza en un video de Pink ("Trouble", para ser más exactos), pero siempre fue así. Incluso pagando derecho de piso ya sabía lo que estaba haciendo, incluso cuando él creía no tener la confianza suficiente como para triunfar en Hollywood (para él, triunfar es sinónimo de "vean lo que hago" más que de "soy una estrella", aunque paradójicamente hoy lo sea).

Lo contó en una entrevista, cuando aseguró que para conseguir papeles vivía solo a base de donas y que pocas veces tenía luz en su departamento. ¿Otra hipérbole de esas que inventan los actores para que el éxito se asemeje a un cuento de hadas? Puede ser, pero en su caso por alguna razón todo suena mucho más creíble.

"De lo que más aprendí fue de los castings - contó -, porque ahí me di cuenta de que si no te eligen no es porque no tenés talento sino por muchos otros factores. Una vez me echaron de un set solo porque al director no le gustaba que yo fuera rubio". Sin quererlo, Renner se convirtió en un prototipo de actor al que vemos bastante seguido: el secundario que brilla a medias, no lo suficiente como para ser reconocido por su nombre pero sí lo suficiente como para ser reconocido por su breve pero intensa participación.

El intérprete de reparto que funciona como soporte. Pero Renner nunca quiso conformarse con eso y tomó un papel (para quien les escribe) decisivo en su carrera y lo hizo estallar. El papel fue el de Bobby Sharp en Tierra fría. En la película de Niki Caro, Renner interpretó al problemático ex novio de Charlize Theron y lo hizo con una contundencia inolvidable. No hay manera de no sentirse extrañamente perturbado por las escenas en las que aparece. Lo mismo sucedería en El asesinato de Jesse James (aunque ligeramente opacado por Casey Affleck) y lo mismo, ya a gran escala, sucedería en el film de Kathryn Bigelow.
Combo explosivo

"Bigelow ve todo con los ojos", declaró Renner al momento de presentar Vivir al límite, su primer (gran) protagónico. Su frase puede ser una obviedad, pero el actor aludía a cómo el talento de la realizadora iba más allá de su género, que lo suyo era una cuestión meramente instintiva, observadora. La de una verdadera cineasta.

"La idea de la guerra le fascina, es algo que sucede en el mundo y que está tratando de entender. Lo suyo fue pura técnica, puro dominio", agregó Renner en relación a la experiencia de trabajar junto a ella en ese episódico y fascinante largometraje sobre un comando que desactiva explosivos en Irak. El actor que en su momento había dicho que era "bueno trabajar, pero mejor aún que mucha gente vea ese trabajo" había conseguido justamente eso: estar en el ojo del huracán.

Su reacción, sentado junto a Bigelow y su colega Anthony Mackie en el Today Show, al ver cómo anunciaban su primera nominación al Oscar era la de alguien que parecía querer gritar "Al fin lo logré". Renner no dijo precisamente eso, pero sí algo similar: "Tengo que ir a romper algo". Debió haber experimentando lo mismo cuando, tan solo dos años después, volvió a ser nominado (esta vez en la categoría de reparto) por su magnética actuación en Atracción peligrosa, la segunda película de Ben Affleck.

Esa película que le pertenece enteramente a Renner, más allá del propio Affleck, más allá de Jon Hamm, más allá (incluso) del recordado Pete Postlethwaite. Con un puñado de escenas, el actor deja su marca, con esa combinación de verdad y visceralidad que mencionaba al comienzo. Quienes hayan visto el film sabrán que sus diálogos con Affleck contienen una potencia/violencia pocas veces vista.

¿Qué vino después de esa segunda nominación al Oscar? Casi todo. Si Renner buscaba que el público viera lo que hacía, Misión: imposible - Protocolo fantasma , Los vengadores y, sobre todo, El legado Bourne conformaron el combo explosivo para conseguirlo. Pero, ¿qué hace ahora cuando no está demasiado ocupado siendo una celebridad? Por un lado, resguardando su privacidad ("aunque hablen cosas ciertas sobre mi vida privada, sigue siendo mi vida privada; no creo que a nadie le guste que espíe sus ventanas, tome su ropa interior y la muestre por todo el vecindario", dijo una vez); y, por el otro, renovando inmuebles.

Renner, junto a su amigo Kristoffer Winters, arregla, construye, soluciona problemas de casas ajenas. "Son una de las pocas cosas que van a seguir existiendo aunque todo lo demás desaparezca. Me gusta crearlas, disfruto haciéndolo". Esto lo dice el hombre que hoy, a los 41 años, vive en la casa que una vez le perteneció nada menos que al gran realizador Preston Sturges. Y sí, no caben dudas. Jeremy Renner ama al cine tanto como el cine lo ama a él.