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World war Z: Zombies, acción y virus, al servicio de Brad Pitt

World War Z / EFE

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La mezcla de lucha contra los zombies con la búsqueda de una solución da como resultado una historia desdoblada en la que cada una de las partes pierde peso específico

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Los zombies están de moda y los estudios de Hollywood no se pierden una posibilidad de taquillazo fácil. Si a eso se unen unas dosis de catástrofe mundial y una estrella como Brad Pitt el éxito de World War Z está servido, aunque sea a costa de utilizar un tópico detrás de otro.

Basada en una novela de Max Brooks, World War Z mezcla historias de virus, tipo Contagion, de Steven Soderbergh, con las más clásicas de zombies, para ofrecer una lucha mundial contra los millones de seres humanos que se convierten en zombies por obra y gracia de un virus que no se sabe de dónde ha salido.

El mundo está en peligro y el peso de la salvación recae en los hombros de un antiguo miembro de la ONU con mucha experiencia en misiones peligrosas, Gerry Lane (Pitt) y con conocimientos científicos al nivel de un Nobel.

Forster, con una carrera como director bastante irregular, que incluye Monster's Ball, Stranger than fiction o Quantum of Solace, se ha dejado convencer para centrarse en la taquilla y olvidarse de cualquier ambición artística.

Solo destaca la secuencia inicial, cuando aparecen por primera vez los zombies y el pánico se apodera de Filadelfia, rodada con tensión y eficacia, que promete una acción vertiginosa que no se cumple en el resto del metraje.

La mezcla de lucha contra los zombies con la búsqueda de una solución da como resultado una historia desdoblada en la que cada una de las partes pierde peso específico.

Y aunque bien rodada y con algunas escenas espectaculares, da la sensación de que Pitt se pasea por el mundo en lugar de ir a la búsqueda de una solución que lo salve de la destrucción.

La introducción de Israel como isla no infectada -muestra de su supremo egoísmo- es un elemento que tampoco funciona y el hecho de que el protagonista salte de Estados Unidos a Corea o Irlanda en una fracción de segundo añade más ruta turística que profundidad dramática a la historia.

Si se obvian todos esos tópicos de familias, naciones y héroes, la película puede resultar entretenida para una tarde aburrida de domingo, pero desde luego no están justificados los 190 millones de dólares que ha costado su producción.

Pese a todo, la película está funcionando en la taquilla de los países en los que se ha estrenado, que era su único objetivo.