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Zhandra Rodríguez: Hay disposición a buscar la solución, pero hace falta paciencia

Zhandra Rodríguez, directora del Ballet Nuevo Mundo /  Leonardo Guzmán

Zhandra Rodríguez, directora del Ballet Nuevo Mundo / Leonardo Guzmán

La directora del Ballet Nuevo Mundo asegura que dos de sus bailarines no se fueron por problemas económicos. Agrega que los teatros restaurados aún no cuentan con las condiciones técnicas necesarias

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Zhandra Rodríguez gesticula como si todo se tratara de una danza. Es a veces felina herida a la que le han quitado uno de sus cachorros y otras una niña coqueta que se divierte con el flash de una cámara. Lleva los párpados y los pómulos maquillados, el cabello muy corto y una camisa roja que combina con sus botines.

Su hogar está lleno de recuerdos, de cuadros y adornos. Recuerda con detalle cómo trasladó el juego de recibo hecho de roble desde un remoto país hasta la sala de su apartamento en Parque Central, que se ubica sobre el caos y desde el que observa el Teatro Teresa Carreño.

La compañía de ballet de la que fue primera bailarina y es directora artística desde su fundación atraviesa por una crisis que la ha obligado a suspender por primera vez un espectáculo. El problema: la falta de presupuesto, que ha impedido el pago de sueldos. Se molesta si se le menciona el tema, pero luego reflexiona y dice que espera una solución.

—¿Qué evaluación hace de los 32 años del Ballet Nuevo Mundo?

—Ha tenido altos y bajos muchas veces. Nos convertimos en un ejemplo dentro de América Latina, eso está escrito. Ocupamos un lugar importante por nuestra forma innovadora de ver la danza. El legado –mío sobre todo porque yo era la primera bailarina del ballet– es novedoso. Muchas compañías en el exterior adoptaron formas nuestras.

—¿Qué proyectos tiene el ballet?

—Ahora lo que estamos haciendo es… Dije que hablaré cuando se resuelva la situación, no antes.

—¿Por qué? ¿Cuál es exactamente la situación por la que atraviesa el ballet?

—Necesita consolidación.

—¿A qué se refiere?

—Reconocimiento por parte del Estado. Está en vías de eso, parece… Pero tú sabes.

—¿Qué cosa?

—Que no se ha cristalizado todavía. Me consta que hay buenas intenciones, que están preocupados y van a hacer todo lo posible por arreglar la situación.

—¿Entonces habla de una crisis en la compañía?

—Hay una crisis. Es evidente. ¿No cancelamos dos veces las funciones en el Teatro Teresa Carreño? Primera vez en toda mi trayectoria profesional. Yo tengo 65 años cumplidos, menos 15, ¿cuánto es? En 50 años de trayectoria profesional nunca cancelé un espectáculo. Y como directora y codirectora tengo 38 años. Jamás había pasado esto.

—¿Y qué opina al respecto?

—Es penoso. Nada. Yo soy experta en soportar lo insoportable. Con los años aprendí eso. Sé que hay disposición a buscar la solución, pero hace falta paciencia.

—Se ha publicado que dos integrantes de la compañía renunciaron por la crisis. ¿Es cierto?

—No. Se fueron antes. ¿Cómo paro yo a un primer bailarín de la talla de Yosvani Cortellán? Yo lo adoro. Y toda mi vida lo amaré. Él se casó con una bailarina mía y tuvieron un hijo. Entonces, lo invitaron a unas funciones en el exterior. ¿Cómo haces tú con un bailarín de esa talla que le van a pagar 10.000 dólares al mes más todos los gastos? No se compara. Por allá le pidieron que se quedara un tiempo más y llamó todo apenado. Hasta lloró. No se quería ir. Y, por supuesto, su esposa lo siguió. Pero no fue por la situación, porque en ese momento nosotros estábamos al día con ellos.

—¿Desde cuándo no reciben su sueldo?

—Desde el 15 de noviembre. Tampoco han recibido sus tickets de alimentación desde mayo, ni prestaciones ni vacaciones.

—¿Cree, entonces, que en el país no se reconoce el trabajo del bailarín?

—Claro que se reconoce. El Gobierno lo hace, especialmente el ministro de Cultura.

—Pero no están dadas las condiciones para que se desarrolle…

—Si no se garantiza la estabilidad, no creo. Pero pienso que sí se logrará. Y hay que preparar a las generaciones que están surgiendo en las escuelas y grupos.

—¿En qué estatus está el Programa Integral de Danza para las Escuelas Bolivarianas?

—Se ha dado un enorme impulso a este arte, que en nuestro caso se refiere a las danzas tradicionales, populares e indígenas. Nosotros rescatamos y universalizamos más de 400 danzas. Yo decido formar parte de este programa porque tenía una gran amistad con Hugo Rafael Chávez Frías. Cuando él estaba en campaña lo acompañé varias veces y tuvimos la oportunidad de conversar. Y yo hacía eso mismo en el exterior, era obligatorio en toda Europa y en Estados Unidos. Yo venía con esa experiencia y quería hacer lo mismo aquí. Me pidió que le escribiera el proyecto, lo hice y se lo entregué en sus manos. Tuve que hacerlo como dos o tres veces porque se le olvidaba o qué sé yo. Hasta que por fin se dio.

—¿Le ha hecho seguimiento?

—Cuando se atrasa el presupuesto, que es casi siempre, los facilitadores buscan otro trabajo y todo se cae. Hay que conseguir otros, pero si no hay sueldo cómo se puede contratar. Eso ha pasado siempre, menos en las escuelas bolivarianas, porque ahí están los docentes. Pero hubo un recorte presupuestario y eso afecta porque uno tiene que trasladarse con todo el equipo. Ahora hay que llevar la programación que nos pidió el Ministerio de Cultura de los teatros restaurados. La restauración es una cosa, el equipamiento es otra.

—¿Y se han dado ambas cosas?

—No. El mismo Teresa Carreño no está equipado. Nosotros cuando nos presentamos allá llevamos prácticamente todo el equipo. Ese teatro estaba full equipado y… No sé. Pero la iluminación no es la misma que había antes. El sonido creo que lo compraron nuevo, no sé. Pero sí sé que llevamos algunas cornetas nuestras.

—¿Sucede lo mismo en los otros teatros?

—El Teatro Principal no está equipado. El Teatro de Catia no está equipado. Creo que al Municipal se lo están comiendo las termitas.

—Es una restauración a medias…

—Es que eso toma tiempo. Hay que tener los respectivos presupuestos. Y si el Gobierno no sabe, ¡cómo los va a dar!

—¿Cree que no sabe?

—Claro que no.

—¿Por qué?

—Porque ya los hubiera dado. ¡Eso es obvio!

—Entonces, ¿aún hace falta trabajo?

—Todo está en proceso. Y, bueno, hay que esperar y tener paciencia.

Los 210 segundos de la artista

La primera bailarina de Venezuela y del American Ballet Theatre, que recorrió el mundo y acumuló éxitos, dijo que volvería a bailar un minuto para la celebración de los 25 años del Ballet Nuevo Mundo. Y lo hizo. Pero no fueron 60 segundos. La artista que en su juventud danzó innumerables obras estuvo en escena tres minutos y medio para el final de Carmen, que alargó. “Fue como si nunca me hubiera ido”, dice pendiente del trabajo del fotógrafo porque quiere fumar. “Claro que le imprimí mucha potencia, porque yo sabía que el público estaba esperando”.

A pesar de que comenzó en la danza clásica y neoclásica, la directora señala que ahora prefiere los movimientos contemporáneos, sobre todo los de estilo europeo. “Es más interesante porque se sale del esquema rígido del academicismo. El ballet clásico es la nostalgia. Pero en lo contemporáneo nunca está dicho todo. En el otro no, tú no te puedes salir de esos códigos corporales”, dice y arquea los brazos, ondea la pelvis y yergue el cuello.