• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Yolanda Pantin: La reacción más radical ante el populismo literario es la poesía cerrada

“Hemos perdido pedazos de alma y de nuestro ser creativo y se los entregamos a los populistas nacionalistas”, sostuvo Pantin | Foto: William Dumont

“Hemos perdido pedazos de alma y de nuestro ser creativo y se los entregamos a los populistas nacionalistas”, sostuvo Pantin | Foto: William Dumont

La autora considera que el lugar del poeta es el rincón, porque solo desde el margen puede enfrentarse al poder, que es justamente la posición fundamental del ejercicio intelectual

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El 2 de mayo de 2004, Yolanda Pantin publicó en las páginas de El Nacional una dolorosa reacción ante la negativa inicial del gobierno de Hugo Chávez a convocar el referéndum revocatorio, que luego de negociaciones en las que intervino el Centro Carter terminó realizándose en agosto de ese año. La autora de Poemas huérfanos (2002) denunciaba que habían sido desconocidas en el Consejo Nacional Electoral miles de firmas que pedían la renuncia del entonces presidente. “No somos nada, no tenemos derecho a nada pero somos las víctimas, somos más de 300.000 personas escogidas al azar”, escribió en el texto, en el que más adelante afirmó: “No seré nada, pero puedo dar mi testimonio”.

Aquella frase era hace una década su posición de intelectual ante un gobierno autoritario: asumía entonces que los escritores estaban para mostrar lo visto, para evidenciar la injusticia. Pero en los años que transcurrieron desde esa fecha hasta ahora cambió esa postura combativa. “Ahora prefiero la defensa del mundo interior”, dice y añade que dentro de su casa, dentro de su cabeza “no se podrán meter”; luego cita de memoria un verso de quien fue uno de los poetas alemanes más importantes antes y después del Tercer Reich, Gottfried Benn, que dice: “En esta casa no se puede entrar/ en esta casa hay que haber nacido”.

Ha sido punzante el cambio que se operó estos años en Pantin, quien representará a Venezuela en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara que comienza el sábado junto con Carlos Sandoval y Norberto José Olivar. Y este es consecuencia de que durante más de dos lustros se ha venido concretando la intervención del chavismo en todos los órdenes de la vida nacional y la concentración de la totalidad de los poderes estatales en los miembros del Partido Socialista Unido de Venezuela. El proceso político ha venido acompañado de una intensa discusión sobre el papel de la cultura en el país, durante el cual se han enfrentado los poetas como ella –“esos que contradicen al rey de la fiesta”– a los partidarios del “populismo literario”, término que acuña combinando las investigaciones del teórico sureño Ernesto Laclau sobre el neopopulismo con un episodio de las memorias Tierra, Tierra de Sandor Márai, que para la escritora define la adhesión de las personas a los gobiernos totalitarios. El escritor húngaro cuenta que un tío, para explicarle por qué se adhería al fascismo, le dijo en un almuerzo, medio borracho: “Yo no tengo talento, así que necesito el nacionalsocialismo (...) Tú no puedes comprenderlo —repitió de manera mecánica y se golpeó el pecho—. Ahora se trata de nosotros, de los que no tenemos talento (...) ¡Esta es nuestra oportunidad!”.

Con populismo literario, la autora de Hueso pélvico (2002) se refiere al facilismo de cierta corriente letrada del país de plegarse ciegamente al chavismo, aprovechando la hegemonía del pensamiento único del gobierno para difundir su obra.

¿La valoración de la tradición podría ser también una manera de resistir frente a la hegemonía del "populismo literario"?

—Creo en una literatura local de raigambre y de fuerza, pero a la vez me parece difícil convertir eso en algo universal. Eso solo lo pueden hacer los grandes escritores. Por fin en el país estamos valorando nuestra tradición literaria, estamos leyéndonos y hay un movimiento letrado impulsado por escritores jóvenes con proyectos interesantes, así como editoriales que están apostando por la literatura. Y todo esto está ocurriendo en este momento en el que estamos anclados, detenidos. Por eso creo que aunque nos quiten todo será difícil que nos arrebaten la voz. Porque intentarán quitarnos todo, pero no nuestra memoria: ¿cómo nos van a quitar la tradición literaria?, ¿la nacionalidad?, ¿el lugar donde están enterrados mis muertos? Eso no lo van a poder hacer.

—Sí, pero se están reduciendo los espacios para el trabajo de los autores que se encuentran fuera del circuito oficialista y publicar en el exterior puede fortalecer la literatura de resistencia.

—Somos sobrevivientes y eso nos da fuerza. Terminarán por escucharnos, porque esto se trata de dignidad personal. Mantener distancia con el poder es, justamente, la posición natural de un intelectual. Ya vendrá nuestro momento. Soy tan optimista que he llegado a pensar que esto que nos pasó fue bueno para que nos diéramos cuenta de que el lugar del poeta es el rincón, porque somos los aguafiestas. Esto me puso al margen y desde allí puedo hacer y pensar, con total libertad, lo que quiero.

—En un país marcado por la soberbia de muchos años de rentismo petrolero, donde todo se resolvía con “ta’barato”, esta posición de querer apartarse de todo es un ejercicio de humildad.

—¿Te parece? Esto es muy soberbio porque me contento en mi rincón. Pero tal es el lugar de los poetas. Esa lección la aprendí estos años y me hizo sentir una liberación muy grande. Los escritores damos testimonios y somos testigos, lo que me parece horroroso de lo que está pasando acá es la negación del testigo. Que uno venga a decir una cosa y te digan que eso no es así, y eso es lo que hemos vivido desde hace 15 años los venezolanos

—Por eso no parece casual que los académicos venezolanos estén revisando las teorías de los totalitarismos.
—Las líneas están muy claras. Por supuesto que no se trata de un calco de los totalitarismos del siglo XX, porque ahora hay otras herramientas y debido a la globalización el efecto de la propaganda es tremendamente poderoso. A mí nunca me interesó la política hasta ahora y lo que sé lo aprendí en estos 15 años, pero me tocó en un tablero de ajedrez muy duro.

—¿Es esta discusión la que es difícil de explicar a los europeos o estadounidenses de esta generación, que no entienden por qué los venezolanos están tan obsesionados con la política?

—Sí, porque de esta experiencia personal que es intransferible, porque es intangible, porque no se trata del testimonio de una persona que sufrió los campos de concentración o brutalidades físicas de las dictaduras que dejan marcas en el cuerpo, nosotros apenas podemos testimoniar una tela de araña. ¿Y cómo mostramos eso? Uno sabe de qué habla, pero eso no es válido afuera porque no tienen idea. En estos años hemos perdido pedazos de alma y de nuestro ser creativo, y se los entregamos a los populistas nacionalistas. Por eso, mi próximo poemario escapa de lo político y se ancla en lo más íntimo. La reacción radical ante el populismo literario es la poesía cerrada; decir, con dignidad, que uno tiene los lectores que tiene y que no aspira a llenar un estadio para que lo oigan y lo entiendan. Eso es la poesía, yo defiendo lo marginal y pequeño que tiene la poesía.
  
Dilema de narradores

Yolanda Pantin piensa que el dilema de la internacionalización de la literatura venezolana es uno que agobia más a los narradores que a los poetas, por el mismo talante del trabajo lírico y porque los poetas se conforman con un número limitado de lectores. “Cuando pasas años escribiendo una novela quieres que la gente la lea, pero allí entra el mercado editorial y no lo literario. Mira La escribana del viento de Ana Teresa Torres, una novela al nivel de cualquier parte del mundo pero su destino es Venezuela. Si fuera mexicana, su destino fuera internacional. Hay algo que nos mantiene en nuestro patio, aunque también le doy importancia a este lugar: es el patio aquello que te sostiene. Nuestros lectores son iguales a nosotros y nos entendemos, comparten nuestras preocupaciones y entienden qué arriesgamos”, indica.