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Wincho Schäfer: “Siento que he perdido mucho tiempo”

El bajista estrenó en 2014 el disco Otra realidad | MANUEL SARDÁ

El bajista estrenó en 2014 el disco Otra realidad | MANUEL SARDÁ

El artista regresó en enero a Venezuela, donde prevé continuar su proyecto en solitario. Vivió los últimos tres años en Brasil y Estados Unidos

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Se llama Ervin Schäfer, pero en el colegio ciertas cosas suelen trastocarse y en su caso fue el nombre: empezaron a decirle Wincho. Han pasado más de cuarenta años, décadas en las que ese mote se popularizó en el rock venezolano y hoy es referencia de bandas como Sentimiento Muerto o Atkinson. 

El derrotero no ha sido fácil. La concreción de sueños siempre se encuentra con circunstancias y decisiones no siempre acertadas, aunque los inicios –vistos ingenuamente en retrospectiva– vislumbraban un destino envidiable.

Formó parte de la vorágine de Sentimiento Muerto como bajista en los dos primeros discos, El amor ya no existe (1987) y Sin sombra no hay luz (1989), clásicos indiscutibles en la historia del género producidos por Fito Páez y Guillermo Carrasco, respectivamente.  Sin embargo, la juventud y el éxito tienen una relación que puede resultar tóxica y Schäfer no se sintió a gusto. Años después formó parte del proyecto PAN que lideró su entrañable amigo Carlos Eduardo Troconis, el famoso Cayayo, fallecido en 1999.

Luego tocó en Sur Carabela y Pepa, hasta que se convirtió el líder de Atkinson, grupo que tuvo una vida corta pero que dejó dos producciones referentes del rock de los últimos 10 años: La banda (2009) y Mota foca (2011). Fue además una agrupación que solía cuestionar lo que entonces le disgustaba. “Quizá en esa época había una actitud anestesiada, especialmente en el rock”, dice. 

Hace tres años emigró con su esposa a Brasil, donde publicó en redes su disco como solista Otra realidad (2014), triste y melancólico. El escritor Gustavo Valle lo describió como desconsolador y honesto. “Estaba dejando mi país y perdía la fe. Me fracturó en muchos aspectos mi vida, todo estaba colapsando: mi matrimonio, mi carrera como músico”. 

Antes de partir hizo muy pocas presentaciones de ese repertorio por diversas razones, una de ellas es que aún aprende cómo acompañarse con la guitarra. “Creo que en la adolescencia debí ser más curioso con este instrumento. También fui negligente cuando tuve que promocionar el álbum. Lo terminé cuando decidí irme del país a finales de 2013. Pasé junto con mi esposa diez meses en Brasil. Pensamos que las cosas se iban a dar, pero tenía una brecha por el idioma. Hay que tener contactos para abrirse paso en ese universo. Decidimos entonces mudarnos a Miami, especialmente por los chamos. Allá trabajé como mesonero en un restaurante francés”, cuenta el compositor de 48 años de edad. 

En enero regresó a Venezuela. Mientras prepara su segundo disco en solitario se reacostumbra al país que dejó. Los cambios han sido acelerados y se sienten en el entorno, en el bolsillo y en la mente. “Estoy terminando Amor de madre, un homenaje a mi mamá, que aún la tengo con vida. Mi vieja fue la primera que me impulsó, fue la que me dijo que tenía que estudiar si quería permanecer en el tiempo. Ella me inscribió en el Conservatorio de la Orquesta Nacional Juvenil en El Paraíso, a la vez que empezaba a tocar con Sentimiento Muerto”.

El disco está grabado y prevé sacarlo este año. Lo acompañaron Armando Añez (Recordatorio) y Carlos Mas (C+) en la guitarra, y Pablo Mora (Del Pez) en la batería. “Siento que he perdido mucho tiempo. Comencé a escribir canciones apenas hace diez años. Cuando toqué con Famasloop también me entusiasmé a componer”, señala el músico que actualmente da clases particulares de bajo e inglés. 

El mes pasado interpretó varias de sus canciones en el concierto de Ladosis en el Centro Cultural Chacao y tiene previsto tocar el 29 de julio en Vintage Stereo, en El Hatillo. “El público me hace falta, necesito compartir mi música. Es verdad que es un momento difícil para todo, pero hay que seguir”.