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Willy McKey: “La creación tiene en la violencia un insumo a desarrollar”

Rige al texto la metáfora del tiempo como elemento de inclusión, frente al espacio como exclusión

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Tratar de entrevistar a Willy McKey, autor del poemario interactivo Paisajeno, mientras intenta venderlo en un bar de Chacao, es como leer su libro: una experiencia fragmentada.

A cada momento se interrumpe, a sí mismo o a su interlocutor, o viene alguien a comprar y el autor saca cuentas –el precio del libro fluctúa según lo que cueste ese día el barril Brent, para evidenciar la vulnerabilidad de la economía venezolana–. Pero entre una cosa y otra, con el coro de los fanáticos del beisbol y el choque de las botellas de cerveza como fondo, quien lo escucha se entera de detalles que explican su obra, pues afirma que reúne tres condiciones que, aunque hubieran alejado a cualquiera de la intelectualidad, él utiliza como herramientas literarias: déficit de atención, aceleración patológica de la actividad psíquica e insomnio. Esas condiciones, asegura, crearon Paisajeno, una muestra de literatura posmoderna en la que los textos son narraciones, poemas y hasta un cómic, todos con resonancias musicales y audiovisuales en la dirección http://paisajeno.blogspot.com.

Lo que podría explicarse científicamente, sin embargo, también es una forma de insertarse en el paradigma literario propuesto por Agustín Fernández Mallo en Postpoesía (Anagrama, 2009), en el que la experiencia del lector trasciende lo que está escrito. “Nuestra literatura puede dejar de ser tan explicativa y empezar a generar sus referentes. El capital de donde se genera la literatura hoy en día también funciona así. Cuando uno se remite a un epígrafe o una canción es a partir de un libro o un álbum que existen y que no te pertenecen”, explica el autor.

Paisajeno se divide en 4 partes que hacen ficción y poesía del desarrollo de los primeros 30 años de la vida del escritor, incluso desde su concepción. El título no sólo se refiere a “país ajeno”, donde la nación no le pertenece al sujeto lírico, sino también a la negación del paisaje. “Porque éste, como un lugar, te expulsa, mientras que el tiempo te incluye y el objeto aquí es compartir un instante o una experiencia”, dice McKey.

La idea del tiempo y de la velocidad en el libro, como en ciertas novelas policiales contemporáneas, remite a la urbe violenta que ha cambiado el paisaje por el barbarismo. Así, Paisajeno es también el testimonio de la generación que actualmente tiene alrededor 30 años de edad, para la cual Venezuela siempre tuvo realidades que sangraban. Por eso se lee en el poemario: “Volví a despertar pasando los 20 años en esta ciudad de humo, capital de un país ajeno, calco de un mundo de mierda. Lo peor de mi ácida borrachera ha sido esta resaca histórica: hoy yo no recibiría un tiro por nadie”.

–Dice Fernández Mallo que los lectores ya viven un “hecho posliterario”. ¿Puede ser eso cierto en esta Venezuela culturalmente aislada?
–Cuando conectas la literatura a la lectura tradicional quizá pueda parecer que estamos alejados de las tendencias de consumo, pero eso no hace que estemos rezagados también en la generación de cultura, porque ésta no tiene que ver con la moda, sino con necesidades y medios expresivos. El filósofo francés Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari señalan, en Mil mesetas, que lo importante no es lo que dice un libro, sino con qué se conecta. Así hace literatura una persona como yo, que tiene influencia de la televisión basura, pero también de Gego y Alfredo Silva Estrada. Y, al final, la literatura se basa en regiones de afecto.

–¿Qué le debe Paisajeno a la vanguardia nacional?
–La oposición al poder. Pero también cuestiona esa vanguardia, pues aunque se vende en bares, no se escribió allí. No hay poemas de servilleta ni enaltecimiento del alcohol.

–Paisajeno se apropia de textos de otros para construir un metarelato.
–Sí. Quizá lo único escrito en presente del libro son los epígrafes. El poemario se compone de recuerdos, así que habla en pasado, pero con las citas elijo en el presente de lo que me sirve o no ahora para narrar mi experiencia.

–En ese retrato de 30 años se evidencia la historia violenta de Venezuela. ¿Cómo es suficiente o insuficiente la palabra poética para describirla?
–Paisajeno es poesía de investigación, porque tuve que sondear muchas cosas para poder conseguir lo que quería decir, desde hechos históricos hasta las versiones originales de ciertas canciones. El lenguaje que va a nombrar esta brutalidad que vivimos también tiene que hipertrofiarse. La creación tiene en la violencia un insumo a desarrollar.