• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

La Vida Bohème se encontró a sí misma

La Vida Bohème/ Efrén Hernández

La Vida Bohème/ Efrén Hernández

La banda se apoyó en músicos como el mandolinista Jorge Torres y el percusionista Diego Álvarez

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La Vida Bohème se adaptó al teatro a pesar de estar habituada a bares y shows al aire libre. También su público, acostumbrado a lluvias de pintura y episodios de euforia juvenil. Escogió la sala de conciertos del Centro Cultural BOD-Corp Banca para presentar oficialmente su esperado segundo trabajo, titulado Será, un disco capaz de tocar fibras sensibles en cualquier venezolano.

El vocalista Henry D’Arthenay lo dijo desde el principio: “Vamos a poner claras las reglas del juego. Este lugar no existe en el mundo de afuera. Aquí no valen tendencias políticas ni credos religiosos. Aquí vinimos a encontrarnos a nosotros mismos. Punto”.

Antes se había proyectado un ingenioso videoclip de Flamingo, dirigido por Carl Zitelmann. Dos pantallas se cubrieron con panorámicas de Caracas en blanco y negro y a baja velocidad. La jungla de concreto era el escenario de dos temas conectados por una frase que representa un altar a la compasión y la tolerancia: “Qué útil será el luto cuando se vuelva perenne. Unamos el Cementerio del Sur y el Cementerio del Este”.

La banda contó con el respaldo de un cuarteto de músicos invitados. Con D’Arthenay, Sebastián Ayala (batería), Daniel De Sousa (guitarra) y Rafael Pérez Medina (bajo), tocaron el mandolinista Jorge Torres y el percusionista Diego “el Negro” Álvarez, responsables de ciertos elementos de la tradición venezolana que fueron inyectados en la propuesta. También estaba presente Héctor Tosta, en guitarras y teclados, y el productor, Rudy Pagliuca (guitarrista de Malanga), se encargó de la trompeta. Todos completamente vestidos de negro.   

Interpretaron temas como “Helena” y “La sangre y el eco”, apoyados en visuales que fueron registradas por la cámara de Basil Faucher en las salinas de Araya. “Viernes negro” se acompañó con fotografías del Caracazo y “Hornos de cal” con tomas de barrios de la capital. De pronto salió al escenario Betsayda Machado, con su voz y su magia, para ofrecer un canto de lavandera que, tras un episodio de tambores de costa, sirvió de prólogo para “Angelitos negros”.

Un momento caótico, alimentado por un solo de trompeta, le abrió pasó a “El futuro funciona”, en la que recordaron una serie de episodios políticos y mostraron retratos de presidentes: Pérez, Caldera, Lusinchi, Herrera Campins y Chávez.

“La vida mejor”, un calipso esperanzador y pegajoso, en el que participó Samsara (Samantha Dagnino), hizo que los presentes se levantaran de sus asientos. La banda completa, incluidos los invitados, bailaron en coreografía antes de que D’Arthenay volviera a la reflexión y cantara: “Yo no me pienso mover. Que me entierren en asfalto, aquí estaré el día que este canto sea más que fe”.

Hasta allí llegó el ceremonial de Será: el cambio de piel se cumplió. Pero la audiencia caprichosa y el artista complaciente generaron más emociones. La banda volvió para recordar de dónde viene. Con éxitos como “El zar” y “Radio capital”, cantadas por el público al unísono, bajaron triunfantes el telón.