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Víctimas y agresores se consumen en la descomposición social

El montaje es protagonizado por Fedora Freites, Jean Franco de Marchi, Tatiana Mabo y José “Pepe” Domínguez | FOTO Omar Véliz

El montaje es protagonizado por Fedora Freites, Jean Franco de Marchi, Tatiana Mabo y José “Pepe” Domínguez | FOTO Omar Véliz

Vladimir Vera dirige La piel en llamas, en la que los personajes se enfrentan con un juego de poderes

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La guerra ha agujereado los edificios, las conciencias. Ha dejado en sus víctimas una huella que va más allá de la marca en la piel. En un ambiente profano, cuatro historias convergen en una lucha terrible entre la necesidad y el poder. Los discursos se manchan de angustia, dolor y desamparo.

La obra La piel en llamas, escrita por el dramaturgo catalán Guillem Clua –autor de El sabor de las cenizas e Invisibles–, se estrenará hoy en la Sala Rajatabla, con la dirección de Vladimir Vera. El elenco está integrado por Fedora Freites, Jean Franco de Marchi, Tatiana Mabo y el también director José “Pepe” Domínguez, quien regresa a la actuación luego de 15 años.

“Yo viví un tiempo en Barcelona e hice un curso en la Sala Beckett. Pasamos cuatro días en un pueblo botado y me tocó compartir habitación con Guillem Clua. Me enseñó el texto y me enamoré. Tengo años tratando de montarla. Hace un tiempo hice una lectura dramatizada en la Sala Cabrujas. Me parece una locura que un dramaturgo catalán hable de cosas tan cercanas a Latinoamérica, toda esa visión del atropello, del pueblo oprimido por los sistemas de poder, la escasez. Me pareció necesario mostrar esta historia en el país. Y cuando me llamaron para dirigir Rajatabla lo primero que tenía pendiente era esta pieza”, recuerda Vera.

La piel en llamas ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos el Ciutat d’Alcoi y el Premio Serra d’Or de la Crítica de Barcelona al Mejor Texto de 2005. Además, cuenta con una nominación como mejor obra en castellano a los Premios Max 2013, que se entregan en España.

El montaje reúne en un mismo cuarto a Frederick Salomón, un fotógrafo reconocido internacionalmente por la foto que captó de una niña mientras vuela por los aires a causa de una explosión; a Hannah, la periodista del único diario que permite la “democracia” en su país y quien cita al galardonado para entrevistarlo; y al doctor Brown, miembro fiel del partido que manipula a Ida, una mujer que le ofrece sexo a cambio de un tratamiento para su hija hospitalizada.

Ellos entran y salen de un ambiente oscuro, de desesperación, en el que los tiempos y las estructuras se quiebran y los diálogos y las tragedias se superponen, mientras se proyectan imágenes de violaciones de los derechos humanos y fotografías ganadoras del Premio Pulitzer. Todo ello da paso a una discusión sobre los sistemas de poder, los medios de comunicación, las instituciones, las guerras y la manera en que cada personaje –que puede ser a la vez agresor y víctima– busca sobrevivir.

“Es un rompimiento, característico de la dramaturgia contemporánea, que quiebra con la estructura aristotélica, clásica. Y es importante porque Rajatabla confronta estas nuevas investigaciones escénicas, un poco lo que hacía Carlos Giménez: trabajar con las tendencias. Este es mi granito de arena. El teatro es como la medicina, si no te actualizas te quedas en el pasado”, agrega el director.

El acercamiento del espectador a la relación entre el poder y el oprimido es de gran importancia para Vera: “Se habla de una doble moral, situaciones en las que el personaje se adapta o perece. La pieza es tan particular que uno descubre cosas en ella todos los días. La dramaturgia no es engolada y los personajes no son ajenos a la realidad, sino que están humanizados y se alimentan del lenguaje contemporáneo”.


La piel en llamas

Sala Rajatabla, entre el Teatro Teresa Carreño y Unearte, Los Caobos

Estreno: hoy

Funciones: viernes y sábado, 7:00 pm; y domingo, 6:00 pm

Entrada: 70 bolívares