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Viaje a las entrañas del Cirque du Soleil

Cirque du Soleil: Dralión / Leonardo Noguera

Cirque du Soleil: Dralión / Leonardo Noguera

Venezuela recibirá por primera a la compañía canadiense. Uno de sus 19 espectáculos activos, llamado Dralion, se presentará en el Poliedro de Caracas entre el jueves 25 de abril y el domingo 12 de mayo. A los ojos del público, es un show enérgico y colorido, que combina las tradiciones acrobáticas chinas con un ingrediente occidental de vanguardia. Tras bastidores, más de un centenar de personas, entre técnicos, masajistas, preparadores físicos, cocineros, traumatólogos y artistas, trabajan para que la magia funcione

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La sincronía es un mandamiento en Dralion. Es el único camino para hacer efectivo un espectáculo complejo en el que trabaja más de un centenar de personas, con música en vivo, humor, trampolines, números de acrobacia y contorsionismo. Por eso una cámara está ubicada en medio del palco central para registrar imágenes en tiempo real. El espectáculo es proyectado en una pantalla tras bastidores para que los performers conozcan el momento exacto en que les corresponde convertirse en criaturas.

Una alfombra azul marino separa la realidad de la ficción. En esa superficie acolchada los 52 artistas que participan en este show del Cirque du Soleil hacen sus últimos calentamientos antes de cruzar un mágico umbral para subir al escenario. Ejercitan su respiración y estiran sus extremidades hasta alcanzar el punto máximo de flexibilidad que permite un cuerpo humano. Saltan, se estimulan anímicamente entre sí, ríen, se concentran y entran en la acción.

Ciudad del Cabo, en Suráfrica, fue su penúltima parada antes de viajar a Venezuela; y el Grand West Arena, un gran casino que está ubicado en sus adyacencias, el lugar de trabajo de una inmensa y multicultural familia –de 17 nacionalidades– que va por el mundo divirtiendo e impresionando a sus semejantes.

En el autobús que sale del Southern Sun Waterfront Hotel, desde el cual se ve Robben Island –el pequeño islote en el que Nelson Mandela estuvo preso durante 18 años– comienzan a tropezarse idiomas. Francés, portugués, inglés pero, sobre todo, mandarín. ¿El motivo? Que 25 miembros del elenco son del Chinese Performing Arts Asociation.

La pasión. Mientras los chinos practican su número con aros, Amanda Orozco cuenta la historia de su vida. Sus palabras van acompañadas por el ritmo que generan los acróbatas cuando corren, saltan y hacen piruetas antes de que sus cuerpos se estiren en el aire y atraviesen las circunferencias.

En el 10° cumpleaños de Orozco, una niña de Orlando, Florida, su madre le regaló entradas para ver La Nouba, show del Cirque du Soleil que tiene su carpa en el Walt Disney World Resort. La pequeña quedó marcada por semejante despliegue de luces y colores, de destreza y elegancia. Tal fue la impresión que comenzó a imaginar sus piruetas desde ese momento.

“Muchas veces la gente fantasea con algo, pero lo ve como algo inalcanzable y se rinde”, reflexiona, sentada en una de las butacas del Grand West Arena, como si todavía fuera aquella chiquilla soñadora. “Soy de una familia muy normal, que nada tiene que ver con circos. Era algo lejano, infantil y hasta salvaje. Pero me mantuve firme y estudié baile, investigué los shows y averigüé todo. Fui contratada por una compañía pequeña en Orlando y luego me fui a las audiciones en Montreal. Cuando tenía 15 años –ahora tiene 24– me seleccionaron”.

En la noche, Orozco, ahora contorsionista aérea, interpretará uno de los cuatro papeles principales de Dralion. Vestida de azul, será el aire. Subirá y danzará entre techo y suelo envuelta en telas, acompañada por una world music interpretada en directo por 6 instrumentistas y un par de cantantes.

Atletas circenses. Orozco, al igual que muchos miembros del elenco, cree que la preparación física y la dieta son cuestiones personales. Muchos son entrenadores certificados. La mayoría se ha formado como atletas de competencia, habituados a extenuantes rutinas de ejercicios y exigentes regímenes alimenticios; aunque no es de sorprenderse que algún fibroso artista se lleve a la boca un gran trozo de brownie.

Los 26 técnicos están en el lugar del show desde temprano. El resto llega cerca de mediodía. Come –del catering se encarga una compañía local–, busca su ropa –el circo posee 7 lavadoras y 2 secadoras para alrededor de 300 trajes– y asiste a clases de pilates: Michael Ocampo, entrenador y asesor, es instructor y lidera sesiones de un par de horas para reforzar el entrenamiento. Se contratan masajistas y se tiene la asesoría de 3 expertos en medicina deportiva que viajan con el circo. Desde muy pronto, la compañía comprendió que no era factible contratar a 30 ó 50 maquilladoras, por eso cada quien aprendió en Montreal a aplicarse su propio maquillaje. El proceso les toma entre 45 minutos y 1 hora.

Algunos corren entre 10 y 15 kilómetros apenas se levantan de las camas. Otros entrenan en máquinas cerca de la hora del show. Se establecen horarios para que quienes lo requieran utilicen el escenario para sus ensayos. Todos, sin excepción, se reúnen cuando falta un par de horas para la función y salen de allí, ya maquillados, a buscar una cena rica en carbohidratos. Con el estómago lleno, descansan. Se meten en sus disfraces y se transforman, cuando ya las luces y los aplausos los esperan.