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“Ver a la gente crecer y tener éxito me da vida”

Nina Novak | Omar Véliz

Nina Novak | Omar Véliz

La bailarina polaca que llegó al país en 1962 dice que hacen falta escuelas para el ballet clásico

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Nina Novak sube las escaleras que van desde la sala de su casa hasta el salón de la academia que dirige. Lleva puestos unos zapatos verdes de tacón y una vitalidad que no corresponde a su edad. Mientras camina, habla. Y no se cansa. Acaricia una fotografía de Juan Pablo II –“Mi Papa”, dice– y señala los trajes que utilizarán sus bailarines en El Cascanueces que presentará hoy y mañana en el Teatro del Círculo Militar.

Al llegar, sus alumnas la abrazan. Su perrita también ha llegado a la clase y corre por el salón con un gato de juguete que chilla cuando lo muerde. Se llama Lala, que en polaco significa muñeca, indica la bailarina.

Ella cambia sus tacones por zapatillas. Un solo movimiento suyo basta para callar la bulla del lugar. Suena la música y comienza el calentamiento para el ensayo. Lleva una falda de estilo puntillista, un suéter color crema, la boca de rojo y los ojos delineados, a pesar de que en días pasados un zancudo le picó el izquierdo. Sabe quién ha faltado a clase y las ciudades de las que provienen sus alumnas. Nada la perturba mientras enseña. Ya Lala abandonó el salón y sólo hay espacio para la disciplina.

La profesora de origen polaco llegó a Venezuela en 1952 como primera bailarina del Ballet Ruso de Montecarlo y 10 años después se residenció en el país. Fundó en 1964 la Academia de Ballet Nina Novak y desde entonces no ha dejado de enseñar. “Lamento que no se fomente el ballet clásico como debería, el Estado nunca lo ha protegido, creo que no es prioridad. Yo he hecho todo lo que he podido”.

Primer baile. Nina Novak comenzó en la Escuela de Ballet de la Ópera de Varsovia cuando tenía 8 años de edad. “Yo no sabía si me gustaba, pero he bailado desde siempre. Vengo de una familia numerosa, no se dieron cuenta hasta que una maestra les dijo a mis padres, allá notaban mi don para moverme. Era algo que salía de mí sin saber cómo. Pero luego comenzó la Segunda Guerra Mundial”. Tenía 15 años de edad.

La bailarina cuenta que un día fue bombardeado el teatro donde ensayaba. Lo que vino luego fueron los campos de concentración, donde murió uno de sus hermanos. Tras esa época, Nina Novak siguió bailando y viajó a Nueva York. Allá recibió ofertas para actuar en Hollywood, pero las rechazó. Después vino a Venezuela, donde se enamoró. “Yo bailé para Pérez Jiménez. Estuve en el Teatro Municipal por tres semanas. Bailé también con Vicente Nebreda. Muchos consideran la danza para un sector y eso no es así. Porque en la Rusia comunista había danza. Además, llevar la elegancia del ballet clásico al pueblo es ganancia. Si esa pasión no llega al Gobierno no se va a hacer nada”.

Considera que una de las principales carencias del ballet es la falta de escuelas, con profesores y directores calificados, y espacios para ensayo y presentación. “Al principio me decían que Venezuela no era apta para el ballet clásico. Pero yo probé lo contrario y muy bien. Demostré que el venezolano, si se le da buena formación, puede lograr mucho. Mi carácter es de hacer y hacer y hacer. Y yo vivo feliz porque es lo que me gusta. Ver a la gente crecer y tener éxito me da vida”.

El Cascanueces
Teatro del Círculo Militar
Funciones: hoy, 6:00 pm; mañana, 11:00 am y 5:00 pm
Entrada: 100 bolívares