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“Venezuela vive una atrofia comunicacional inducida”

El investigador acaba de cumplir 85 años | Raúl Romero/El Nacional

El investigador acaba de cumplir 85 años | Raúl Romero/El Nacional

El intelectual publicó hace 50 años la primera edición de su libro Comunicación y cultura de masas

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Caraqueño nacido en Rovato, Italia, Antonio Pasquali es sin duda uno de los grandes intelectuales de su tiempo. Su legado trascendió las fronteras del país y su libro Comunicación y cultura de masas es un clásico que cambió la perspectiva sobre la comunicación y su investigación. La primera edición cumplió 50 años de existencia y los homenajes no se han hecho esperar.

La Universidad Autónoma de México fue la primera en ensalzarlo en mayo del año pasado con una serie de actividades que aún lo acongojan. “Tengo piel de elefante, pero es fuerte”, afirma tras vivir la experiencia nuevamente en el agasajo organizado por la UCAB, que contó con palabras de sus discípulos Andrés Cañizález, Marcelino Bisbal y Carlos Flores, y el bautizo del libro Travesía intelectual de Antonio Pasquali, editado por la misma casa de estudios.
Tiene 85 años recién cumplidos, su espíritu sigue inquebrantable y su palabra vigente.

—¿Usted podía imaginar que los políticos iban a comunicarse con sus ciudadanos a través de Twitter?
—Nadie podía imaginarlo. Ni siquiera los que crearon Arpanet, que era el sistema militar que dio origen a Internet; ni siquiera Bill Gates, quien llegó a decir en los años setenta que 560 kilobytes de memoria era más que suficiente para una computadora. Hoy vamos por el tera, el peta y el exabyte.

—¿El medio sigue siendo el mensaje?
—El gran problema de la humanidad sigue siendo quién pone el mensaje. A partir de Lumière la imagen pasó a serlo. Incluso, hemos corrido el riesgo de disponer de un lenguaje puramente visual, pero no llegamos a eso. Los jóvenes en la actualidad no se comunican con emoticones, lo hacen con palabras. Ha subsistido un predominio de la palabra frente a lo icónico.

—¿Cómo vislumbra entonces el futuro de la comunicación?
—Lo vislumbro a partir del modelo Internet. Es la revolución más grande después de la invención del alfabeto en el siglo XIV a.C. Hoy se acabaron los receptores mudos. La generación radio-televisión ha muerto. Hoy todos somos emisores. Eso lo ha cambiado todo. Vamos a una descentralización total y difusa de la emisión de informaciones. Sin olvidarnos que Jeremy Rifkin ha dicho que la energía eléctrica está copiando el modelo Internet. Estamos creando un mundo en el que cada quien producirá su energía y la red te cobrará el acceso. 

—Si la comunicación no es información sino convivencia, ¿Venezuela vive una atrofia comunicacional?
—Claro, pero inducida. No viene de adentro. Nos la han impuesto. Asistimos al nacimiento de un gigantesco fenómeno de marketing del difunto. El gobierno invierte millones de dólares mensuales en mantener la imagen de Chávez. Pero todo eso se vendrá abajo porque es artificial. Todo.

—Usted se ganó la fama de intelectual perturbador, siempre cuestionando el statu quo. ¿Se complace de ello?
—La gente siempre busca estereotipos para fijar algo. El proceso no es malo. A veces lo soy y otras veces no.

—Ha dicho que una de las mayores obligaciones de los venezolanos en la actualidad es la denuncia sin miedo…
—Absolutamente. El que tenga algo que decir, debe recordarle machaconamente al país que hay valores irrenunciables por más chavismo que nos espere.

—Entonces, ¿cuál es el deber de la TV venezolana en esta coyuntura?
—Ya no existe disidencia. Ese es el problema. La pantalla es casi toda neutral o del Estado. Llevo 40 años echándole pestes a la TV privada que hizo de todo para minimizar la cultura de este país, por no decir destruirla. Pero debo admirar la actitud de los dueños de RCTV frente al laxismo de los Cisneros. Qué me queda hoy: El Nacional y RCR 750. Y algunos productores independientes.

—¿Sufrió el cierre de la Emisora Cultural de Caracas?
—Muchísimo. Somos un país sin emisora cultural. Qué horror. Hice de todo para sensibilizar al respecto, pero no fue posible recobrarla.

—¿Sigue manejando su moto Vespa por las calles de Caracas?
—Lo hago desde 1950. Solo una vez tuve un accidente. Fue en las guarimbas del año 1992. Me caí en un manchón de grasa y me fracturé una costilla.