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“Venezuela nunca ha tenido una televisión pública democrática y universal”

Marcelino Bisbal, director de Postgrado de la escuela de Comunicacion Social de la Universidad Catolica Andres Bello/ Foto Leonardo Guzmán

Marcelino Bisbal, director de Postgrado de la escuela de Comunicacion Social de la Universidad Catolica Andres Bello/ Foto Leonardo Guzmán

El investigador afirma que los canales del Estado deben ser revisados para convertirse en modelo de un sistema plural de comunicación. Considera que el papel del medio no ha cambiado

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Marcelino Bisbal, investigador y director del posgrado en Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, dice que las discusiones sobre las funciones de la televisión se dan periódicamente. Afirma que, según los estudios más recientes, la relación entre el medio y la audiencia no es unidireccional y que los espectadores tienen la capacidad para resemantizar los contenidos que ven en la pantalla chica.

Bisbal añade que estaría dispuesto a trabajar en pro de la nueva televisión siempre y cuando se revise y reformule la propuesta de los canales estatales y de los medios comunitarios. Advierte que se busca la censura por la vía legal.

—¿Cuál es el papel de la televisión en la actualidad?

—Lo que se estudia en teoría de la comunicación, sobre que los medios tienen tres grandes funciones, que son informar, entretener y educar, sigue siendo válido. La diferencia estriba en que los tiempos han cambiado y lo que entendíamos como entretener hace unos años se ha resignificado a partir de los signos con los cuáles se identifican los actores sociales.

—¿Qué plantean las teorías más recientes?

—Los estudios desde hace 15 años para acá, llamados estudios de recepción de los medios, en específico de la televisión, dicen que el receptor no es pasivo, todo lo contrario, es dinámico. Se ha demostrado que el receptor no es lo que se solía llamar “cabeza de embudo”. Un medio tan determinante como la televisión es un elemento más dentro del contexto sociocultural donde se mueve la audiencia. Hay otros elementos como la escuela, la familia, la religión, los amigos. Es lo que los sociólogos denominan la mediación. El público tiene capacidad para resemantizar el discurso del medio. Si éste coincide con el mundo de creencias del televidente, es más fácil que se someta a él.

—¿Hay investigaciones actuales sobre el comportamiento de la audiencia venezolana? —Quien más ha trabajado el tema sobre la audiencia y la recepción de la televisión en Venezuela es el profesor Gustavo Hernández. Todos los estudios coinciden en que no hay una correlación entre la violencia que la televisión aporta y la conducta que pueda tener el receptor. Lo que sucede es que en el contexto venezolano existe lo que llamo violencias, en plural, que son preexistentes al medio, y éste lo que hace es mostrarlas.

—¿Cómo cree que será lo que llaman nueva televisión?

—Me llama la atención porque, en su discurso, el presidente Nicolás Maduro dice que quieren construir un nuevo modelo de televisión cultural. Eso lo repiten la ministra de Comunicación e Información, Delcy Rodríguez, y el director de Conatel, Pedro Maldonado, pero no lo explican. Yo asumiría ese reto. ¿En qué sentido? Si queremos hacer un nuevo modelo de televisión, comencemos con los canales de servicio público. Son seis señales las que tiene el gobierno, que deberían ser del Estado. Venezuela nunca ha tenido una televisión pública democrática y universal, con estética avanzada, que cubra a todos los sectores de la sociedad y que sirva de modelo para los canales privados.

—¿Por qué comenzar por ahí?

—Porque ningún gobierno en este país había contado con tal cantidad de medios de comunicación: unos que son propiedad del gobierno en función de Estado, y los que yo llamo paraestatales, porque él los financia, como los comunitarios. Esa televisión la financia todo el país, con impuestos y petróleo. Se supone que el Estado debe ser modelo para el resto de la sociedad en todos los ámbitos de la vida. Pero lo que tenemos es una televisión del gobierno, no del Estado, profunda y escandalosamente gubernamentalizada, partidizada.

—Aun con los controles ya impuestos, persiste el interés en la regulación de contenidos de los canales privados.

—Tenemos una serie de leyes que han regulado los contenidos de la televisión como la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos y la Ley Orgánica de Telecomunicaciones. En estos días leí en Inside Telecom que en el año 2013 la Asamblea Nacional se había propuesto aprobar 32 leyes, de las que solamente se sancionaron 20 y, de esas, 25% tiene que ver con regulación de contenidos.

—¿De eso se desprende que se busca la censura por la vía legal?

—Sí, así como han sido muy incapaces e ineficientes en temas como las divisas, el gasto fiscal, la salud y otros, el anterior gobierno y su continuación han sido realmente eficientes en cuanto a los medios de comunicación. Hay toda una política de comunicación de corte regulador y autoritario. Han seguido dos vías, la primera vino después de los sucesos de 2002, que fue dotarse de una plataforma de medios radioeléctricos y aupar la creación de medios paraestatales. Ellos saben que no tienen audiencia, pero han seguido, y el gran artífice de ello fue Andrés Izarra, quien se olvida de que fue encargado de programación en RCTV. Y luego la otra vía que escogieron fue diseñar una plataforma jurídica fiscalizadora.

—Los mayores de 30 años de edad presenciaron hitos históricos como el Caracazo, en 1989, y el golpe militar, en 1992, a través de la pantalla chica. Ahora no se pueden transmitir informaciones de ese tipo. Si se tiene en cuenta el estado de la televisión venezolana en la actualidad, ¿qué clase de ciudadanos tendrá el país en unos años?

—Eso afecta a las nuevas generaciones, que tienen memoria corta y que solo han vivido este proceso. Esa pregunta se responderá con el tiempo y la respuesta será muy lamentable. El esfuerzo que habrá que hacer será titánico, no sé si lo podamos ver algunos.

—¿Cómo se puede construir un sistema de televisión pública realmente digno?

—Con un gobierno como este eso no es posible. Han tenido la posibilidad real de conocer experiencias, estudios de Antonio Pasquali, de Elizabeth Safar, quienes han trabajado este tema. Está el proyecto Ratelve. Y sin embargo han sido ignorados porque piensan distinto. Yo asumo el reto de crear un nuevo modelo de televisión, y creo que estos investigadores también lo harían. Pero comencemos con la televisión de servicio público, porque tal como va el camino está cerrado.

 

RECUADRO

La telenovela es melodrama

Marcelino Bisbal refiere experiencias en países donde se ha intentado producir dramáticos con carga ideológica y afirma que esos proyectos han fracasado porque la telenovela debe producir un lazo emocional con los receptores. “La novela no es un género ideológico, doctrinario, panfletario. Es un género en el campo de la televisión que tiene que ver con el melodrama. Y el mejor melodrama es aquel que juega con los sentimientos, con las emociones, al punto de que hay algunas investigaciones en América Latina, más de carácter cualitativo que cuantitativo, que demuestran que la telenovela sirve de catarsis frente a lo duro de la vida diaria. Y eso pasa no porque el receptor se vea reflejado ahí sino porque quisiera verse, quisiera ser la heroína y salir bien parada como ella, viajar, mas no lo puede hacer por sus condiciones socioculturales”.    


EPÍGRAFE

 

“Lo que tenemos es una televisión del gobierno, no del Estado, profunda y escandalosamente gubernamentalizada, partidizada”




kfranceschi@el-nacional.com