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“En Venezuela hay talento de sobra para tener una cartelera variada”

El director de Guataca Producciones, Ernesto Rangel / Ernesto Morgado

El director de Guataca Producciones, Ernesto Rangel / Ernesto Morgado

El director de Guataca Producciones dirige con Aquiles Báez el festival Caracas en Contratiempo, que busca servir como una plataforma de difusión más amplia para los intérpretes de música venezolana contemporánea

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Desde enero, Ernesto Rangel ha disfrutado en directo el progreso que ha experimentado en los últimos años el movimiento de la música venezolana contemporánea, que él ayudó a impulsar desde sus inicios. Primero en su hogar, donde organizó encuentros privados de artistas con empresarios y medios; y luego desde Guataca Producciones, compañía que fundó para promocionar los discos de talentos nacionales y que más tarde se ha dedicado a la organización de ciclos de conciertos como Noches de Guataca, que se presenta en el Centro Cultural Trasnocho.

Asistir a las actividades ha sido algo nuevo para el empresario, pues durante dos años y siete meses sólo pudo disfrutar de los avances de la movida a través de los relatos de otros, principalmente de los familiares y amigos que lo visitaban en prisión, a donde fue enviado acusado –junto con otros directores de Econoinvest– de violación de la Ley contra Ilícitos Cambiarios, a pesar de que antes de su reforma, en 2010, las operaciones con títulos de valores no estaban tipificadas como delito en el país.

Cuando salió de la cárcel, donde aprendió a tocar cuatro y hasta se atrevió a componer canciones, el promotor cultural quiso retomar el tiempo perdido y acudió a un concierto de Eddy Marcano. “Había visto videos que me mandaban, pero experimentar esa energía era algo increíble, me di cuenta de que todo había cambiado. Por eso me reuní con Aquiles Báez, para planear los próximos pasos a seguir. Entre ellos, el festival Caracas en Contratiempo, que empezó el fin de semana y que se celebrará en varios puntos de la capital”, dice Rangel.

—¿Qué lo motivó a convertirse en promotor cultural?

—Eso empezó hace mucho tiempo, en 2001, cuando vivía en Nueva York. Creo que cuando estamos afuera nos reencontramos con nuestra propia identidad. Varios venezolanos nos reunimos para hacer espectáculos. Comenzamos con una cosa que en principio pareciera que no tendría mucho que ver: proyectar la película Alfredo Sadel en las salas de esa ciudad. No llenamos una, sino varias. Luego construimos el grupo Amigos de Venezuela en Nueva York, en el que conocí a Aquiles Báez y a otros entusiastas. Presentamos a artistas como Francisco Pacheco e Ilan Chester hasta Simón Díaz. Cuando regresé al país, en 2005, vine con la idea de apoyar la música venezolana y me encontré con un crecimiento que no tenía idea que estaba sucediendo. De hecho, todavía no existía C4 Trío. Conocimos a sus integrantes por separado, seguimos en contacto cuando formaron los Cuatro Fantásticos y, posteriormente, la agrupación actual. Nos entusiasmamos y lanzamos el primer disco de ellos, que marca los inicios de Guataca. Primero con la idea de lanzar álbumes de artistas con propuestas que enriquecieran la música venezolana. Así duró un tiempo, pero nos dimos cuenta de que el negocio discográfico es muy complejo y fue entonces cuando nació la idea de hacer conciertos. Era una plataforma necesaria para los artistas y ya tenemos casi tres años en el Trasnocho. Ahora nace Caracas en Contratiempo como un paso natural para buscar un espacio más amplio. Es una manera de convocar al país para que vea qué es lo que está sucediendo con la música contemporánea.

—¿Fue difícil encontrar el patrocinio para el festival?

—No tanto. Quizá si en 2005 hubiera hablado de esto nadie me habría hecho caso, ni siquiera mis socios, porque en esa época no se veía algo que cuajaba. Ahora observas cómo los C4 Trío van a los Premios Pepsi Music y la gente se vuelve loca, pero eso es consecuencia de algo que se ha venido gestando. Sin embargo, aún hay personas que piensan que lo que viene de afuera es mejor que lo que tenemos adentro.

—¿Qué falta entonces? ¿El apoyo de los entes estatales?

—Creo que falta que el mismo público se dé cuenta de lo que tiene. Algunos piensan que es un tema de educación, pero yo creo que es algo que hay que trabajar con mercadeo y con inteligencia. Nosotros no tenemos los recursos para hacer vallas o campañas multimillonarias de televisión, pero para eso está la creatividad, para poder llegarles a las personas. Siento que gran parte de los venezolanos no han escuchado esta música y, por lo tanto, no pueden saber si les gusta o no. El trabajo de nosotros es hacer que la escuchen y que después ellos decidan. Por eso hacemos el festival, que no sólo incluye presentaciones sino que además ofrece conferencias, para darle contexto.

—Es innegable el apoyo que tiene la movida de parte de los músicos y de iniciativas independientes, pero ¿haría falta trabajar de la mano con el Estado?

—De todos. Creo que el Estado tiene un papel, al igual que los empresarios y la comunidad. La música es incluyente. Todos pueden aportar. El Estado, por ejemplo, tiene buena parte de la infraestructura donde los músicos pueden presentarse. Los empresarios pueden patrocinar estos eventos. Las alcaldías deberían dar a conocer más música venezolana en su programación anual, pero a veces pasa que algunas la llenan con shows de músicos extranjeros. Aunque también eso es bueno, es importante que se haga un contrapeso con la música nacional. Aquí hay talento de sobra para tener una cartelera variada.

—¿Considera que el auge del movimiento es una moda pasajera o algo que perdurará en el tiempo?

—Si lo comparamos con el movimiento de la música pop de la década de los ochenta, creo que esto tiene más fuerza, porque antes eran las disqueras las que buscaban a los artistas, pero ahora son los músicos los que promueven estas iniciativas. Nosotros no hicimos audiciones para ver a qué cuatristas conseguíamos. Ellos ya estaban, más bien nos conseguimos. Una debilidad que hay ahora es que no tenemos una industria, así que nos hemos quedado sin plataforma. Esperamos que, como Guataca, existan otras iniciativas paralelas que tomen esa senda de promover lo nuestro.

—¿Cómo cree que se ubica la música contemporánea venezolana en los mercados internacionales?

—Todavía estamos un poco atrás. Tenemos mucho por avanzar. Por ejemplo, antes de ser una artista internacional, Shakira fue una estrella en su país. Y antes de irse a Miami, en Colombia era reconocida. Nosotros aún estamos en la etapa en la que se está dando el reconocimiento a nuestros intérpretes y Caracas en Contratiempo va a ayudar a eso. Vendrá con naturalidad el momento en el que podamos internacionalizar nuestra música. Sí ha habido esfuerzos importantes de estos músicos de tocar en festivales, se está dando la apertura, pero todavía nos falta. Ahí, por ejemplo, el Estado podría apoyar muchísimo.

—Para Guataca Producciones, ¿es rentable la producción de discos?

—Si todas las copias las vas a vender en tiendas no es rentable, porque el margen de comercialización es muy alto y te reciben el disco con un precio muy ínfimo para poder recobrar todas las pérdidas en volumen de ventas. Por eso nosotros ofrecemos los álbumes en los mismos espectáculos que producimos. Los seguimos publicando porque creemos que la música es una experiencia completa y como tal debe ser vivida: que si alguien asiste a un concierto, tenga la oportunidad de llevarse como recuerdo una camisa o un disco.

—¿Cómo es la selección de artistas, si generalmente lanzan entre tres y cuatro álbumes al año?

—Es muy difícil. Tratamos de hacer un balance entre lo mejor, pero a veces se queda por fuera gente muy talentosa, porque no nos dan los números.

—¿Hay otro proyecto encaminado?

—Todo se concatena en una cosa: proyectar la música venezolana contemporánea. Una cosa que nos falta es la televisión y queremos llevar Noches de Guataca a un espacio en la pantalla chica. Estamos en conversaciones para lanzarlo este año.