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Venezuela: la paradoja de un país que lee más pero compra menos libros

Lectura / Alexandra Blanco

Lectura / Alexandra Blanco

Especialistas dudan de los estudios de organismos nacionales e internacionales. Las ferias se llenan pero las librerías no y, a pesar de que los lectores se quejan de los precios, aún prefieren adquirir los títulos producidos por las editoriales privadas, tanto nacionales como extranjeras, antes que los distribuidos por los entes gubernamentales

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El Ministerio de la Cultura declaró 2013 el Año de la Lectura para promover el hábito en la población; mientras, el mercado editorial nacional vive malos momentos. Lo interesante es que las encuestas indican no sólo que los venezolanos leen hoy más que hace un lustro, sino que no están interesados en los títulos producidos masivamente por el Estado.

La Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela, publicada el año pasado por el Centro Nacional del Libro, indica que 82,5% de los consultados dijo leer algún tipo de publicación y 50,2% señaló su preferencia por los libros. El estudio concluye que en el país se leen anualmente entre 2 y 4 libros per cápita, lo cual, contrastado con datos del estudio del Cerlalc –el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe–, titulado Comportamiento del Lector y Hábitos de Lectura: una Comparación de Resultados en Algunos Países de América Latina, coloca a Venezuela por encima de Colombia y México, naciones donde se leen 2,2 y 2,9 publicaciones promedio al año, y la equipara con las cifras de Brasil.

“El venezolano, sin duda, lee más ahora que hace cinco años”, dice Rodnei Casares, librero de Alejandría II: “Pero no creo que se trate de 50,2% del país. Quizá esas cifras se deban a un espejismo que es difícil de medir: en las ferias hay una marejada de gente que adquieren títulos y uno pensaría que leen mucho, pero luego no vienen a las librerías. Hay personas que sólo compran en ferias”. De su queja se hacen eco varias librerías. Pero los lectores resienten el aumento de los precios en esos lugares.

Lectores sin libros. Editores y libreros culpan de los precios altos a las dificultades para la adquisición de divisas para comprar libros y materiales para imprimir en el país, pues desde 2008 los productos editoriales salieron de la lista de bienes prioritarios para la adquisición de dólares Cadivi. Ese año, según datos de la Asociación Latinoamericana de Integración, esas importaciones ascendían a 422 millones de dólares. En 2011, se precipitaron a la cifra de 93 millones. De esa cantidad, sólo 39,9 millones corresponden a libros y, entre ellos, más de la mitad son textos destinados a la educación. Aun así, el Cerlalc, en su boletín El Libro en Cifras correspondiente a diciembre de 2012, señala que en el año anterior se produjeron 3.517 nuevos títulos en Venezuela, 12 por habitante. En febrero, la revista SIC de la Universidad Católica Andrés Bello cuestionó esas estadísticas y la encuesta del Cenal, en un análisis titulado “El libro: entre cuentos y cuentas”. “Hay serias discrepancias en el modo en que se mide el mercado del libro, que es (...) el rubro base de la cultura ilustrada y una de las industrias culturales más importantes para una sociedad moderna, civilizada y democrática”, explica allí Carlos Delgado Flores.

Los datos indican que, a pesar la caída de la producción editorial privada en el país, los libros que adquieren y leen los venezolanos son los editados y distribuidos por empresas privadas. Según la encuesta del Cenal, 81,2% de los entrevistados declaró no haber recibido nunca un libro del Estado –lo que incluye textos publicados por Monte Ávila, El Perro y la Rana, la Fundación Ayacucho y otros entes estatales que usan la Fundación Imprenta de la Cultura–. De ser así, la mayoría de los venezolanos –o por lo menos los encuestados por el Cenal– que dice leer entre 2 y 4 títulos al año los adquiere de los catálogos de sellos privados nacionales o extranjeros, sea en librerías o en ferias. Los encuestados no se mostraron asiduos a las bibliotecas.

Mientras, el Ministerio de la Cultura se enfoca en reforzar justamente las iniciativas públicas que llegan a la menor cantidad de venezolanos –de 11,36% que sí ha recibido esos títulos, 18,5% declara no haberlos leído–, pues el Presupuesto de la Nación 2013 establece que 254.873.356 millones de bolívares se destinarán a la Plataforma del Libro y la Lectura –que incluye el Cenal, los servicios de bibliotecas, las 3 editoriales estatales, las Librerías del Sur y la Imprenta de la Cultura–. Se trata de 2% del presupuesto para Cultura y Comunicación que, a su vez, representa 0,55% del gasto público, menos del 1% recomendado por la Unesco.

De acuerdo con las cifras suministradas, los esfuerzos del Estado serían mejor recompensados si se enfocaran en negociar con el sector privado subsidios o la adquisición de dólares. A muchos lectores los beneficiaría.

 

RECUADRO

Del ratón de librería al saldo editorial

Los ratones de librerías están en extinción. Los que sobreviven lo hacen porque se ven obligados a comparar precios entre librerías, de la misma manera en que lo hacen en el mercado y la farmacia. Las novedades, como muchos medicamentos, son cada vez más escasas. Y, cuando se encuentran, son muy caras.

Una novedad –un título del año– de un sello independiente español como Tusquets que en 2008 costaba cerca de 300 bolívares en las cadenas Muchos Libros –en Tecniciencia no se encuentran con facilidad– hoy alcanza los 700. A los interesados en mantenerse actualizados con la producción intelectual del resto del mundo se les hace cada vez más difícil adquirir textos, pues desde hace 5 años el libro no es considerado un bien prioritario para el país.

Garcilaso Pumar, uno de los editores de Lugar Común y gerente de la librería homónima, señala que editores, distribuidores y libreros se esfuerzan para abaratar los precios. “El Grupo Océano hace un gran trabajo al traer volúmenes amplios, lo que permite conseguir títulos del catálogo de Anagrama por 200 bolívares”. Pero las iniciativas del sector no paran allí. Su librería, por ejemplo, aunque vende títulos comerciales, se especializa en presentar sellos independientes de la región –“Por una cuestión de afinidad con Lugar Común”–, aunque para ello deban sortear la volatilidad del dólar con creatividad: “Tenemos dificultades para traer libros y a veces apelamos a las maletas o a DHL y eso tiene un costo que termina pagando el consumidor”.

No sólo los que buscan exquisiteces editoriales, sin embargo, son los únicos afectados por los precios. Según la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura de 2012, los venezolanos prefieren títulos de saldo –lo contrario de novedades–, pero también esos son editados por el sector privado. Sin tomar en cuenta la Biblia –la publicación más mencionada en el estudio (por 9,9% de la muestra)–, el resto de los textos fueron publicados por sellos independientes, entre ellos Doña Bárbara de Editorial Panapo (7,3%), Cien años de soledad de Santillana (3,6%) y La culpa es de la vaca de Intermedio (3,5%). Libros como los anteriores, que el año pasado costaban entre 50 y 150 bolívares, hoy sobrepasan los 200.