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Venezuela canta un largo silencio por Palomares

Frente a su voz luchadora en las clases sociales, Ramón Palomares consideraba la poesía una salvación / Alexandra Blanco

Frente a su voz luchadora en las clases sociales, Ramón Palomares consideraba la poesía una salvación / Alexandra Blanco

El poeta trujillano murió el viernes en Mérida a la edad de 80 años. Sus versos destacaron por la narrativa regional y la expresión del coloquio rural 

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En 1975 Ramón Palomares se despidió de Escuque, estado Trujillo, con la antología Adiós, Escuque, una obra maestra de fábula lírica que condensaba sus mejores años como poeta; un serial de poemas escritos durante 16 años que reflejaban sus sentimientos sobre el lugar en el que nació. Las despedidas fueron una constante en sus trabajos.

El viernes, en horas de la noche volvió a despedirse, pero del mundo de los vivos a sus 80 años de edad, en Mérida, donde residía, pero el adiós, decía el poeta, es más bien un despertar.

Integrante de los grupos literarios “El techo de la ballena” y “Sardio”, y miembro de la generación del 58, surgió en aquella época como la mayor revelación poética de la cultura regional en el país. El reino, Santiago de León de Caracas, El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas y Mérida, elogio de sus ríos, son sus trabajos más conocidos.

Con sus primeros versos irrumpió en la poesía nacional una corriente lírica centrada en el tono narrativo y en el coloquio rural. La expresión de la geografía venezolana y el decir andino son elementos que siempre caracterizaron su trabajo.

Desde muy joven quiso ser escritor y nunca imaginó que, ya en su etapa adulta, se deleitaría con la compañía de intelectuales como Salvador Garmendia, Adriano González León y Guillermo Sucre, entre otros. El poeta trabajó con personajes como Oswaldo Trejo y Javier Vidal, y se destacó en la apreciación del mundo de las artes.

Palomares se graduó de profesor de Castellano, Latín y Literatura en el Instituto Pedagógico de Caracas, y de licenciado en Letras en la Universidad de los Andes, donde se desempeñó como docente. También fue coordinador cultural de la UCLA y enseñó en colegios de educación secundaria en Nueva Esparta, Trujillo y en la capital.

Pero sus poemas traspasaron fronteras y su legado, a ojos del mundo, se convirtió en una referencia de la lírica nacional. En 2001 la Universidad de los Andes le concedió el Doctorado Honoris Causa, junto con los poetas Rafael Cadenas y Juan Sánchez Peláez.

Palomares fue también candidato a diputado por Trujillo a la Asamblea Nacional en 1978, en las filas del Movimiento de Izquierdas Revolucionarias. Con un pensamiento abiertamente de izquierda y de carácter subversivo, siempre antepuso la poesía a la política pues la consideraba una salvación.

“Incluso aquel que escribe malos versos está salvado, solamente por la actitud dulce y limpia de escribir poesía, por haberse detenido en un sentimiento lo que es distinto a hacer daño a alguien”, dijo Palomares en una entrevista realizada en el Papel Literario, de El Nacional, en 1989.

Algunas figuras del arte y del espectáculo comentaron el sábado en las redes sociales acerca de su muerte. “Amanece y hoy el dolor se llama Ramón Palomares. La muerte se ha llevado a uno de nuestros más grandes poetas. Que reine su palabra”, dijo el escritor Leonardo Padrón. El director teatral Héctor Manrique expresó: “Hoy somos menos. Murió el poeta Ramón Palomares”.

En su partida, como en sus poemas, habita una atmósfera nostálgica que se despide y renace. “El desierto llegó a cantar un largo silencio / y las ciudades despertaron y se durmieron y se ocultaron y / desaparecieron / y volvieron a nacer” (Adiós Escuque).