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La Velada se mudó a Hamburgo

Foto Cortesía Clemencia Labin

Foto Cortesía Clemencia Labin

El encuentro se llevó a cabo por tercera vez en la ciudad alemana, con la participación de artistas venezolanos y extranjeros

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Sankt Pauli es uno de los barrios más emblemáticos de Hamburgo. Su equipo de fútbol es uno de los favoritos de la izquierda europea, los Beatles tocaron en sus bares mucho antes de hacerse famosos y tiene una escena cultural activa. Desde hace tres años, esta urbanización es sede de La Velada Remix, un encuentro de artistas contemporáneos que se gestó en el año 2000, a más de 8.000 kilómetros de Alemania, en Santa Lucía, el enclave gaitero de Maracaibo.

El puente entre las dos localidades ha sido Clemencia Labin, una zuliana que se formó en las aulas de la Academia de Arte de Hamburgo, que desde hace varios años mantiene un taller de esculturas y obras de tela en esta ciudad. Lo bautizó como Cuborosa. Precisamente ese fue el punto de partida de la tercera edición de esta actividad, que abrió sus puertas el pasado jueves y en la que este año participan aproximadamente 60 artistas.

El esquema sigue siendo el mismo: los artistas-curadores invitados llenan una maleta de obras de arte propias y ajenas, y con ellas construyen un discurso. Varios de ellos incluso cruzan el Atlántico con el apoyo económico de los Amigos de la Velada de Santa Lucía, la Fundación Cultural de Hamburgo y particulares, que este año se organizaron por primera vez para recoger fondos a través de Internet.

La noche inaugural, los espectadores fueron recibidos por tres figuras cubiertas con tejidos amarillo, azul y rojo, respectivamente, y los rostros pintados de negro, colocadas frente a un altar. Se trata de un performance o “cuadro vivo” de la propia Labin, realizado en compañía de las alemanas Melike Bilir y K. H. Müller. La acción, titulada Sorte Quibayo, amalgamó el mito de María Lionza con elementos de la cultura wayúu y dio paso a una obra sonora del venezolano Rubén Dhers.

El siguiente punto del recorrido son los garajes Sauerberg, los más antiguos de la ciudad. Allí, el ambiente con poca luz y paredes sin pintar recuerda más los espacios alternativos de Santa Lucía. Una obra en video de Stefan Mildenberger remite a la película Titanic. También es posible admirar una serie de muñecas de plástico de la artista ecuatoriano-germana Rocío Plúas, cuyo proyecto Chic Dolls germinó precisamente durante una residencia en Venezuela, que la creadora efectuó durante el año 2011.

De la maleta del alemán Swen Kählert salió el proyecto Si los satélites pudieran sentir, con piezas propias y de los artistas Sarah Jordan, Filio Katsika, Peter Lund y Gonzalo Reyes Araos.

Los venezolanos se apropiaron del hotel Pacific. Allí, los artistas usan sus propios cuartos como sala expositiva. Clemente Martínez presenta La habitación onírica, con obras de Inés Achabal, Kelvin Arévalo y Meche Rodríguez, entre otros, dispuestas en las paredes, el armario y la cama. Luis Mata lleva a cabo la propuesta Caribe: paisaje de una geografía sin nombre, en la que participan Suwon Lee, Mercedes Madriz, Pablo Millán y Marco Montiel Soto.

Armando Rosales hizo de su habitación la Producción física del mandato, con piezas de Ana Alenso, Ricardo Báez y Juan Pablo Garza, entre otros, que van de la cama al techo. La curaduría de Manuel Eduardo González se titula Buscando horizonte, aproximaciones al paisaje, y reúne obras de Carolina Barrios, Misael Carpio y María Virginia Pineda, entre otros.

El futuro de la Velada. Para Labin, la intención de La Velada Remix es propiciar puntos de encuentro entre circuitos artísticos muy locales, como una manera de contrarrestar la creciente globalización del arte, apuntalada por un número cada vez mayor de ferias internacionales. “Cada ciudad tiene su escena, su grupo de artistas, que a diferencia de los grandes nombres son accesibles al públicos. A las grandes estrellas globales uno no los puede ver en persona”.

La organizadora no descarta reanudar la Velada en Maracaibo, a pesar de que en 2013 decidió interrumpir su realización para dedicarse a sus propios proyectos artísticos. Paralelamente, le gustaría poder importar el espíritu vecinal de Santa Lucía hasta Sankt Pauli, pues los zulianos abrían las puertas de sus casas a artistas para que estos realizaran intervenciones. Eso, por ahora, no es posible hacerlo en Hamburgo.