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Vanessa Carmona: “Estoy calentando la calle desde ya”

La periodista retoma su papel de paparazzi en el programa de farándula de Televen | Henry Delgado

La periodista retoma su papel de paparazzi en el programa de farándula de Televen | Henry Delgado

La periodista retoma su papel de paparazzi en el programa de farándula de Televen. Dice que continuará con la búsqueda de primicias, pero siempre de forma respetuosa: "Me pongo en el lugar del artista"

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Vanessa Carmona expresa con un poco de pesar que ha hecho un esfuerzo enorme para eliminar de su alimentación dos de sus grandes pasiones: el café con leche y las harinas, con la finalidad de lograr una figura más esbelta. Pero hay otra adicción, quizá menos dañina, que no ha podido dejar de lado en su vida: perseguir a los artistas para conseguir una primicia. Por ese motivo cuando la productora de La Bomba, Karla Samaniego, le planteó retomar su papel de paparazzi en el programa de Televen, la periodista no pudo rechazar la oferta.

“¡Cholitas conmigo de nuevo! Las tendré en el bolso, estaré preparada para correr detrás de los famosos. Estoy lista para comer a deshoras y para dejar de lado compromisos personales. Así es este trabajo: es una pasión”, dice la reportera, que es conocida en el medio como la pionera de los paparazzi en Venezuela.

La animadora tenía un año fuera de la pantalla, desde que finalizó su contrato con Canal i, en el que estuvo al frente de programas como Las Bellas y la Bestia y Un Momento Diferente. Durante ese tiempo estuvo dedicada al espacio radial que comparte con Enrique Guart, Gigablog, que transmite la emisora 88.1 FM, y también montó una tienda de ropa con unas amigas, sociedad que ya concluyó.

“Hacer televisión es lo que me encanta, te permite crecer, te da a conocer mucho más. Es perfecto, porque además mi trabajo allí se complementa con el de la radio. Por eso acepté sin pensarlo. Es una de las pocas oportunidades que hay para estar en la pantalla nacional”, expresa.

—¿Cómo fue el proceso de negociación?

—Me llamaron hace más de tres semanas. Karla me dijo que iba a haber una reestructuración en el programa, que iba a mover a ciertas personas clave y me propuso hacer el trabajo en exteriores.

—¿En qué consiste esa reestructuración?

—Viene una nueva imagen de La Bomba, se harán cambios con varios personajes, aunque el tren principal sigue igual. La Maracuchita también permanecerá. Van a mover a El Guaro, que se va a otro proyecto, y en su lugar ingresaré yo. Se tiene estipulado que sea entre la última semana de abril y principios de mayo. Mientras, estoy buscando informaciones, retomando el ambiente de paparazzi que tanto me gusta, estoy calentando la calle desde ya. Con muchas ansias de empezar las pautas.

—¿Regresar a este puesto es lo que esperaba?

—Muchos piensan que a lo mejor puede ser un retroceso, sobre todo después de que fui ancla en Canal i, pero las mejores relaciones las he hecho en la calle, tratando directamente con el artista. Obviamente me gustaría ser ancla de La Bomba, pero todo tiene su momento. Tengo que crecer profesionalmente. Y si consideran que soy de las mejores paparazzi del país, entonces mejor me quedo allí.

—Si bien es la pionera en el país, lo que hace no se ajusta precisamente a la definición de los paparazzi de Estados Unidos o Europa, donde acosan a los artistas...

—Hay muchas opiniones sobre ese tema, yo creo que aquí hay millones, incluso los periodistas son de cierta forma paparazzi. Lo que pasa es que yo me enfoco en hacer una persecución, pero siempre respetuosa, cuidando los parámetros del artista. Llego hasta donde se puede, incluso he tenido que callar muchas cosas, pero siempre le doy la vuelta. Hay veces que uno tiene que convertirse en cómplice de las celebridades.

—¿Cuáles son sus límites?

—Siempre me pongo en el lugar del artista. Cada uno de ellos merece respeto porque tienen familias y parejas. A veces no sabemos el daño que podemos hacer a un hogar entero simplemente por un comentario o por un tweet malintencionado. Por eso hay que ejercer el periodismo con principios y con los valores que nos inculcan en la universidad. Yo no soy quién para señalar a la gente. Lo que hago es ponerle picante.

—En esta nueva etapa, ¿va a cambiar algo en su forma de reportear?

—¡La pollina! También estoy más flaca (Risas). Voy a continuar con mi línea, ahora quizá estoy un poco más exigente conmigo. Me he propuesto hacer preguntas más al grano, profundas, con contenido.