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Ugo Ulive: Uno mantiene el amor, pero no la convivencia

“Hace años que no voy al teatro, a menos que se haga algo con lo que yo tenga que ver”, señala el director / Ernesto Morgado/El Nacional

“Hace años que no voy al teatro, a menos que se haga algo con lo que yo tenga que ver”, señala el director / Ernesto Morgado/El Nacional

El dramaturgo y cineasta considera que la escena nacional no vive una época de agrupaciones importantes

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La brisa entra a su casa como una cascada y la inunda. La calma se respira en el ambiente casi selvático, poblado de plantas. En el tercer piso del edificio, sentado en su estudio, Ugo Ulive, de ojos azules y acuciosos, habla de su divorcio del teatro.

El director teatral, dramaturgo, cineasta y novelista de origen uruguayo que ronda los 80 años de edad y que se acercó a la escena en los años cuarenta ya no se tutea con ella. No sabe quiénes son los nuevos teatreros ni puede referirse a la salud de la dramaturgia nacional. Tampoco está al tanto de la movida cinematográfica y sus realizadores. No le gustan las salas de cine. Si le interesa alguna película, la compra y la ve en su casa. “Hace años que no voy al teatro, a menos que se haga algo con lo que yo tenga que ver. Le rehúyo como si le temiera. Rompimos, no sé si lo produjo él o yo”. El motivo: el fracaso, cuenta, de la pieza Un enemigo del pueblo.

Ulive fue noticia recientemente gracias al montaje que Skena realizó de una adaptación suya del Hamlet de Shakespeare. Además, el mes pasado obtuvo el VI Premio Fundación Fernando Gómez, que se le entregará el 13 de marzo en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes.

–¿Después del divorcio se le acabó el amor por el teatro?

–No. Existe ese cariño que uno le tiene a una esposa con la que estuvo por 40 años. Uno mantiene el amor, pero no la convivencia.

–¿Cómo influye en un montaje el hecho de que se presenten entre tres y cuatro obras por noche en una misma sala?

–Cuando Skena montó Hamlet me pareció conmovedor que tuvieran que sacar todo para dejar el espacio libre para otras piezas. Es un modo de trabajar que yo no conocía. Cuando hacía teatro uno montaba la obra en un escenario y ya, no se tocaba más. Influye siempre en la disminución de la calidad, porque hay que hacer concesiones. Aunque la gente de Skena no sufrió tanto.

–¿Y le gustó el montaje de Hamlet?

–Me pareció un espectáculo respetable. Hubo muchas cosas que no me gustaron, pero a nadie le gusta todo. Fue audaz y bien realizado. Me parece que el director, Armando Álvarez, tiene mucho talento, y confío en que hará cosas en el futuro.

–¿Cree que el país vive un momento de grupos teatrales de importancia? Como lo fue en su época el Nuevo Grupo, el Rajatabla en sus inicios o el Theja.

–Es una época muy peculiar. Desde que el Ministerio de Cultura cortó los subsidios a los grupos planteó otras condiciones de trabajo. El teatro tiene que ser exitoso y gastar lo menos posible. Por eso han florecido los monólogos. Y al haberse retirado de circulación salas importantes, se ha inaugurado otro tipo de espacios y se presentan muchos montajes, pero la calidad es lo discutible. La formación de compañías es importante, y eso ya no existe. Siempre es un director quien convoca a un grupo de actores para un proyecto. Lo que me parece más terrible es la situación del Rajatabla. Se murió Carlos Giménez, que era realmente un impulsor del movimiento teatral, y llegó Daniel López, que se retiró. Después falleció Paco Alfaro. Son demasiadas cosas las que le pasaron a la agrupación. Tiene a dos personas importantes a la cabeza: William López y Pepe Domínguez. Pero ya no es el mismo, desgraciadamente.

“Lo que me parece más terrible es la situación del Rajatabla. Se murió Carlos Giménez y llegó Daniel López, que se retiró. Después falleció Paco Alfaro. Tiene a dos personas importantes a la cabeza: William López y Pepe Domínguez. Pero ya no es el mismo, desgraciadamente”

Reconocimientos

El creador de piezas como Prueba de fuego y las novelas Las cenizas de Marx y Danzas tristes ha sido honrado con varios galardones. Además del Fundación Fernando Gómez –que también lo recibió el actor y artista plástico zuliano Homero Montes–, Ugo Ulive posee el Premio Nacional de Teatro 1993. Cree, sin embargo, que esos reconocimientos han perdido su brillo: “Los premios desaparecieron, no mantienen el prestigio de otros años. Han pasado a ser cosas muy secundarias y casi puedes predecir quién se lo va a ganar, sólo tienes que mirar un poco alrededor y ya tienes la respuesta. Me parece prudente que ahora los entreguen cada dos años, porque era una cantidad de dinero enorme que se daba así, fácilmente”.