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“Trabajo con los más locos”

El actor Leonardo Di Caprio / EFE

El actor Leonardo Di Caprio / EFE

La Academia de Hollywood volvió a ignorar a Leonardo DiCaprio, como tantas otras veces lo ha hecho

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Perdió (acaso sea mejor decir no ganó) su nominación como Mejor Actor de Reparto al Globo de Oro por su papel en Django sin cadenas. Y la Academia, una vez más, ni se acordó de Leonardo DiCaprio a la hora de anunciar los nombres de los postulados para el Oscar. Pero a lo largo de esta entrevista lo último que parece es un perdedor.

Nacido en Hollywood en 1974, el artista es más bien el reflejo del sueño americano, una de las estrellas más buscadas, que además tiene conciencia. Alguien que no se conforma con el primer proyecto que se le presenta y que, sin embargo, no descansa: además de Django sin cadenas, este año se le verá como protagonista en El gran Gatsby y The Wolf of Wall Street. Una trilogía que, dice, muestra “de una forma extraña” la historia de Estados Unidos, en la que tan bien encaja el intérprete que acepta órdenes de los mejores “o de los más locos”, como define a Quentin Tarantino, Baz Luhrmann y, de nuevo, por quinta vez en su carrera, Martin Scorsese.

Django sin cadena es su primer trabajo con Tarantino. ¿Por qué decidió meterse en ese jardín?

–Siempre quise trabajar con Quentin Tarantino y me atraía la audacia de un guión que durante años fue la comidilla de Hollywood, porque habla de la parte más oscura y problemática de nuestra historia, que todavía duele y que necesita ser tratada con delicadeza. Y que es lo último que alguien como Tarantino crees que hará. Su guión no sólo es capaz de comprimir todos los géneros en uno, es que no se corta ante nada. Incluso te hace reír con una historia que si en algo se desvía de la realidad es porque ésta era todavía más cruda. Quentin no tuvo miedo. Al contrario, admiré en todo momento la audacia de su historia, de sus palabras. Y esos son los directores con los que me gusta trabajar, a los que me gusta apoyar.

–Un apoyo continuo, a juzgar por un año en el que rodó tres películas consecutivas con los directores que ama.

–Junto a ellos sientes que estás con realizadores que se han pasado la vida viendo películas, personas que te puedes imaginar de adolescentes metidos en el cine o fascinados con mundos de los cuales poder sacar esas ideas que ya entonces soñaban con llevar a la pantalla. Nunca me gustó acumular tanto trabajo, pero las oportunidades eran demasiado buenas para pasar de ellas. Recibes órdenes de los más locos. Baz es un visionario con el que quise volver a trabajar desde el mismo día que acabé el rodaje de Romeo & Julieta. Y tener además la oportunidad de llevar la mayor novela americana a la pantalla en la compañía de mi amigo Tobey Maguire, con quien no trabajo desde que los dos comenzamos en Vida de este chico con 16 años de edad. Luego está la crueldad del personaje más terrible que he interpretado en mi carrera con esos diálogos tan jugosos que escribe Tarantino. Y finalmente The Wolf of Wall Street, cinta que llevaba intentando producir desde hace cinco o seis años y que me permite repetir con Marty. Además, de una forma extraña las tres están relacionadas con el sueño americano, el dinero, el éxito y la ambición por encima de cualquier sentimiento de humanidad o de cualquier ley. Todas ellas tocan los diferentes extremos de la arrogancia y no podía prescindir de ninguna.

–Incluso, como dice, a cambio de interpretar el personaje más deleznable de su carrera. ¿Cómo encontró un punto de conexión con alguien tan racista como Calvin Candie?

–No me identifiqué para nada con él, pero psicológicamente tuve que lograr una justificación para su racismo y no hacer de él un cliché. Y lo encontré en Luis XIV, alguien que es producto del ambiente en el que se crió, que se siente superior y apoya sus creencias en esa seudociencia que se inventa o dándole la vuelta a lo que lee en la Biblia para justificar en su mente lo injustificable. Me ayudó mucho charlar con Jamie Foxx y Samuel L. Jackson porque fueron ellos los que me insistieron en que tenía que interpretarlo con toda su crueldad o haría un escaso favor a lo que ocurrió en la realidad.

–Y después de un año 2012 intenso y cruel, ¿qué le espera a Leonardo DiCaprio en 2013? ¿Un merecido descanso?

–Yo sólo descanso en la ducha. O en un bosque, lejos de la civilización. Es donde estoy más cómodo. Este año me separaré de las cámaras, pero para poder dedicar todo mi tiempo a eso que me interesa, al medio ambiente, y poner en marcha el proyecto más ambicioso que he llevado nunca a cabo para hacer mella en la recuperación de nuestro planeta, algo que anunciaré a lo largo de esta temporada.