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Alba Roversi: Todavía soy profeta en mi tierra

Alba Roversi / Cortesía: Alba Roversi

Alba Roversi / Cortesía: Alba Roversi

La actriz, que llegó a Miami sin intención de quedarse, asegura que volverá al país en cuanto finalice los compromisos que tiene. Para producir mejores telenovelas venezolanas considera indispensable invertir más en tecnología

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Hace casi tres años, Alba Roversi empacó tres décadas de carrera artística y se fue a Miami para participar en los Monólogos de la vagina durante una temporada. Luego, estuvo en las tablas en Nueva York con la misma obra y presentó A tacón quitao, un programa en el canal Mega TV.

Una cosa llevó a la otra y la actriz se quedó en Estados Unidos. Antes de eso, había pensado en actuar solo de vez en cuando. Le ha costado estar lejos de su familia y de sus bienes, que no vendió antes de irse porque no planea quedarse definitivamente allá.

En cuanto al trabajo en ese país, menciona lo que se le ha hecho más difícil: las audiciones y el acento neutro. “Afortunadamente, creo que lo he logrado, pero me ha costado mucho porque yo hablo y se me sale una reina pepiada por esa boca”. Ahora interpreta a la tía Iris en Marido en alquiler, una mujer excéntrica que asegura no tiene nada que ver con ella.

Roversi indica, con pasión, que aunque está en el exterior no quiere desprenderse de Venezuela. “Cuando me dicen que estoy en el imperio, les contesto que no sean pendejos porque mi corazón está en mi tierra. A mí me duele mi país todos los días y voy a volver a mediano plazo”.

—¿Cómo llegó a Marido en alquiler?

—Con mucho sacrificio. Llegué a mi personaje después de realizar algo que nunca había hecho en Venezuela: un casting. Los venezolanos no estamos acostumbrados a participar en audiciones, por lo menos los que tenemos poco tiempo aquí en Estados Unidos.

—¿Qué ha sido lo más complicado de empezar en Miami?

—Me quedé aquí sobre la marcha, fue relativamente sencillo y por eso me considero una mujer afortunada. Lo más difícil ha sido tener que decirle a mucha gente quién soy porque las novelas venezolanas tienen muchos años que no se transmiten en Estados Unidos. Aquí mandan las producciones colombianas y mexicanas. Las venezolanas están un poco demodé y eso me da mucha lástima.

—¿Qué hace falta para que las novelas venezolanas se vean allá?

—Es importante que nos cuadremos de frente a las novelas mexicanas y a las colombianas. Según tengo entendido, en Venezuela se han hecho muy pocas producciones en alta definición. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo se pretende entrar en un mercado tan competitivo así? Los mexicanos triunfan con sus novelas rosas, reciclan historias porque a la gente le gusta que le echen el cuento de la muchacha pobre, el tipo buenote y la carta escondida. Pero eso hay que modernizarlo y hacerlo bien.

—¿Cree que ese atraso es producto de la situación del país?

—No dudo que sea complicado invertir, pero en Venezuela hay canales grandes que tienen poder y no puede ser que no se modernicen. Tienen que comprar por lo menos dos cámaras de alta definición para entrar en el mercado y recuperar el sitio que nos pertenecía.

—¿Tiene planeado regresar a Venezuela?

—Mi carrera y mi vida no están aquí. A Estados Unidos llegué por fortuna y no porque no tenga trabajo en Venezuela. Me han llamado de Venevisión, pero ya tengo compromisos aquí. Todavía soy profeta en mi tierra. Yo no salí huyendo de mi país, me quedé aquí por circunstancias.

—¿Es cierto que hizo casting para Sangre en el diván?

—Sí, hace como tres semanas. No sé nada, es todo un misterio. No me he leído el libro, pero vaya o no vaya a participar en la telenovela quiero leerlo porque aquí ha causado revuelo. Me presenté para el personaje de la madre de Roxana Vargas. ¡Ojalá quede! Aquí le estoy prendiendo velas a san Onofre.

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