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El Teatro Municipal se conmovió con Fresa y chocolate

Juan Vicente Pérez, Daniel Rodríguez y Wadih Hadaya protagonizan la obra | Leonardo Guzmán / Archivo

Juan Vicente Pérez, Daniel Rodríguez y Wadih Hadaya protagonizan la obra | Leonardo Guzmán / Archivo

El montaje dirigido por Héctor Manrique, basado en la pieza del cubano Senel Paz, tendrá otra función esta tarde

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El de ayer fue un Jueves Santo triste. El día despertó con la noticia de que en Puerto Rico Cheo Feliciano había chocado su automóvil y había fallecido. El músico y compositor se llevó al cielo sus boleros y a su india Anacaona. En el camino a lo invisible lo siguió también la actriz Mayra Alejandra Rodríguez, recordada por su papel de Leonela en la telenovela homónima, que fue vencida por el cáncer contra el que luchaba.

Y una de las más tristes despedidas fue la del genio del realismo mágico Gabriel García Márquez. El Premio Nobel de Literatura 1982 murió a los 87 años en México DF, ciudad donde había estado hospitalizado días atrás. Se fue a la eternidad el mismo día que Úrsula Iguarán ─su personaje que más vivió los Cien años de soledad─, desde donde seguirá ejerciendo, con sus rosas amarillas, el mejor oficio del mundo. “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, había escrito en su autobiografía.

Con estas noticias como contexto, continuó la tercera edición del Festival de Teatro de Caracas, organizado por Fundarte. Y con esta el estreno en el Teatro Municipal de la pieza Fresa y chocolate. Dirigido por Héctor Manrique y producido por el Grupo Actoral 80, el montaje incluyó las magníficas actuaciones de Juan Vicente Pérez, Daniel Rodríguez y Wadih Hadaya.

El oeste de la ciudad estaba repleto de fieles y vendedores ambulantes. Puestos de reliquias, morados trajes de Nazareno, palmas y velas ─4 por 20 bolívares─ seguían el camino que va de la iglesia Santa Teresa al teatro, donde hoy se ofrecerá una segunda función de la pieza original del cubano Senel Paz. Con una sala llena en casi su totalidad, por quienes habían comprado sus entradas y aquellos que llegaron a última hora, comenzó la obra con retraso, ya costumbre del festival.

A pesar de los flashes de celular y una que otra petición de silencio ─“Shhhh”, salía desde la oscuridad de las butacas─, el público siguió atento las acciones y diálogos de los personajes. Diego, intelectual, homosexual y creyente; y David, el materialista dialéctico, reían y sufrían en una Cuba lejana y cercana, que se parece a Venezuela.

Hubo tensión y hubo risas no sólo en los momentos de humor, sino también en escenas que hicieron referencia a las colas en los mercados porque había llegado el pollo o el papel tualé.

El montaje ─al que asistieron figuras como Freddy Ñañez, presidente de Fundarte, y los críticos teatrales Carlos Herrera y Edgar Moreno Uribe─, tuvo también sus episodios emotivos. Uno ocurrió cuando, entre las lágrimas e impotencia, David le dijo a Diego que no se podía ir. “Este es tu país”, le exclamó. “Sí. Pero los que gobiernan no me quieren”, le respondió el otro. El público aplaudió, algo que no había sucedido en funciones anteriores, cuando el escenario de la pieza no era el Teatro Municipal sino el Trasnocho Cultural.

Cuatro veces salieron los actores a escena al finalizar la pieza para recibir la ovación de los espectadores, que luego se tomaron fotos con ellos. Comentarios positivos se escucharon en las puertas del teatro, entre esos los de un señor que había comprado el boleto principalmente porque quería conocer la sala por dentro y había salido satisfecho con la pieza.

mcastillo@el-nacional.com

@macborgo