• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Tchaikovsky viajó al Medio Oriente a través de la Sinfónica Simón Bolívar

La orquesta interpretará hoy otro repertorio en el Royal Opera House de Mascate/ CORTESÍA FUNDAMUSICAL BOLIVAR

Sinfónica Simón Bolívar / CORTESÍA FUNDAMUSICAL BOLIVAR

Hoy probarán un repertorio didáctico en el mismo escenario de Omán y luego la gira continuará en Abu Dabi

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Contaba ayer en la tarde Eduardo Méndez Lozada, director ejecutivo del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, que el Royal Opera House de Mascate, complejo cultural que fue construido en un dos por tres en la capital de Omán, invitó a la Sinfónica Simón Bolívar y a su director titular Gustavo Dudamel desde el propio momento de su fundación, que se celebró en 2011. Pero la agenda de la orquesta y del aclamado barquisimetano no habían permitido que se concretara la cita, que procuraron fijar en época de invierno árabe, dado que en el verano las temperaturas suelen aproximarse a los 50° centígrados.

Apuntó el ejecutivo, en vísperas del histórico concierto que se ofreció anoche, que no era la primera vez que la institución actuaba en el Medio Oriente. Prefirió no ahondar en aquel acercamiento que ocurrió hace aproximadamente 30 años, cuando los músicos venezolanos desfilaron por escenarios de países asociados a la OPEP. “Tiempos ancestrales”, dijo Méndez sonriente.

Minutos después la música probó, como es costumbre, su poder unificador. En el deslumbrante teatro, Dudamel y la Bolívar quebraron las barreras culturales, religiosas y políticas. A través de armonía, ritmo y melodía, fueron más allá del petróleo y le dieron forma a una experiencia que no le cierra las puertas a nadie, salvo, en este caso, a los que no pudieran o quisieran pagar 36 riales omaníes, monto que equivale a 98 dólares.

El director, que cumplirá 33 años de edad mañana -quizá por eso su padre estaba presente en la sala-, y la agrupación, que por estos días conmemorará dos décadas de su debut, lucieron  su mejor rostro. Desde hace un par de años la Bolívar traspasó la pubertad. Primero dejó de ser infantil y luego se extirpó el título de juvenil. En el pasado quedaron las chaquetas tricolor, las vueltas a lo Salserín y los bocadillos con sabor a Mambo de Bernstein. Ahora se exhibe de gala y, con el ceño fruncido, viaja a través de complejas partituras.

No hay un aniversario redondo ni una coincidencia particular, pero en lo que respecta a la Simón Bolívar y al sistema de orquestas pareciera el año de Piotr Ilich Tchaikovsky. Al ruso le rendirán homenaje en Caracas y Los Ángeles próximamente. El domingo, en la Salle Pleyel de París, no tocaron otra cosa que no fuera producto de su inspiración. Y anoche ejecutaron exactamente el mismo programa: La tempestad, Romeo y Julieta y los cuatro movimientos de la Sinfonía N° 4.


Cruce cultural

Mascate es una ciudad pujante y limpia, de opulenta arquitectura y ciudadanos que dejan, sin la mejor alteración en el ritmo cardíaco, sus automóviles abiertos con las llaves adentro: un bocadillo para maleantes, si existieran. En ella, entre montañas rocosas, conviven la gastronomía y la estética de una cultura milenaria con vehículos Toyota, Peugeot y Nissan, y franquicias estadounidenses de comida rápida, todo con doble letrero: uno en inglés y otro que, en alfabeto árabe, intenta no traicionar el logotipo de la marca.

Antes de la visita, el personal de Fundamusical Bolívar, recibió una comunicación que contenía un código de conducta para que los venezolanos no se metieran en problemas con la ley en territorio musulmán. El documento es un tratado ultraconservador que no tiene el menor soporte real. Que está prohibido el contacto físico y las manifestaciones públicas de afecto. Que no se puede lucir ropa brillante, con escotes ni transparencias. Que hombres y mujeres deben ir por veredas distintas. Que deben cubrir hombros, pies y pechos, así como evitar los colores vivos y maquillaje llamativo. Los 81 músicos, la comitiva del sistema de orquestas y los reporteros invitados, estuvieron las 16 horas de vuelo -si se cuenta la conexión Caracas-París-Mascate- llenos de dudas que fueron desapareciendo minuto a minuto apenas andaban por la ciudad e interactuaban con los omaníes.

En la entrada del Royal Opera House se encontró un público variopinto. Muchos europeos, algunos omaníes con sus turbantes, burkas y túnicas típicas, y venezolanos que residen en el lugar o que se trasladaron desde Barhein y otros países de la región. Algunos llevaban banderas venezolanas y, entre piezas, sumaban gritos al aplauso unánime.

El sultán Qabus bin Said, que mira como una suerte de Gran Hermano en el lobby de los hoteles, en el aeropuerto y hasta en perfumerías, no estuvo presente, pero representantes del teatro informaron que unas cámaras registran todo lo ocurrido en la sala para transmitirlo en vivo en su residencia.

El concierto de anoche fue dirigido a autoridades y público en general. El de hoy será más temprano y presentará un repertorio didáctico que incluirá obras de Beethoven y el Danzón N° 2 de Arturo Márquez, en el que se sumará la pianista Vilma Sánchez, que viajó precisamente para esa tarea. Víctor Rojas, gerente general de la Sinfónica Simón Bolívar, espera que la audiencia esté integrada principalmente por niños. “Es importante para la orquesta estar en países como estos, no solo para ofrecer conciertos, sino para dar a conocer nuestro programa social. Esa es nuestra meta”.

El programa

Romance eterno


Desde que nació el sistema de orquestas, sus agrupaciones han estado enamoradas del repertorio de Piotr Ilich Tchaikovsky, a quien, en plazas con enorme profundidad cultural como París, se le conoce más por la banda sonora del ballet que por su obra abordada estrictamente desde la óptica sinfónica. Curiosamente, la agrupación madre y abuela de todas las demás, la Juvenil de la primera generación, debutó en 1978 con su Sinfonía N° 4, la misma con la que cerró anoche el concierto Gustavo Dudamel y la Simón Bolívar en Mascate, Omán. Esos artistas, que en conjunto ya son parte de una élite mundial de la música académica, crecieron interpretando obras como Romeo y Julieta y otras tantas joyas del compositor ruso. Muchos de ellos integraron esta orquesta desde muy pequeños, cuando comenzó a sonar hace 20 años.

De acuerdo con Eduardo Méndez, presidente ejecutivo de la institución, la escogencia de ese repertorio, más allá de la posibilidad de foguear a los instrumentistas para la celebración del festival que llevará el nombre del ruso y que se celebrará a finales de febrero en Los Ángeles, Estados Unidos, obedece a la necesidad de llegar a un territorio completamente nuevo abordando obras que han estudiado a profundidad. "Siempre es un reto presentarse ante un público nuevo. Ha sido una decisión artística de Gustavo Dudamel. Sin embargo, no estamos hablando de un repertorio sencillo o fácil de ejecutar. Lo que ocurre es que ellos lo conocen bien y sabemos que le funciona".