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Susy Dembo se despidió del arte a través del grabado

Un homenaje a la artista fallecida esta semana pone de relieve la calidad de su obra gráfica

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Susy Dembo tuvo varias estaciones en su paso por el arte. Fue pintora, esmaltista y vitralista, pero sobre todo grabadista. En esta última disciplina volcó toda su capacidad de experimentación y es precisamente el eje del primer homenaje póstumo que recibirá la artista, que falleció el martes.

La muestra se titula Susy Dembo y los misterios del grabado y originalmente estaba pensada como la última exposición de la creadora. Fue concebida como una antología en pequeña escala, señala la curadora Bélgica Rodríguez. El conjunto de 23 obras reúne una serie de piezas impresas en papel elaboradas entre 1974 y 2013.

El título de la exhibición alude a la naturaleza del grabado en sí. “Es una obra en la que el resultado final puede no ser precisamente el que el artista esperaba. A veces tiene un final mucho más feliz de lo que se pensaba, pero en otras ocasiones resulta todo lo contrario”, indica Rodríguez.

Esa suerte de ensayo y error era, sin embargo, lo que Dembo buscaba a la hora de sentarse a crear. Así lo refleja la muestra, pues quien visite el Museo Kern de la Unión Israelita de Caracas –comunidad a la que Dembo pertenecía­– a partir de mañana será recibido por dos obras fechadas en 1974. Aunque una es un esmalte sobre metal y la otra un aguafuerte, ambas se titulan Meditación. Serán exhibidas una al lado de la otra para reflejar el paso de lo tridimensional al papel.

De allí en lo sucesivo el recorrido es variado. Se destacan los intaglios y aguafuertes con un trasfondo religioso, mágico o mitológico, los cuales van desde la cosmogonía maya –es el caso de Chilam Balam– hasta las diversas series que la creadora le dedicó al Gólem, el ser mágico de barro de la tradición judía. En sus obras también hay alusiones a las pirámides egipcias y a seres de otros mundos.

Su interés por estos temas está ligado a su biografía personal: Dembo fue emigrante y viajera, indica Rodríguez. “La artista nació en Viena pero de niña vivió en Bolivia. Allí se interesó por las cosmogonías indígenas del Altiplano. Arranca entonces una parte esotérica y metafísica en su vida”.

Entre las piezas exhibidas hay un conjunto de obras recientes que atraen mucho la atención no sólo por la presencia de colores intensos sino también por el estilo ingenuo que le imprimió a estos trabajos. Parecen pinturas, pero en realidad son grabados experimentales y orgánicos, hechos con planchas de cartón (en lugar de metal) a los que la creadora incorporó piedras, semillas, retazos de tela y otros materiales para lograr texturas.

En esta etapa tardía, sin embargo, Dembo mantuvo un denominador común con el resto de su trabajo: la presencia de la figura humana, y en especial de la mujer. “La artista nunca abandonó el interés por la figuración, en especial por la figura humana, que desde sus inicios presentaba de manera velada, pues de un perfil podía perfectamente sacar la silueta de un pájaro o de una mariposa”, concluye Rodríguez.

Aunque a Dembo, nacida en 1936, la muerte la sorprendió en pleno montaje, la exposición abrirá sus puertas. “Por razones de duelo no se realizará una inauguración con brindis, como estaba previsto, pero de igual manera se podrá visitar la muestra de esta artista, a la que nos enorgullece tener en nuestra sala”, dijo Sonia Zilzer, gerente del Departamento de Cultura de la Unión Israelita y coordinadora de la exhibición.