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Soledad Bravo: “La luz del trópico me envolvió”

A raíz del tributo a Joan Manuel Serrat, Bravo incluyó en su repertorio “Romance de Curro el Palmo” | Foto: Leonardo Guzmán

A raíz del tributo a Joan Manuel Serrat, Bravo incluyó en su repertorio “Romance de Curro el Palmo” | Foto: Leonardo Guzmán

La cantante actuará con el contrabajista Carlos Rodríguez, el percusionista Eiter “Kiko” González y el pianista Alberto Lazo

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Soledad Bravo aún vibra al interpretar las mismas canciones que calentaban sus cuerdas vocales en la juventud. La artista, que cumplió 69 años de edad el martes, se ha encontrado en el camino piezas que representan una extensión de sí misma. Cuando siente que valen más que el oro, las convierte en su verbo, como si quisiera mostrarle al público el paisaje completo de su personalidad.  

“Siempre es bueno decirle a la gente de qué va uno, cómo es uno, que es lo que he tratado de hacer durante 45 años de carrera”, dice, animada, en un salón de conferencias de El Nacional, al que llega acompañada por Antonio Sánchez, su fiel compañero desde 1978.  

A los conciertos que ofrecerá esta noche y mañana en el Centro Cultural BOD-Corp Banca los llamó Cantos de amor y de esperanza, porque, señala: “A pesar de los reveses, tiene que aflorar la fe”. En el escenario la acompañarán el pianista Alberto Lazo, el contrabajista Carlos Rodríguez y el percusionista Eiter “Kiko” González.

—Es un formato interesante…
—Sí, porque es acústico. Resulta dulce, aterciopelado. Además, se ajusta a la sala.

—¿Qué recuerda del primer llenazo en el Aula Magna de la UCV?
—El Aula Magna estaba llena, pero no por mí. En diciembre hacían festejos, sonaba música navideña y todos iban. A mí me invitaron a cantar porque era popular entre los estudiantes. Me puse un vestido blanco y tenía una clineja hasta la cintura. Tímidamente me senté, canté “Malagueña” y eso se vino abajo. Yo me aterré. Me recibieron como si fuera una reina (risas). Fue un éxito tremendo, que me produjo pánico. Cantar me generaba muchos nervios.

—¿Sigue poniéndose nerviosa antes de salir a escena?
—¡Bastante! Son cinco minutos de terror. Lucho contra eso en el camerino y al ratico se me olvida todo.

—Un buen intérprete es también un gran seleccionador de canciones. ¿Qué tienen en común los autores a los que interpreta?
—Empecé cantando en el Teatro Experimental de Arquitectura de la UCV en aquel momento de efervescencia cultural, a finales de los años sesenta. Montábamos obras de Ionesco en un sótano chiquitico. Fue bonito porque los temas que cantaba en aquel entonces eran una búsqueda que comenzó desde las letras de García Lorca. En aquellos días me enteré de que Violeta Parra se había suicidado (1967) y yo había empezado prácticamente a actuar frente al público el año anterior. Pasé de ser una muchacha que interpretaba en el liceo canciones de moda, rancheras y boleros a interesarme por otras cosas. En Venezuela se sentía el impacto de la Guerra de Vietnam y, al mismo tiempo, comencé a tener interés por la música española. Cosas de Paco Ibáñez y de Joan Manuel Serrat, a quien nadie conocía acá. Y también me gustaban las de Violeta y Atahualpa Yupanqui. Empecé a unir esos dos mundos, el de España y el mundo latinoamericano y venezolano. En esa unión me he desarrollado durante toda la vida.

—¿Siente que allí encontró su esencia?
—¡Claro! Mi papá era republicano y estuvo cinco años preso en cárceles franquistas. Sufrimos el desarraigo, el destierro y, reflexionando en retrospectiva, pienso que toda la fusión que he hecho ha sido para buscar mi propia identidad.

—Sé que llegó muy pequeña a Catia. ¿Cómo fue el encuentro con tierra venezolana?
—Lo que más me impresionó fue la luz. Llegamos en diciembre del año 50. Eran los tiempos de Pérez Jiménez y acababan de matar a Delgado Chalbaud. Salimos del invierno español y llegamos a este fulgor. Fue literalmente salir de la oscuridad. Fue encontrarse con el desenfado, el color… La luz del trópico me envolvió y me hizo crecer.

Soledad Bravo: Cantos de amor y de esperanza
Hoy y mañana, 8:00 pm
Centro Cultural BOD-Corp Banca, La Castellana
Entradas: 366 y 610 bolívares
Venta: taquillas y www.ticketmundo.com
Información: 206-1149