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Sistema de orquestas: compromiso in crescendo

Hugo Chávez, junto al maestro José Antonio Abreu y Gustavo Dudamel

Hugo Chávez, junto al maestro José Antonio Abreu y Gustavo Dudamel

La institución creada por José Antonio Abreu en 1975 experimentó un notable proceso de expansión a partir de 1999, pero debió intensificar sus colores políticos y sufrir los embates de una polarización que ha caracterizado al país desde la llegada de Chávez

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No tardaron Hugo Chávez Frías y sus colaboradores en comprender que los preceptos del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, una institución creada durante el primer período presidencial de Carlos Andrés Pérez, calaban perfectamente en el discurso de la revolución bolivariana.

A pesar de que las partituras tenían origen europeo ­mucho Bach, Mozart y Beethoven y nada de arpa, cuatro y maracas­ el proyecto, ejemplo de eficiencia y constancia en un país en el que la mayoría de las iniciativas suele extinguirse o caducar, poseía un valor social inequívoco: buscaba rescatar a niños y jóvenes de la pobreza para introducirlos en los hermosos caminos de la música clásica.

Los alcances de un engranaje como el que inventó el músico, político y visionario José Antonio Abreu hace 38 años pueden medirse en número de núcleos, matrículas, orquestas, giras y conciertos, pero va más allá de lo cuantitativo. Lo ha dicho el ahora director ejecutivo Eduardo Méndez: la enseñanza colectiva como método es la clave porque bajo las corcheas y las semifusas subyace la disciplina, el trabajo en equipo y la solidaridad.

Si bien la obra de Abreu nació y creció durante los años en los que el poder estaba en manos de Acción Democrática y Copei, en tiempos del chavismo se afianzó. La entidad, que perteneció al Ministerio de la Familia, luego pasó de la cartera de Salud y Desarrollo Social a la de Participación Popular, del Ministerio de las Comunas a la Vicepresidencia y, finalmente, a la Presidencia. Durante la seguidilla de traspasos, que jamás incluyó al Conac ni al Ministerio de Cultura, creció de 80 a 296 núcleos. En 1999 eran 73.698 los niños enrolados en el sistema. Actualmente son 398.000.

También se crearon orquestas juveniles de alto perfil, además de ensambles y agrupaciones.

Nacieron atractivas propuestas que exploran el jazz, el rock y la música venezolana y caribeña. El sueño se cristalizó a tal punto que el maestro y los precoces instrumentistas asistieron el 24 de octubre de 2008 al Teatro Campoamor de Oviedo, España, para recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, galardón de enorme peso histórico.

El joven maravilla. Alfredo Rugeles, que el año pasado cumplió 30 años como director orquestal, indica que una feliz coincidencia ha contribuido con la proyección de la institución. Es el crecimiento y apogeo del actual líder de la Filarmónica de Los Ángeles: "Para el sistema de orquestas ha sido fundamental el auge de jóvenes como Gustavo Dudamel, así como Christian Vásquez, Diego Matheuz y Joshua Dos Santos, que han resultado grandes inspiradores".

Rugeles, defensor a ultranza de los compositores ­oficio al que se dedicó de lleno antes de viajar a Düsseldorf a dominar el arte de la batuta­, sigue deseando que haya mayor exposición para los autores contemporáneos. Sin embargo, reconoce que en épocas recientes, gracias a las orquestas, se han dado a conocer obras de venezolanos en el mundo.

También le complace que se haya construido un templo para el quehacer musical.

El Centro de Acción Social por la Música es una edificación concebida para ensayos y presentaciones, con archivos de partituras y una flamante sala Simón Bolívar con asientos diseñados por Carlos Cruz-Diez. Comenzó a funcionar en 2008, pero esperó que la agenda presidencial permitiera inaugurarlo por todo lo alto el 12 de febrero de 2011, cuando Hugo Chávez cortó la cinta en las puertas del lugar que está ubicado en el bulevar Amador Bendayán de Quebrada Honda.

José Pulido, experimentado periodista, poeta y autor del libro La sinfonía del barrio sobre Dudamel, considera que apoyar la música y apostar por su desarrollo es más fácil y grato para el Estado que darle soporte a otras disciplinas artísticas porque es un factor que unifica multitudes. Además, señala, "el trabajo social fluye con naturalidad".

El escritor, que recientemente publicó su novela El requetemuerto, cree que es destacable la proyección internacional de la obra de Abreu y su réplica en otros países: "El sistema de orquestas se ha convertido en una especie de exportación cultural de Venezuela que podría traer un reconocimiento mayor, como el Premio Nobel de la Paz".

La era roja. El viernes pasado abundaron en las redes sociales las críticas a José Antonio Abreu y a su protegido Gustavo Dudamel, quien hizo guardia de honor al presidente Hugo Chávez en capilla ardiente, al lado de glorias deportivas como Rubén Limardo y de personalidades de la farándula, como Winston Vallenilla. Momentos como ése, en los que las diferencias políticas han quebrado la unánime aclamación que generalmente envuelve a la figura del barquisimetano, han sido recurrentes en el último lustro.

Lo atacaron durante las celebraciones del bicentenario, a pesar de que se trataban de actos oficiales que en principio no tenían tintes políticos.

También lo hicieron cuando participó en una inoportuna ceremonia con Elías Jaua, justo antes de las elecciones que le ganó Henrique Capriles Radonski para mantenerse como gobernador de Miranda.

El pasado 22 de diciembre Dudamel y dos niños, en representación del sistema orquestas, colocaron la primera piedra del Complejo Internacional Simón Bolívar, que lleva el mismo apellido: Acción Social por la Música. En el acto estuvieron presentes Abreu, el ahora canciller Elías Jaua y el viceministro de Relaciones Exteriores, Temir Porras, que asistió en representación del entonces vicepresidente Nicolás Maduro y que volvió a ser parte de la película en febrero, cuando se decretó una nueva junta directiva.

La fórmula que rige al sistema se alteró con la incorporación de funcionarios que no tienen experiencia en el área de gestión cultural, mucho menos musical. Al lado de Eduardo Méndez, director ejecutivo; Abreu, fundador y personaje esencial; están Gregory Carreño, director orquestal, y Alberto Grau, impulsor del movimiento coral en el país. Pero saltaron a la vista los nombres de Porras y Jesse Chacón, militar que ejerció cargos de importancia en el gobierno de Chávez.

Fue director general de Conatel, así como ministro de Comunicación; de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias; de Interior y Justicia; de Telecomunicaciones e Informática y del Despacho de la Presidencia. Nunca estuvo cerca de la cultura o el desarrollo social. El nombramiento, publicado en Gaceta Oficial el 14 de febrero, funciona como epílogo para este capítulo en la historia del sistema de orquestas.

Chauvinismo

La semana pasada cumplió ocho años en vigencia la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. Tanto su promulgación, como la creación del Centro Nacional del Disco, fueron algunos de los hechos más significativos en materia musical. El marco legal facilitó la presencia en emisoras radiales de ensambles como los que hacen vida en la Movida Acústica Urbana y otros cultores de lo tradicional y lo contemporáneo. Además, contribuyó con la exposición del pop rock. Sobre esas corrientes, comenta Félix Allueva, presidente de la Fundación Nuevas Bandas: "Me apego a la teoría marxista del materialismo histórico, que es la dialéctica. Todo tiene su lado bueno y malo, y las cosas están en constante cambio. Es necesario ver la ley como algo complejo y no unilateral. Creo que los grupos han tenido indudablemente más presencia en medios, sobre todo en radio. Lo que ocurre es que lo obligado no funciona. Otra cosa: a veces la legislación no se puede aplicar en categorías que rayan en el venezolanismo. Esa es una visión chauvinista atrasada, que representa un peligro. Antes de la ley debe existir un análisis global de la industria de la música. Una mesa necesita varias patas para sostenerse, con una sola no puede.

Los legisladores hicieron una propuesta unilateral. No bastaba con la difusión radial. Faltaban otros aspectos, como la producción, la legislación en materia de derechos de autor, el apoyo a las presentaciones en directo y muchos aspectos más".