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El Sistema depositó una semilla en el Círculo Polar Ártico

El guatireño logró crear una pequeña agrupación con niños de Groenlandia que han sufrido las consecuencias de la desintegración familiar | Foto: Cortesía Galya Morrell

El guatireño logró crear una pequeña agrupación con niños de Groenlandia que han sufrido las consecuencias de la desintegración familiar | Foto: Cortesía Galya Morrell

El pedagogo, formado en Guatire, fue becado para participar en el programa Uummannaq Music

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Ron Davis Álvarez no sueña con ser un director famoso. No quiere levantar la batuta frente a una orquesta consagrada, ni recibir ovaciones en un majestuoso teatro europeo después de una gran sinfonía. Al músico, formado en el Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, le interesa encargarse de un puñado de niños que no saben de corcheas, pentagramas ni clave de sol. Le apasiona cuando el reloj de su formación comienza desde cero y las agujas avanzan a un ritmo vertiginoso.
El pedagogo de 26 años de edad comenzó a estudiar en el núcleo de Guatire, cercano a la casa de su abuela. Como violinista, se ha destacado. Ha integrado la Orquesta de Juventudes Francisco de Miranda y ha participado en el Festival Nuevo Mundo. Ha recibido clases en Alemania y cursos de dirección orquestal con el argentino Mario Benzecry.
En la entrevista, que ofrece en el Centro de Acción Social por la Música, no menciona ninguno de esos datos. Más bien, se enorgullece de las lecciones que ha dado en estados como Amazonas, Sucre y Trujillo, adonde el Sistema lo ha llevado por su extraordinaria capacidad para hacer que un grupo niños traviesos empiece a construir melodías. Habla, siempre a mil revoluciones, sobre las presentaciones en comunidades de Miranda: “Una vez, en El Desvío, no teníamos público y fuimos tocando puertas para anunciar el concierto. Fue maravilloso ver las caras de la gente cuando escuchaban a Beethoven justo afuera de sus casas”.
Álvarez acaba de regresar de Groenlandia y Dinamarca, lugares en los que ha estado desde marzo del año pasado. ¿Pero cómo y para qué un destacado músico de Guatire termina viviendo a 30 grados bajo cero, transportándose sobre hielo en trineos llevados por perros salvajes, sin comerse ni una sola arepa y comunicándose con su familia sólo a través de un costosísimo servicio de Skype?   

La beca. Virginia Largo, su profesora en el Instituto de Estudios Musicales –ahora Unearte–, le recomendó aplicar para una beca creada por el Uummannaq Children Home. El programa le permitió realizar una gira de conciertos con el pianista estadounidense Joel Spiegelman y dar lecciones durante 3 meses en el orfanato, que atiende a niños con problemas de comunicación y conducta como consecuencias de la desintegración familiar, algunas veces por muertes violentas: Groenlandia tiene la tasa de suicidios más alta en el mundo; según el Centro de Salud Pública de ese país, 100 de cada 100.000 habitantes se quitan la vida.
Spiegelman fue cautivado por el video que envió el venezolano. Sus tres grandes virtudes –su destreza con el instrumento, su vocación docente y su sensibilidad social– le abrieron las puertas de un lugar recóndito y, para muchos, indeseado. Juntos, se presentaron en Nuuk, Uummannaq, Ilulissat y Karsut Fjord, frente a personalidades importantes.
A Álvarez, quien no hablaba inglés, danés, ni mucho menos kalaallisut –el dialecto groenlandés–, le explicaron que era prácticamente imposible juntar a los niños para que recibieran lecciones grupales. “Yo sentía la necesidad de unir a la gente. La única manera que aprendí a enseñar fue con el Sistema venezolano, que es diferente de la pedagogía europea. El primer día no logré nada, pero insistí y al final pude. Tuve que aprender su idioma, vestirme de payaso, usar zapatos gigantes y subirme a las mesas. Ser extrovertido para obligarlos a abrirse”.

Ovación sobre hielo. Para llegar a Uummannaq, desde Caracas, es necesario subirse en 6 aviones y un helicóptero. Dependiendo de la época, hay noches o días de 24 horas. “Cuando llegué, le escribí a mi familia: ‘Esto es impresionante. Todo es blanco”, cuenta. El pueblo vive de la pesca. El transporte se hace en trineos y, en agosto, en lanchas que se enfrentan con la posibilidad de tsunamis generados por la ruptura de icebergs.
A ese lugar llegó el guatireño y creó una pequeña agrupación de 12 músicos, que impresionó a todos. Tanto así que lo contrataron para quedarse enseñando, entre Copenhague y Groenlandia. Han dado conciertos sobre el hielo y en botes. “Yo nunca he tocado en un teatro gigantesco, pero aquello fue fabuloso”. Los resultados lo obligaron a viajar a Venezuela a presentarle una propuesta al maestro José Antonio Abreu: crear la primera orquesta infantil del Círculo Polar Ártico.