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La Simón Bolívar coloreó Omán

Ayer la delegación del sistema de orquestas se trasladó a Abu Dabi, donde continuará la gira de recitales y reuniones por el Medio Oriente 

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La Sinfónica Simón Bolívar mostró dos facetas al público de Omán. Primero exhibió el ahora. Luego aprovechó un programa de recitales llamado Family Concerts, a través del cual el Royal Opera House de Mascate convoca a toda la familia, y en especial a los niños, para recordar viejas costumbres, como quien revisa un álbum de fotografías para enseñarle a la visita cómo lucía de niño o adolescente.

La diapositiva del presente se proyectó el viernes. Gustavo Dudamel y la orquesta con la que ha sido ovacionado en decenas de países del mundo interpretaron un repertorio totalmente concentrado en Pyotr Ilyich Tchaikovsky. El sábado –último día de la semana para los omaníes– sacaron una polaroid.

Del ruso, al que le dedicarán un festival a finales de febrero, insistieron con Romero y Julieta en una interpretación más sentida, más sutil, que aprovechó la acústica de la deslumbrante sala. Pero lo demás fue todo nuevo para esa audiencia. Desde la antesala, se podía sospechar que no sería un recital solemne y denso.

Muchos niños estaban presentes, al igual que familias venezolanas que residen en tierra árabe. “Nunca había visto banderas en este teatro”, dijo sorprendida Sarah McDonald, canadiense reportera del diario Times of Oman. También delataba la intención las bolsitas a los pies de los artistas, que contenían las chaquetas tricolores.

Dudamel fue aplaudido desde que salió al escenario, como es costumbre. El presentador le pidió unas palabras y él se las concedió: “Estamos muy contentos de estar aquí. Nuestro país está muy lejos (casi 13.000 kilómetros). Igual nos alegra ver a algunos venezolanos por acá. Nos encanta compartir el poder que tiene la música”.

El barquisimetano, director titular de la Filarmónica de Los Ángeles, anunció que tocarían algo de Tchaikovsky y un par de sorpresas. Y dijo que abordarían la Sinfonía 5° de Ludwing van Beethoven, la primera que sonó. Confesó que le gustaba porque no era acompañada por ningún texto y solo las notas eran las que generaban esa “sensación de lucha por la fe”. También bromeó: “Vamos a tocarla, que es lo que nos gusta. Explicar estas obras maestras puede ser aburrido”.

Una vez que cumplieron con el par de clásicos, uno del ruso y otro del alemán, llegó el momento de la latinidad, para el que se sumaron percusionistas y trompetistas. En el Danzón N° 2 de Arturo Márquez, Dudamel bailó con la pieza. Una vez que interpretaron la obra del mexicano, fueron apagadas las luces del teatro. Cuando las encendieron, los músicos lucían las chaquetas, el cotillón de la noche. A algunos no les dio tiempo y la luz los sorprendió a medio camino en la transformación.

Allí comenzó el segundo capítulo de la visita. La orquesta coloreó el Royal Opera House de Mascate a través del “Mambo” de West Side Story, escrito por Leonard Bernstein, que solía ser un bis obligado en el pasado; el “Malambo” tomado de la suite Estancia del argentino Alberto Ginastera; y el “Alma llanera”.

Mientras sonó el himno venezolano no oficial, el maraquero Jair Acosta caminó hasta el frente para acentuar la raíz tradicional y algunos compatriotas establecidos fuera de las fronteras bolivarianas cantaron con sentimiento. Al culminar, en medio de la ovación, los músicos lanzaron sus chaquetas al público.

Fue curioso ver, a la salida del teatro, no sólo a los niños que comentaban en sus palabras la emoción que sintieron, sino presenciar cómo musulmanes sonrientes se colocaban el amarillo, azul y rojo sobre sus túnicas. 




MASCATE


gguarache@el-nacional.com