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Simón Alberto Consalvi, virtudes y evasiones

Bautizo libro Consalvi | Foto Williams Marrero

Bautizo libro Consalvi | Foto Williams Marrero

Diego Arroyo Gil  es el autor de la obra que exalta el legado del político, diplomático y periodista

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Durante siete años Diego Arroyo Gil mantuvo una relación profesional con Simón Alberto Consalvi, que se convirtió en una gran amistad. Sin embargo, el periodista, historiador y político establecía una frontera que pocos podían atravesar.

“Ese límite fue lo que hizo rica la investigación, rehacer el personaje desde la ausencia. Nunca hubiera podido escribir la biografía si él hubiera estado vivo”, afirma el autor de Simón Alberto Consalvi, el libro que se editó en homenaje al intelectual y que forma parte de la Biblioteca Biográfica Venezolana.

Arroyo nunca se imaginó que Consalvi iba a ser uno de los personajes de la colección que dirigió hasta la fecha de su muerte y que hoy cuenta con 150 títulos. “Con él sucede algo muy raro. A pesar de que tenía 85 años de edad era imposible imaginar que muriera”. Nunca figuró el momento de su fallecimiento, ocurrido el 11 de marzo de 2013.

El periodista se propuso no ser benevolente con el personaje, por lo que en el libro se adentra -con suspicacia- en hechos aún no desentrañados del todo en los que el político estuvo involucrado.

“Hay un episodio que él debió haber testimoniado mucho más. Era muy elusivo, se escabullía demasiado cuando alguien se lo planteaba. Seguramente le incomodaba porque era consciente de que debió haber obligado a que se investigara más”, afirma el autor de la biografía publicada por Libros El Nacional y Bancaribe, que se bautizó el miércoles en la sede del diario.

Se refiere a la noche del 26 de octubre de 1988. Consalvi, en ese momento ministro de Relaciones Interiores, era el presidente encargado de Venezuela porque Jaime Lusinchi se encontraba en una reunión en Uruguay. Intentaron dar un golpe de Estado, pero por torpezas de los insurrectos el plan fracasó. “Se trató de no darle mucha importancia entonces a los movimientos militares y no se investigó lo suficiente. Se cree que esa intentona constituyó la primera parada de lo que después fue el 4 de febrero de 1992”, indica.

Legado de un hombre. Diego Arroyo describe a Simón Alberto Consalvi como un hombre de Estado. “No a toda persona que haya estado en el poder se le puede llamar así, porque a veces el hecho de ser parte del poder pervierte. Pero eso no ocurrió con él, que ostentó altísimos cargos en el gobierno”, señala el escritor de la biografía que será presentada esta tarde en el Festival de la Lectura Chacao.

Asegura que el valor de quien era editor adjunto de El Nacional al momento de su muerte está en los aportes a la gestión pública, sus servicios a la nación y el legado historiográfico. “Hay un aspecto en particular que se debe destacar: no solo daba conocimiento, demostraba una manera de ser humano. No renunció ni un solo día a que el país podía ser mejor”.

A manera de anécdota, Arroyo cuenta algo que no aparece en la biografía y es que funcionarios chavistas sentían mucho respeto por quien también fue embajador de Venezuela en Washington. “Algunos hombres del gobierno de Hugo Chávez le llegaron a ofrecer cargos. Eso no está en el libro. La respuesta de él fue negativa. Decía que no podía trabajar en lo que no creía. Lo sé por un familiar de él, pero me hubiera gustado que me lo confirmara quien se lo propuso, pero no estaba en capacidad de sentarme frente a él”.