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"Siento como si me hubiera ganado la lotería"

El actor Bradley Cooper / AFP

El actor Bradley Cooper / AFP

Nominado al Oscar por su notable trabajo en Los juegos del destino, la estrella de ¿Qué pasó ayer? demuestra que es más que una cara bonita. Junto con Robert De Niro y Jennifer Lawrence, este nuevo integrante de la lista A de Hollywood es el motor de una de las cintas sorpresa de la temporada, con ocho candidaturas al premio de la Academia

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Bradley Cooper se hizo mundialmente famoso por andar de fiesta en fiesta en ¿Qué pasó ayer?, esas graciosas películas que le dieron otra dimensión a las despedidas de solteros. De alguna manera, los matrimonios le han ayudado en su carrera, pues también se recuerda su irrupción como el villano de Los rompebodas (2005), otra comedia light de Hollywood, pero que no fue ninguna vitrina para el talento que posee este intérprete de 38 años de edad que ahora fue nominado al Oscar como Mejor Actor por su papel en Los juegos del destino, del director David O. Russell.

Él no pretende olvidar su pasado más frívolo en el cine, pero acaba de escaparse del círculo de la pereza que significa ser tan sólo un galán y comenzó a ser reconocido como uno de los actores fuertes de la lista A de Hollywood. “Ha sido mucho trabajo llegar hasta acá”, dijo en el Festival de Toronto, la verdadera antesala del Oscar y en el que Los juegos del destino ganó el People’s Choice Award, el mismo galardón que antes recibieron El discurso del rey y Quién quiere ser millonario, ambas cintas premiadas después con la estatuilla de oro de la Academia. Es decir, el filme protagonizado por Bradley Cooper suena fuerte para la ceremonia del 24 de febrero en Los Ángeles.

La película está postulada en ocho categorías, entre ellas, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actriz y Mejor Actor de Reparto.

En este largometraje que ha revolucionado la temporada de premios, Cooper es Pat Solitano, un profesor bipolar que abandona una institución mental. Es dado de alta y vuelve a vivir de nuevo con sus padres, a cargo de un entrañable Robert De Niro y la sólida Jacki Weaver.

Pat es un personaje dolido, atormentado, que tuvo una crisis cuando descubrió a su mujer con otro y ahora, lleno de ansiedad, desorientado, tiene sólo una obsesión: recuperar a su esposa. La actuación de Cooper, muy bien lograda, transmite un exagerado optimismo, asentado en la irrealidad de su fantasía: regresar a la vida que tenía antes de su colapso.

Y las cosas van mejor cuando comienza la química pura con una vecina alocada y por la que empieza a sentir una atracción profunda, personaje que encarna la talentosa y muy joven Jennifer Lawrence.

“En mi caso, siento como si me hubiera ganado la lotería con esta película. No puedo creer que tuve la oportunidad de trabajar con David O. Russell. Es un sueño hecho realidad”, dice el artista, completamente feliz porque Los juegos del destino, entre otras cosas, está ambientada en la ciudad que lo vio crecer: Filadelfia, Estados Unidos.

Y complementa el director, artífice en esto de sacar lo mejor de los actores con los que trabaja, como hizo con Christian Bale en El luchador. “Este hombre, Bradley Cooper, que conocí en Los rompebodas tiene una intensidad y una rabia que encontré personalmente un poco intimidante. Yo estaba emocionado de poner a un tipo así en la película porque era como el personaje”.

 

El personaje

De alguna manera hay paralelos entre el actor y su papel. Bradley Cooper, después de casi dos décadas de ser el chico con buen look, ahora está encontrando el balance que siempre quiso tener. Y su personaje, Pat, es un hombre que desea mostrarle al mundo lo bueno que es, lo bien que está, pese a su paso por un instituto mental.

¿Y cómo logró llegar a una de las actuaciones de su vida? La respuesta es simple: “Yo seguí las instrucciones del director. Todo comenzó con el guión y luego seguí hacia el lugar al que él quería llevarme (...) Lo bonito de hacer una película con David O. Russell es que exploras caminos muy diferentes en el set y cada uno te lleva a un lugar diferente, donde al final obtienes más y más profundidad. Estaba aprendiendo a medida que lo interpretaba, lo que como actor creo que es algo caído del cielo, porque no sólo trabajas con tu cerebro, sino con el cuerpo, la voz y la respiración”.

Además, dice, se trató de un método y proceso acucioso en búsqueda del arte verdadero. Algo que este intérprete sabe hacer. No porque lo vean en el cine relajado y completamente informal quiere decir que es alguien frívolo. Todo lo contrario. Lo han descrito como un hombre con un rico mundo interior, habla francés de manera fluida –muchas de las entrevistas a medios francófonos las hace en ese idioma sin reparos– y no toma ni una gota de alcohol desde los 29 años de edad. “Yo estaba en una fiesta, y deliberadamente golpeé mi cabeza contra el suelo de cemento. Lo hice otra vez y pasé la noche en el hospital, esperando a que me tomaran puntos en la herida”, reveló. “Desde ese momento decidí no beber ni consumir drogas nunca más. Ser sobrio es de gran ayuda. Recuerdo que miré mi vida, mi casa, mis perros y pensé: ‘¿Qué está pasando?’. Yo estaba tan preocupado de lo que la gente dijera de mí. Sólo vivía en mi cabeza y me di cuenta de que no iba a la altura de mi potencial, así que me dije: ‘Esto realmente va a arruinar mi vida”.

El haber tocado fondo ayuda para hacer un personaje que también pasa por lo mismo. “El objetivo es llegar a ese lugar donde crees todo lo que estás diciendo. Y viene de lo más profundo”, expresa Cooper con esa sabiduría que muy pocos actores logran tener y que es más frecuente escuchar entre directores. “Se oye tu voz y en realidad se siente como si estuvieras hablando con normalidad cuando haces un personaje así. Y para llegar a ese lugar, hay que hacer miles de cosas. Es tu imaginación, se trata de encontrar cosas dentro de ti, de la gente que conozco. Siempre son aspectos diferentes. Pero esperas llegar a ese lugar donde realmente crees exactamente lo que estás diciendo, de modo que ya no tienes que actuar”.