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Andrés Calamaro: "Siempre está el deseo de inventar algo que no existe"

El cantante argentino Andrés Calamaro | Williams Marrero

Calamaro ha desarrollado una actividad frenética en las redes sociales | Foto WILLIAMS MARRERO / ARCHIVO

El cantautor argentino continúa por la senda autobiográfica en Bohemio, su más reciente disco

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Ciertamente, ha habido silencios mayores en la trayectoria de Andrés Calamaro. Entre 2000, año de la publicación de El salmón, y 2006, fecha de El palacio de las flores, colaboración con el histórico Litto Nebbia, no hubo ningún lanzamiento oficial de material nuevo. Pero lo chocante de la pausa entre On the rock (2010) y el actual Bohemio reside en que el músico argentino ha desarrollado una actividad frenética en las redes. Aparte de estruendosas controversias, ha colocado cerca de 2.000 injertos (él los llama mash-ups, a lo anglosajón) en los que experimenta con grabaciones y voces ajenas, con el seudónimo A$K.

“De repente me encontré grabando sin tocar instrumentos, buceando en discografías; recortando monólogos de Kerouac, Burroughs o Henry Miller; la palabra folklórica de Atahualpa Yupanqui y José Larralde; volviendo a King Crimson o Can, reconociendo terrenos ocupados por el hip hop y el heavy metal extremo. Siempre está el deseo de grabar e inventar algo que no existe”, indica el artista nacido en Buenos Aires en 1961.

No teman. Para su reaparición discográfica, Calamaro se presenta conciso, limpio y accesible: diez canciones cercanas al rock suave californiano (aunque él prefiere citar a los Stones más country), en las que únicamente canta. ¿Un Calamaro que no toca nada? Exacto: “Cuando entramos a grabar, estaba ensayando con el grupo actual y quise involucrarlos a todos. Tengo unos compañeros buenísimos que Cachorro López, el productor, reconoció inmediatamente como elementos valiosos para la grabación”.

Bohemio abre con “Belgrano”, retrato de su relación con el desaparecido Luis Alberto Spinetta, quizás el más ambicioso de los creadores del rock argentino. El tema principal sorprende: ¿es un proyecto de tango o un bolero rebelde? “Parece un punto intermedio o un lugar que no figura en los mapas. Aunque ningún tanguista lo reconocería como hijo legítimo, es probable que si un bolerista accediera a cantarlo o adoptarlo saldría algo interesante”.

Como siempre, Calamaro es esencialmente autobiográfico. Dado que ha vivido recientemente turbulencias emocionales, resulta pertinente evocar su atormentado final de siglo: “Efectivamente, recordé Honestidad brutal al grabar “Rehenes” o “Plástico fino”. Tienen el ingrediente de la sinceridad brutal, son menos metafóricas de lo que parecen”.

A diferencia del álbum editado en 1999, este no rezuma amargura ni autocompasión. Retrata a alguien que asume su pasado y se muestra optimista con el presente. Pero no crean que estamos ante un manso. Calamaro lamenta no ser mejor valorado en España, donde ha vivido durante algún tiempo: “Extrañamente, mis balances antológicos no fueron bien considerados; Obras incompletas y Salmonalipsis now son cajas pensadas para enriquecer la comprensión de mi obra. Estas ediciones son muy prestigiosas en Inglaterra y Estados Unidos; la crítica española ignoró su existencia, o entendió que eran una estrategia maquiavélica de la compañía discográfica para estafar a los oyentes”.