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Sergio del Molino: “Tiendo a literaturizar mis experiencias”

Ejemplo de la llamada literatura del duelo, la novela del español está dedicada a su segundo hijo, Daniel | FOTO: Leonardo Guzmán

Ejemplo de la llamada literatura del duelo, la novela del español está dedicada a su segundo hijo, Daniel | FOTO: Leonardo Guzmán

En La hora violeta demuestra que la literatura es lo único que queda cuando la muerte acaba con el sentido de la existencia

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La segunda novela de Sergio del Molino es el testimonio brutal de la muerte de un niño, escrito desde la perspectiva de su progenitor. “Los hijos que se quedan sin padres son huérfanos, y los cónyuges que cierran los ojos del cadáver de su pareja son viudos. Pero los padres no tenemos nombre ni estado civil (...) Mi hijo Pablo tenía 10 meses cuando ingresó en el hospital, y estaba a punto de cumplir 2 años cuando arrojamos sus cenizas. Ese es el tiempo de nuestra hora violeta”, cuenta en la primera página del libro el autor que estuvo esta semana en Venezuela para participar en varios encuentros literarios. La sinceridad de la cita marca el tono de La hora violeta, en la que el reportero madrileño de 34 años de edad radicado en Zaragoza hace un recuento de la agonía de su primogénito, que sufría leucemia.

–La literatura del duelo parece sustentarse sobre la capacidad de universalizar el dolor individual a través de la palabra. ¿Pensó antes de sentarse a escribir que la muerte de su hijo sería tema de un libro?

–Mientras estuvo enfermo escribía cosas inconexas, porque tiendo a literaturizar mis experiencias sin razón alguna, pero no tuve consciencia de haber escrito un libro hasta mucho después de su muerte. Ninguno de esos materiales ha pasado a la novela, porque eran resentidos y rabiosos y no quería que fuera amarga, sino más bien triste, intensa y dolorosa.

–La narración directa y testimonial se destaca en el libro, así como en lo mejor del nuevo periodismo estadounidense. ¿Se trata de la catarsis del reportero ante la desgracia personal?

–Destruyéndome como reportero, la experiencia de la literatura del dolor me ha permitido entender algo que intuía antes pero que no comprendía bien y es que a través del periodismo es difícil acercarse a experiencias como las de La hora violeta. El reporterismo busca el estereotipo, los casos representativos de algo, y yo necesitaba narrar un caso excepcional. Entre la literatura y el periodismo hay terrenos de sombras grandes en los que mucha gente se mueve brillantemente. Eso es lo que a mí me interesa explorar.

–Ha dicho que reivindica la inutilidad de la literatura. ¿La crítica contemporánea ha sobredimensionado el papel social de la palabra escrita?

–Mi propuesta de la inutilidad de la literatura es política y tiene que ver con la resistencia estética vinculada a un modo de ser occidental. Desde el Renacimiento nuestras sociedades toleran la existencia de vagos a los cuales les pagan para que exploren desde el arte la condición humana. La crisis financiera en Europa ha puesto eso en entredicho y la reacción de muchos escritores jóvenes en España ha sido dedicarse a hacer obras más intimistas y centradas en la bella frase. Eso es un símbolo de resistencia.