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Ruddy Rodríguez: “Sólo le tengo miedo a los vivos”

Ruddy Rodríguez: "Sé lo que quiero ser, una actriz integral que disfrutará todas sus edades" | Foto ARCHIVO

Ruddy Rodríguez: "Sé lo que quiero ser, una actriz integral que disfrutará todas sus edades" | Foto ARCHIVO

“Nunca trataré de ocultar mi edad”, dice sobre sus más recientes papeles menos glamorosos en el cine venezolano y la televisión por suscripción

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Protagoniza el primer estreno venezolano de terror y da la impresión de que ella pasó por la película, pero la película no pasó por ella. “Le tengo miedo a los vivos”, concluye con la misma sabiduría del profesor Albus Dumbledore de la saga Harry Potter.

Sin muchos traumatismos, Ruddy Rodríguez ha estado haciendo la transición de la bomba sexy de telenovelas como la colombiana La ex a papeles maternales y de edad madura, como se constata en su envejecida Dulce del thriller sobrenatural nacional La casa del fin de los tiempos y en su despelucada Carmenza de la serie para la televisión por suscripción Cumbia Ninja, que se grabó en Bogotá y se estrenará a finales de año en la cadena Fox.  

“Yo no le paro a eso ni es una cuestión que trato de ocultar. Yo tengo una edad y todos los días me acerco a un nuevo cumpleaños. Yo sé quién voy a ser: una actriz integral que va a disfrutar todas sus edades”, se amotina la invitada especial que capturó más fotos de smartphones entre el público del IX Festival del Cine Venezolano de Mérida.

Un calamar de maquillaje. “Del personaje en La casa del fin de los tiempos, lo más importante es la carga emocional. Yo estaba agotada física y mentalmente. No me vuelvo a calar más nunca en mi vida ese calamar de maquillarme para volverme 30 años más anciana. Pero eso se vive sólo una vez y tenía que experimentarlo. La próxima vez que haga una vieja será cuando tenga 75 años de verdad”, reflexiona sobre las agotadores sesiones de 8 o 10 horas con el especialista argentino Alex Mathews, un discípulo del maquillador de El exorcista, Dick Smith.

En Mérida, casi sufrió un coma diabético, dice, con hartadas de pan andino, guayaba, arequipe y dulce de leche. La anzoatiguense radicada en Colombia, que se quedará una semana más en Venezuela, tiene un ojo en el séptimo arte y el otro dividido entre los seminarios de la fundación Camino a la Felicidad y su empresa personal de cosméticos. Busca financiamiento para su próxima película con Haik Gazarian, el director de Venezzia (2009), pero por ahora se preocupa únicamente por la promoción de La casa del fin de los tiempos, que se estrenó ayer.

“Es una película que sufrimos, padecimos y lloramos. Su director, Alejandro Hidalgo, es un chamo de apenas 27 años de edad y es un gladiador. Escribió, dirigió, produjo y se la jugó. Se empeñó en que quería a Ruddy y me hizo firmar una carta de intención cuando ni siquiera había leído el guión”. Se enorgullece de ser en la ficción lo que no ha podido ser en la vida real: madre. “El único color que tiene La casa del fin de los tiempos como filme lo ponen los niños”. Insiste en que no pegó ni siquiera un grito en la función de premier con los espíritus de la casa maldita: “Yo soy de las que puedo ver El aro y Sexto sentido sola en mi cama a las dos de la mañana. Los muertos son energías que nos acompañan, pero no hacen nada”.


Mamá leona

“Estoy contenta con mi despeluque. La gente siempre quiere ver a Ruddy muy arreglada y entaconada. Pero en Cumbia Ninja no seré la mamacita, sino una mamá de barrio. Una tigra, una leona que está orgullosa de que sus cachorros sean pandilleros y que puede matar, literalmente, por ellos. Es bien dura y sabe llevar armas”, adelanta sobre la desaliñada Carmenza de Cumbia Ninja, una insólita serie con reparto internacional de la productora Fox Telecolombia que juntará efectos especiales de dragones, artes marciales, violencia juvenil latinoamericana y musicales de géneros urbanos. Rodríguez no es ya la protagonista, sino la mamá del protagonista, Hache (el actor mexicano Ricardo Abarca). “No soy la más apropiada para dar consejos, pero creo que la lección que deja Carmenza es que un hijo nunca servirá para amarrar a un marido y que las mujeres humildes que ya han tenido dos o tres deberían ligarse. En vez de tener tantos bebés, que traten de ganar en calidad de vida. Cumbia Ninja muestra que es posible cambiar armas por instrumentos de música y que, aunque uno nazca sin dinero, es capaz de hacer arte y lograr cosas en la vida”.   


La casa del fin de los tiempos

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