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Rostros que construyen propuestas desde el teatro

Rostros del teatro: la nueva generación de actores | Foto: Nelson Castro

Rostros del teatro: la nueva generación de actores | Foto: Nelson Castro

Tal vez no son tan conocidos, pero hacen de las tablas su trinchera principal para hablar del país. Sus angustias son la sociedad, el presente y lo que vendrá después; y las manifiestan a través del arte, de personajes comprometidos y de la formación constante. Porque nunca se deja de aprender. Estos seis personajes, que representan a varias generaciones de creadores, hablan sobre sus inicios en los escenarios y sobre ese teatro que se mantiene a pesar de la escasez de recursos y de otras dificultades  

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Rossana Hernández

“Crear a pesar de las dificultades”


Comenzó a hacer teatro cuando tenía 14 años de edad. Desde entonces ha interpretado más de 30 personajes. Comenzó sus estudios con Rajatabla y luego pasó por el Instituto Universitario de Teatro –que ahora forma parte de Unearte– hasta que encontró su camino en los talleres de Orlando Arocha y Diana Volpe, con quienes trabaja actualmente. El año pasado creó, junto con Elvis Chaveinte y Gabriel Agüero, la agrupación Deus Ex Machina, con la que presentó Saverio, el cuel. Su razón de ser es la búsqueda de la honestidad.

“Hubo un período en que el teatro se nos estaba yendo de las manos y estábamos como en una cuerda floja, sentía que había cierto desgano. Pero de un tiempo para acá hubo un resurgir que me entusiasma mucho, porque a pesar de las dificultades económicas hay mucha gente haciendo arte y defendiendo lo que hace. Crean lugares o trabajan en cualquier rincón para hacer propuestas con un lenguaje particular. Me parece interesante este momento porque no tenemos los recursos pero sí las ganas para sacar adelante una producción. Probablemente por no contar con todo lo que necesitamos es que trabajamos con más ímpetu y más ganas de que el resultado sea bueno”.


Jonell Páez

“Donde quiero estar”


Tiene 24 años de edad. Vivió en Mérida durante tres años porque iba a estudiar Ingeniería Eléctrica. Pero cuando entró en contacto con el mundo teatral en Caracas decidió que se quedaría de este lado del país. “Le dije a mi mamá que no iba a regresar porque aquí es donde quiero estar”, dice el actor que protagonizó montajes de Diana Volpe como Háblame como la lluvia y que se estrenó en la dirección con Detrás de la avenida, pieza de Elio Palencia.

Ha trabajado en obras con Costa Palamides –actualmente es uno de los protagonistas de Las mujeres sabias de Molière– y tiene un cupo para estudiar Danza Contemporánea en Unearte. “Es impresionante ver lo difícil que es hacer teatro. Pero al mismo tiempo es gratificante ver la cantidad de jóvenes que quieren dedicarse a esto. En los períodos de inscripción llegan personas del interior que no tienen ni dónde dormir y se quedan en la universidad. Ha pasado que se encadenan para pedir cupos. Yo ahorita tengo compañeros que no tienen con qué comer y hacen de tripas corazón para ir a sus clases de danza. Hay algo que tienen las artes escénicas que te llena el alma”.


Loredana Volpe

“Intentamos cambiar algo”


Dirige desde hace más de seis años y hace dos formó el grupo teatral La Salamandra, con la que ha presentado Ubú rey y Ubú presidente, además de lecturas dramatizadas. “La agrupación nació de la necesidad de un grupo de personas que tenemos tiempo en el teatro y que siempre habíamos dependido de un casting, de que nos llamaran”, dice. La próxima semana estrenará No Exit de Jean-Paul Sartre.

Licenciada en Letras, a los 23 años de edad expresa que su principal inquietud es hablarle al público sobre la terrible situación que vive el país. “Intentamos cambiar algo, que la gente tome conciencia de que parte de lo que sucede es nuestra responsabilidad”, señala.

“Pensamos que no tenemos salida. Lo que está pasando nos afecta como creadores, porque sentimos la necesidad de expresarnos y de mostrar nuestra visión del mundo pero las paredes cada vez nos cercan más. Es angustiante sentir que las cosas están dejando de tener sentido. Tenemos la muerte cada vez más cerca. La gente necesita más educación y cultura. No más violencia, no más represión. Queremos un país donde haya un movimiento cultural, que la gente tome las calles para hacer arte”.


Juan Vicente Pérez

“Nuestro lugar de acción es el escenario”


Es originario de Turmero, estado Aragua. Estudió Artes en la Universidad Central de Venezuela, pero necesitaba algo más. Comenzó, entonces, un proceso de indagación. Pasó por el TET y el Teatro San Martín hasta que entró en contacto con el Grupo Actoral 80, con el que ha participado en montajes como Acto cultural y El matrimonio de Bette y Boo. Recientemente interpretó a Diego en la versión que Héctor Manrique hizo de Fresa y chocolate del cubano Senel Paz.

“Como artistas nuestro lugar de acción es el escenario. Es lo que nos permite apelar al público y transmitirle un mensaje que no solo invite a la reflexión sino que también plantee nuestra posición. El artista es esa persona que siempre está en la acera de enfrente. Hacer arte es criticar o dar a conocer de forma artística lo que nos acontece como sociedad; y eso nos motiva a hacer cada vez mejor este oficio. Nosotros tenemos la posibilidad de utilizar un escenario para decir lo que otros no pueden o no se les permite. Con Diego, mi personaje en Fresa y chocolate, tengo la oportunidad de representar a todos los venezolanos que manifiestan su desacuerdo ante una ideología, sin que eso los haga distintos a nadie. Es ser consciente de que en las diferencias está eso que nos nutre como seres humanos”.


Daniel Rodríguez

“Mi mejor manera de protestar es desde el teatro”


Comenzó su formación teatral en la Escuela Juana Sujo, cuando tenía 14 años de edad. A pesar de que su interés estuvo orientado primero a los deportes, siempre tuvo la inquietud artística. A los 33 años de edad asegura que no cambiaría su oficio por los millones que pudo haberle dado el beisbol. “Una de las cosas que me ha nutrido muchísimo es leer. Es un mundo que se te abre. Trato de cultivarlo en mis dos hijos”, dice.

Trabaja con el GA80, grupo con el que también dicta talleres de expresión corporal. Interpretó a Manganzón en Profundo y a Cosme en Acto cultural. Su papel más reciente fue el de David, el joven materialista dialéctico de Fresa y chocolate. “Mi mejor manera de protestar es desde el teatro. Este encuentro con la obra ha sido maravilloso, pero también muy triste. Porque es una historia que se estrenó hace más de 20 años en otro país y tiene mucha similitud con Venezuela. Es muy pertinente hacer bulla porque es lo que nos pasa. Mi personaje es un muchacho comunista que está adoctrinado y tú dices: ‘¿Puede cambiar esa persona?’. Sí puede, cuando se le abre la libertad de pensamiento y de conocimiento cultural. Se puede desarrollar como ser humano a medida que empieza a respetar al otro. La tolerancia es una de las cosas que me regala el personaje. A partir de la diversidad de pensamiento podemos tener un mejor camino. ¿Y quiénes son los que pueden cambiar esta sociedad? Los ciudadanos de a pie”.