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Román Chalbaud: “Los estrenos impulsan la dramaturgia nacional”

“No puedo dejar de escribir, como tampoco pueda dejar de leer”, dice el dramaturgo | Foto Henry Delgado

“No puedo dejar de escribir, como tampoco pueda dejar de leer”, dice el dramaturgo | Foto Henry Delgado

Bingo, del director merideño, es la única pieza nueva del III Festival de Teatro de Caracas. Se presentará hoy dirigida por Costa Palamides

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Sentado frente a una computadora de pantalla grande –ideal para alguien que tiene 83 años de edad– Román Chalbaud revisa su cuenta de Facebook. Tiene solo 459 amigos, pero tantas solicitudes de amistad que ya no puede aceptar más, según la red social. La Quinta Sinfonía de Beethoven versionada en salsa se cuela por las cortinas blancas desde la calle. Ladran los perros al otro lado de la casa.

Ancho, redondo y atento, el director y dramaturgo merideño ríe al recordar que comenzó a escribir Bingo hace más de 30 años. La retomó en 2011 y la finalizó en mes y medio. Hoy la estrenará en el restaurado Teatro Bolívar, como parte de la tercera edición del Festival de Teatro de Caracas. Es la única pieza nueva de la programación, producida por el Centro Nacional de Teatro y el Teatro del Duende.

“Me enteré de que no hay otros estrenos y me sorprendió, porque cuando nosotros organizábamos festivales en la Federación Venezolana de Teatro se presentaban por lo menos 15 obras venezolanas nuevas. Claro, era otro tipo de festival, puede haber muchos. Pero es algo que se debería tener en cuenta porque los estrenos impulsan mucho la dramaturgia nacional”, dice el artista.

El origen de Bingo lo ha contado ya varias veces: él, Nueva York, los años ochenta y un curso de dirección de actores dictado por Lee Strasberg. En ese contexto conoció a un venezolano que vivía solo para la ópera y a un argentino al que le gustaba el teatro y estaba al frente de un asilo para ancianos. “Era un lugar pequeño, en un apartamento en el centro de la ciudad y no había más de 12 ancianos. Él me contó que eran muy traviesos, que se enamoraban, se celaban unos a otros y se metían detrás de las cortinas a rascabucharse. Entonces pensé: ‘Aquí hay una obra de teatro’. Además una divertida, porque era la vejez haciendo cosas de la juventud. Escribí como 15 páginas, pero un día simplemente se me cerraron las puertas de la imaginación”, recuerda.

Le ha sucedido en otras ocasiones. Ocurrió con la pieza Los ángeles terribles, que comenzó a escribir durante un viaje a Bogotá y luego tuvo detenida. Un día –cuenta– abrió un periódico y al leer la noticia de un hombre al que habían encarcelado por hacer orgías con jóvenes y muñecas le volvió de golpe la musa. También le pasó con otras historias que guarda –aún sin acabar– en su computadora: El garaje, que escribe desde 2003; Espléndido, que empezó en 2012 y solo tiene una página; La sagrada familia y una obra sin nombre de la que lleva 5.984 caracteres; además del guión cinematográfico de La oveja negra, que está adaptando para el teatro.

—¿No ha dejado nunca de escribir?
—No. No puedo dejar de escribir, como tampoco puedo dejar de leer. Antes de dormirme tengo que leer, porque estoy acostumbrado: mi abuela me enseñó. Ella leía mucho y yo cuando era niño le quitaba los libros que tenía en su mesa de noche. Ahorita estoy leyendo a un español que se llama Juan José Millas, pero también puedo volver a Hermann Hesse, Shakespeare o Chèjov.

Chalbaud dice que tiene 5.000 libros y cerca de 3.500 películas que donará a Unearte, con estante y todo.

El artista dirigió Bingo en un primer momento, pero luego tuvo que parar por el rodaje de La planta insolente que lo obligó a moverse mucho por el país. Por eso pasó las riendas del montaje a Costa Palamides, a quien pidió que respetara el reparto: Francis Rueda, Aura Rivas, Gladys Prince, Ludwig Pineda y Vito Lonardo. “A mí me da miedo cuando otro director monta una obra mía, no me la vaya a echar a perder. Y así se lo dije a Costa (risas). Pero estoy encantado con lo que él está haciendo. Los actores tienen una pasión que se les nota. Están entregados a los personajes”, dice.

Le cuesta recordar la última vez que estuvo al frente de una pieza de su autoría. Fue con Reina pepeada, en 1996; y antes con El viejo grupo, a la que le cambió el título por La cigarra y la hormiga, en 1980.

—¿Cómo fue ese reencuentro con la dirección teatral?
—Extraordinario. Como pez en el agua. Yo empecé a dirigir mis piezas desde muy joven porque nadie quería hacerlo. Yo tendría 19 o 20 años de edad. Mi primera obra fue Muros horizontales. En ese entonces uno de los actores más famosos era Rafael Briceño. Lo busqué y le llevé mi texto. Se me quedó viendo y me dijo: “Yo no trabajo con rascapollos” (risas). Igual me sucedió en el cine. Yo nunca he dudado de lo que he hecho. Siempre he sido muy seguro.

—¿Cuál es el trasfondo de Bingo?
—La vida. El hecho de que la vejez llega y no importa, pues ellos podrían conducirse de la misma manera aunque fueran jóvenes. Es como un estudio del ser humano y su comportamiento. Hay que esperar la reacción del público, estoy ansioso.

 

Bingo
Teatro Bolívar, frente a la plaza Bolívar
Hoy, 6:00 pm