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Roberto Obregón sublimó la muerte y el sexo a través del arte conceptual

Una muestra antológica revela la búsqueda personal del creador que hizo de la rosa un tema de vida 

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Roberto Obregón sentía fascinación por la rosa, que para él simbolizaba la belleza, la fragilidad, la pureza, lo femenino y la muerte. Llegó a ella después de haber experimentado otros temas, como el retrato, el autorretrato y el paisaje. La abordó durante 30 años a partir del dibujo, la pintura, el caucho recortado y, por supuesto, la disección de flores reales. Separó y contó sus pétalos, la atravesó con un falo en su obra sobre papel y la colocó dentro de una lata de coca cola. Fue su tema vital, pero no él único. Así lo prueba la muestra antológica que le dedicará a partir de mañana la Sala Mendoza.

Se trata de la exposición más amplia que se le ha organizado hasta ahora al artista conceptual fallecido en 2003. El conjunto revela al creador bipolar, atormentado por sus tendencias suicidas, los conflictos familiares y la homosexualidad, que hallaba en el arte la manera de exorcizar sus propios fantasmas.

Muchas de las obras expuestas fueron mostradas el año pasado durante la Bienal de Sao Paulo. El elocuente silencio de las formas reúne piezas de todas sus series, incluso algunas de sus primeras pinturas figurativas de corte surrealista, que datan de los años sesenta. “Es la primera verdadera muestra antológica sobre Obregón. Ha habido exposiciones sobre las Niágaras y las Masadas, pero esta es la más completa”, indica el curador Ariel Jiménez.

La selección parte de un lienzo que muestra a una mujer cuyos rasgos faciales han sido sustituidos por una gran boca; también hay collages fotográficos, recortes de periódicos, textos y arte postal, entre ellos una secuencia en la que el artista aparece masturbándose. “Se trata de obras difíciles para el público, que generan siempre un conflicto con el espectador”, dice el investigador.

Ha sido así en todas las épocas. En 1968, Obregón fue excluido del Salón de La Rinconada por los contenidos de su trabajo y se apartó del mundo expositivo por un tiempo. Sin embargo, tras un viaje a Nueva York en el que se familiarizó con la fotografía repetitiva del inglés Eadweard Muybridge se dio cuenta de que el silencio creativo no era la solución. “Por encima de todo, Obregón fue un hombre que necesitaba comunicar, trabajar con los fantasmas que le preocupaban. Ya había entendido que las pinturas surrealistas no se lo iban a permitir, porque le generaban un desfase con el público que no lograba manejar. Fue cuando rompió con los lenguajes figurativos”, dice Jiménez.

Fue así como el artista decidió trabajar los temas clásicos de la pintura universal y de la Escuela de Caracas: el paisaje, las flores, los bodegones y los autorretratos, pero vistos a través del prisma oscuro de la muerte y el sexo. La mujer como objeto fue siempre una constante en su obra, en la que también hay un guiño pop presente en la recurrencia de ciertos íconos, como latas de coca cola.

Para Obregón, la rosa no era un símbolo sino un instrumento de sublimación, asegura Jiménez. “Él decía que quería generar una tensión crítica con el arte venezolano”. Esa premisa la mantuvo hasta el final de sus días en Tarma, Vargas.

La antológica forma parte del proyecto Nuevos Vínculos, que llevará a distintas salas de Caracas, entre ellas el Centro Cultural Chacao y la galería Carmen Araujo, una selección de los trabajos expuestos en la pasada edición de la Bienal de Sao Paulo, con la curaduría de Luis Pérez-Oramas.


El elocuente silencio de las formas

Inauguración: mañana, 11:00 am

Sala Mendoza, Universidad Metropolitana

Horario: martes a viernes, de 8:30 am a 4:30 pm; sábado de 8:30 am a 3:00 pm y domingo de 11:00 am a 3:00 pm

Entrada libre









@cvmendez90

cvmendez@el-nacional.com