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Roberto Echeto: “Estoy obstinado de realidad”

Roberto Echeto recibirá el galardón en enero de 2016 | FOTO MANUEL SARDÁ

Roberto Echeto recibirá el galardón en enero de 2016 | FOTO MANUEL SARDÁ

En el libro el autor plantea una reflexión sobre la relación de las personas con el arte. Habla de introspecciones que den otras alternativas a la realidad, de la que considera es necesario escapar

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Como un libro de meditación define Roberto Echeto Maniobras elementales, la obra por la que ganó la decimoquinta edición del Concurso Anual Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana.

La firmó con el seudónimo Stanford Pines, nombre de uno de los personajes de la serie animada Gravity Falls. “Suena serio. Además, soy seguidor del programa. Tengo que serlo”.

El libro comienza con detalles de la relación del autor con la música, arte que considera una salvación durante los años de su juventud. El rock y el jazz como elementos formadores de ideas, personalidades. Parecen instrucciones de cómo escucharla, pero en realidad describe un proceso íntimo en el que melodía y persona se compenetran y abstraen para, de igual manera, compenetrarse mejor con un entorno del que también se quiere escapar.

“No sé si llamarlo un libro de ensayo, prefiero decir que hay un montón de meditaciones sobre lo que aparenta ser varios temas, pero solo hay uno. Estoy obstinado de realidad, sobresaturado de realismo, periodismo, discursos. Entonces presento una mirada introspectiva que trata de ordenar ideas, concentrarse en paisajes que dan los libros, la música, obras de arte”.

Lleva al contrario lo que decía Sanford Meisner sobre vivir de verdad en circunstancias imaginarias. Echeto prefiere que la imaginación impregne la realidad. “Esto es un país agotado en temas, ideas. Hay un cansancio físico y mental”.

—¿Entonces propone una omisión a la realidad?
—El libro propone reflexiones, revisión de obras, lo que ocurre en el arte. Es el camino que está trazado.

—Claro, pero se nota contexto. En el libro se siente la ciudad, vecinos, la calle. Tampoco escapa completamente de lo que ocurre.
—Uno está hecho de eso. Es imposible escapar, pero puedes concentrarte en mirar a los lados. Creo que estamos metidos en una cárcel de temas. Lo podemos enumerar: política, malandros y supervivencia, llámalo cola o como quieras. Se traduce en obras musicales, en los temas que se hablan en la mesa, en el cine, en libros. Mi intención es romper esa cárcel. Quiero expandir mi mundo. Este libro es también una reflexión sobre el lenguaje.

—¿El arte como salvación?
—No sé si esa sea la palabra. El arte como elemento para abrir puertas hacia otros caminos, otras posibilidades.

—¿Cuál es el camino que se le abrió a usted? ¿Qué descubrió en este proceso?
—No lo sé. Lo que es evidente en mi caso es que necesitas estirar el lenguaje para hablar sobre ciertos temas. Hacer del ensayo una estructura dúctil que te permita hablar de circunstancias con un discurso coherente.

—A veces pareciera hacer en el libro un cuestionamiento en la forma en la que la gente se relaciona con el arte. Por ejemplo, con respecto a la música, plantea que es vista por muchos como un mero acompañamiento.
—Es entender también que nuestra aproximación con el mundo no es meramente anecdótica y mezquina, como eso de oír música para meterte en tu propia máquina del tiempo. Es verdad, uno escucha un tema y vienen recuerdos. Eso es delicioso, pero la música puede ser más que eso. Te llama a contemplar, imaginar. Son circunstancias que pueden estar circunscritas a la vida entera. Creo que nosotros tenemos una visión frívola de la vida.

—También reivindica el silencio.
—Hace mucha falta para contemplar, atender, meditar.

—¿Por qué hay una connotación negativa del silencio?
—Supongo que hay un miedo a confrontarse a sí mismo. Lo primero que piensas al oír tus propios ruidos es comprender que eres un organismo finito. El ruido te distrae de todo. El ruido es un tipo hablando todo el día, el amasijo sonoro de la calle. Hay ruido visual, ese montón de cosas superpuestas que puede haber en la calle.

—En Maniobras elementales afirma que lo mainstream momifica.
—Sí. El destino de todo lo que es mainstream es el ridículo, como ver a Tom Jones o Rod Stewart.

—¿A qué llama mainstream?
—Aquello que se vuelve sobreexpuesto y se asume como natural. Hay miles de cosas así. Es natural que Madonna sea Madonna. Uno no espera que dé una conferencia sobre polinomios. Ella perdió el arte de verdad. Cuando es predecible pierde su interés.

—¿Qué hace Roberto Echeto para no repetirse?
—Trato de no tomarme muy en serio a mí mismo. Hay cosas más importantes que escribir, aparecer en el periódico o ganarse un premio.

—Pero acaba de obtener uno de los galardones más mediáticos e importantes de la literatura en Venezuela.
—El premio es hacer el libro, poder seguir escribiendo e inventado historias.

—¿Teme que lo normal sea ser normal?
—Es un termo recurrente, es morirse. Hablar igual, escribir con los mismos giros es morir, hacerte predecible. Por eso es bueno que Chabelo –el animador mexicano de televisión– se retire.

—¿Se está convirtiendo en el escritor que quiso ser?
—En realidad nunca me lo planteo. Es raro.

—Pero si participa en un concurso, busca reconocimiento.
—En mi caso no. Quiero que el trabajo se siga haciendo. La idea es tener testigos, como dice el escultor Richard Serra. Uno no necesita público ni admiradores, sino que lo que uno hace no quede encerrado.

—¿Puede haber un efecto más allá de la relación íntima con la obra?
—Creo que la salvación es individual. Puede ser momentánea, no necesariamente eterna. La contemplación de obras demuestra que siempre debes estar contemplando. Hay que renovar el deseo y las herramientas. Una obra llama a otra obra.

—¿Cuánto le debe al arte?
—Horas de fascinación, alegrías y amistades.

—¿Se ha subestimado su poder en una persona?
—Sí. Se sigue subestimando y se subestimará. Lo importante parece ser, sin querer hablar mal, el beneficio económico de determinadas actividades. No está mal, todos queremos plata, pero cuestiono cuando se pone ese deseo por encima de la calidad. Venezuela es un ejemplo. RCTV pidió apoyo cuando nunca ayudó a formar a la gente para que este desastre no ocurriera.