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“La Revolución rusa no produjo ni un plato”

Germán Carrera Dmas reflexiona sobre el placer del comer | Foto: Henry Delgado

Germán Carrera Dmas reflexiona sobre el placer del comer | Foto: Henry Delgado

En su más reciente libro, Elogio de la gula, el historiador Germán Carrera Damas muestra su pasión por los platos preparados con esmero y cómo la gastronomía puede incluso servir en la diplomacia

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Germán Carrera Damas se hace llamar un glotón ilustrado. Sus gustos no son exquisitos ni despampanantes. Sabe apreciar lo sencillo y cotidiano, siempre y cuando se le dedique atención, pues quien ama comer no debería despachar de forma ligera la calidad de la elaboración.

Ama las tajadas, pero considera que no siempre se preparan de la mejor forma. Él prefiere freírlas con el aceite suficiente para que se sumerjan y no haya necesidad de voltearlas con un tenedor. Cuando empiezan a dorarse, las saca y las pone sobre papel absorbente. A los pocos minutos las vuelve a colocar en aceite más caliente.

“Puedo valorar con igual complacencia los platos más elementales de la cocina venezolana y los más rebuscados, la diferencia entre un pabellón o la olleta de gallo. Si están bien logrados, el placer es equiparable”, señala el historiador y exdiplomático.

Los buenos platos le han valido muchas amistades y anécdotas que recoge en Elogio de la gula, considerada “la biografía gastronómica del autor”.

Sin embargo, aclara que el propósito es otro. “Es comprender que corresponde al gozo de lo que se hace con esfuerzo e ingenio. Cuidado y la santidad no es otra cosa que gula de virtud. La existencia no es el verbo ser, sino hacer. Lo realizado no tiene que ser grandioso, pero sí llevado a cabo con placer”, afirma el autor de 84 años de edad.

En el libro, Carrera Damas desentraña los orígenes de lo que considera una apreciación injusta sobre la gula, especialmente cuando se reduce “a la desmesurada ingestión, sea burda o refinada, de comida”, como indica en el texto. 

También habla de sus vivencias como embajador en los años ochenta y noventa, cuando ganó fama entre sus colegas como gastrónomo, un título que rechaza.

Lo invitaban a probar recetas propias de algún país. Se llevó muchas sorpresas, pero también decepciones, casos en los que desviaba la atención cuando le preguntaban su opinión. Hacía imaginar cómo quedaría una comida si se añadieran otros ingredientes y la conversación se alejaba del interés por su apreciación.

La gastronomía también fue un elemento para generar distensión en asuntos diplomáticos. Menciona la vez, cuando era embajador en Bogotá, que un avión venezolano sobrevoló el espacio aéreo colombiano. “Llamé por teléfono al general comandante de la Aviación. Le pregunté si aceptaría una invitación a almorzar en mi residencia. Le dije, además, que yo cocinaría”, relata.

Después de comer, tomaron coñac. “Le pregunté si lo ocurrido pudo deberse a un error de navegación, que comete hasta el más experimentado de los pilotos. Me contestó que sí”, dice sonriente el escritor.

No recuerda qué preparó. “Fue sencillo, sin lujos. Si buscas lo más costoso, la otra persona se siente blanco de un propósito cercano a un soborno”, destaca.


Gula en tiempos de escasez. Elogio de la gula no solo es un compendio de reflexiones y anécdotas, también es un recetario. En sus páginas, por ejemplo, se leen las indicaciones dadas por un amigo para preparar caldillo panameño. Pero además de los pasos recomendados por esta persona, se incluyen las mejoras hechas por el diplomático.

Carrera Damas es consciente de que es difícil honrar la gula en momentos de escasez. “He encontrado una solución. Hay que cocinar lo que se consiga y como se pueda. No se puede calcular un menú con la certeza de encontrar lo que se necesita. Es una característica del sistema político”.

Recuerda cuando fue testigo de situaciones similares en la Unión Soviética: “La Revolución rusa no produjo ni un solo plato, pero sí provocó millones de muertos por guerra y hambre. No hay comida soviética. Para halagarlo a uno le ofrecían comida imperial”.

Pide que le pasen una botella de vodka que exhibe en la sala de su casa. “Para que tú veas la verdad del socialismo: es vodka hecha en San Petersburgo”. Muestra una etiqueta en la que aparece Pedro el Grande. “Quisieron negar el pasado de forma radical. Es símbolo de un régimen que quiso cambiar al mundo, pero todo retorna al punto de partida a pesar de los años de adoctrinamiento”.


Entre la historia y la diplomacia

Cuando se le pregunta a Germán Carrera Damas si hay algún político del siglo XXI que considere justo colocar en el grupo de aquellos que sienten gula por la historia, recuerda que tiene varios años retirado de la vida diplomática, lo que lo ha alejado de los círculos del poder.

“No he tenido relación alguna con la gente del gobierno. Pedí mi salida del servicio diplomático cuando llegué a la certidumbre de que Venezuela llegaría a esta situación”, manifiesta.

Antes de tomar esa decisión compartió su vida académica como historiador con la representación de Venezuela como embajador en países como Colombia, México y Suiza. También es profesor titular de la Universidad Central de Venezuela y maestro en Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es además autor de libros como El culto a Bolívar, Rómulo histórico y Entre el bronce y la polilla. También es individuo de número de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, en la que fue incorporado en 2007.