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Resistir es el mensaje que la Ley de Cultura da a los intelectuales

La ley otorga un poder tal a los centros comunales que disminuye la acción de instituciones como bibliotecas y museos | Foto: Manuel Sardá

La ley otorga un poder tal a los centros comunales que disminuye la acción de instituciones como bibliotecas y museos | Foto: Manuel Sardá

La UCAB y la UCV organizaron dos seminarios para entender los desafíos del nuevo marco legal

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Las universidades volvieron a colocarse a la vanguardia de la discusión sobre los contenidos simbólicos promovidos por el chavismo al auspiciar dos seminarios de discusión de la Ley Orgánica de Cultura que evidenciaron el papel que tiene la intelectualidad venezolana en los años venideros: resistir.

“Me gusta una palabra que escuché en una ponencia, ‘resistir’, porque esto es más que aguantar: uno resiste empujando”, dijo el miércoles el director de teatro Héctor Manrique. “Esta ley debe leerse para buscar sus lagunas, pues es en los vacíos donde se cripta el pensamiento siniestro del gobierno”, agregó.

Manrique fue uno de los ponentes invitados a ambos seminarios, uno organizado el 9 de octubre por la Universidad Central de Venezuela y el otro esta semana en la Universidad Católica Andrés Bello. Junto con un compañero de las tablas, Javier Vidal, advirtieron que "la cultura de hoy es más bien transculturizada" y que parece inútil legislar sobre esta, especialmente con un instrumento que convierte a lo folklórico en la única imagen de la cultura venezolana en detrimento de lo urbano y de las bellas artes.

La especialista en políticas públicas culturales Gisela Kozak afirmó que el gran problema con la ley es que “la cultura enfocada desde la tradición desconoce las influencias de la historia del siglo XX y de las inmigraciones”.

“La ley representa una involución frente a los debates que se venían realizando en la década de los años noventa en el mundo y dentro del Conac e ignora los temas de gestión cultural que se manejan hoy como la diversidad, la descentralización, la economía y las relaciones entre cultura, ciencia y educación, así como los cambios impulsados por la realidad digital”, dijo el jueves el especialista en el tema Tulio Hernández, también invitado a ambos seminarios.

La posición de Hernández coincide con la del asesor y consultor internacional de la comunicación social Antonio Pasquali y la especialista en comunicación política y web Iria Puyosa, para quienes la reglamentación o el exceso de esta –como es el caso de la nueva ley– va en detrimento del desarrollo cultural.

El desaliento se extiende entre los trabajadores de la cultura que están fuera del aparato público, lo cual quedó cristalizado en el foro de la UCV, cuya estructura dividió la discusión del futuro del sector por ámbitos profesionales: patrimonio y memoria, artes escénicas y musicales, literatura, cine y audiovisual, libro y lectura, las artes de la imagen y el espacio y el problema del financiamiento cultural. En cada una de las mesas se expresaron diversas aprehensiones sobre cómo, vistas la amenazas al mecenazgo que el Fondo de Cultura impone, podrá mantenerse la actividad creativa que se hace sin ayuda del ministerio.

La escritora y miembro de la Academia Venezolana de la Lengua Española Ana Teresa Torres señaló que la ley es una amenaza para quienes no son “Estado-dependientes”, porque los aísla. Willy McKey, poeta y comunicador, señaló que “la cultura es el pequeño pueblecito donde no se había metido el chavismo”, pero que esto ha cambiado con la ley y que le preocupa que los venezolanos resuelven las mutilaciones a su libertad de expresión con la voluntad política de “tuqueques amnésicos”, que pierden un pedazo de su cola y caminan tranquilos porque saben que “ya saldrá algo más donde les cortaron”.

Para Carlos Delgado Flores, director del Centro de Investigación de la Comunicación de la UCAB, esta actitud beneficia al gobierno que, en el proceso de aculturación nacional, ha construido una eficiencia en la hegemonía comunicacional y un entramado de métodos, como "el diseño de una estética oficial, para minar el cada vez más precario sentido común y mermar la capacidad de pensar en algo que no sea la contingencia de este presente, a ratos ominoso”. Tampoco Marcelino Bisbal se muestra optimista ante esta ley. “Es la imposición -expresó el especialista en semiótica- del autoritarismo como cultura y como comunicación”.

De esta manera, creadores y académicos observan desde las universidades la opción que desde la cultura se les abre: resistir.