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Relatos que develan las pulsiones sexuales y políticas del hombre

La poética de Yukio Mishima llega a las tablas venezolanas con la versión de Madame de Sade. La obra es dirigida por Vladimir Vera en la Sala Rajatabla

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Sade es en escena una pulsión. Es la sombra en un cuerpo que se autosatisface. Es la luz que toca despacio pero potente una metáfora. Es un sonido y una imagen. Es, entre todo, aquello que siempre está. Y seis mujeres —que, de alguna manera, son parte de él— lo evocan entre el desprecio, el amor y la manipulación. Dejan la moral a juicio del espectador.

Madame de Sade, del poeta y dramaturgo japonés Yukio Mishima, se estrenó en Caracas la semana pasada y continúa en la cartelera de la Sala Rajatabla. Es dirigida por Vladimir Vera y producida por la agrupación que fundó Carlos Giménez en los años setenta.

Las actrices Francis Rueda, Fedora Freites, Eliana Terán, Adriana Bustamante, Tatiana Mabo y Graziella Mazzone interpretan a la suegra de Sade, su esposa, su cuñada y tres mujeres que representan el pueblo, el sexo y la religión. Junto con ellas participan en el montaje tres bailarinas y una acróbata.
La pieza de Mishima se desarrolla a lo largo de 18 años, mientras los personajes esperan que el marqués salga de prisión. La trama principal la representan René y su madre, madame de Montreuil. Primero la joven manifiesta su amor a Sade, con quien se había casado por un arreglo; luego cambia su parecer, para gusto de su madre. De fondo sucede la Revolución. Está cayendo la burguesía, o al menos eso parece, y los diversos grupos de la sociedad están enfrentados. Minimizar al otro es el objetivo.

Para la puesta en escena de Madame de Sade, Vera quiso alejarse de la idea del “montaje arqueológico” y buscar el anacronismo. Trabaja los contrastes, una estética punk a lo Vivienne Westwood y en los oídos revienta el heavy metal. Todo encerrado entre rejas, como una cárcel o un manicomio, que puede ser físico o espiritual.


Escena sin tabú. Una de las motivaciones del director con el montaje es llevar más teatro de texto a las salas nacionales, las cuales a su juicio están cada vez más llenas de comedia ligera. “Y no tengo nada en contra de ellas. Pero yo crecí con Chejov, Brecht… Creo que hay que reeducar al público. Además, siento que dentro del tema que se trabaja hay muchos tabúes. El venezolano tiene una gran pacatería con su sexualidad. Y el arte no puede tener etiqueta moral”, dice.

Vera agrega que la respuesta del público ha sido satisfactoria: “Un texto tan poético como Mishima es difícil y cada función ha estado agotada. El domingo pasado se quedaron más de treinta personas afuera. Es una buena señal de que existe una sed por volver a los clásicos”.

Madame de Sade forma parte de la programación que presentará en 2014 la agrupación Rajatabla para celebrar sus 43 años de actividad. El resto de las piezas que llevarán a escena serán el reestreno de El coronel no tiene quien le escriba, con la puesta original de Carlos Giménez y la dirección de José “Pepe” Domínguez, quien además estará al frente de Sócrates taxista, de Héctor Rondón. Se sumarán el montaje de El fantasma de Hiroshima de Henry Pérez e Incendios, del escritor y director libanés Wajdi Mouawad, historia que tiene una adaptación cinematográfica que estuvo nominada al Oscar 2010 en la categoría de Mejor Película Extranjera.

 

Madame de Sade
Sala Rajatabla, entre Unearte y el Teatro Teresa Carreño, Los Caobos
Funciones: viernes y sábado, 7:00 pm; domingo, 6:00 pm
Entrada: 100 bolívares, general; 50 bolívares, estudiantes y tercera edad