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Regresa el hermoso perdedor Kevin Johansen

El músico, Kevin Johansen / William Dumont

El músico, Kevin Johansen / William Dumont

El nacionalismo positivo es disfrutar de tu pueblo, de tu gente, de tu cultura en general; lo otro sería nazionalismo", dijo el artista sobre su disco Bi

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Kevin Johansen soñaba a los 19 años con un éxito "sideral", pero "recién pudo vivir de la música pasados los 30", explica. Convertido pese a todo en un artista "de culto global", en un "hermoso perdedor" -que diría Leonard Cohen-, este músico nacido entre dos tierras regresa a España con dos conciertos.

Acompañado de su banda The Nada y de las obras que su amigo y dibujante Liniers ha diseñado para arropar algunas de las canciones de esta gira, actuará el viernes en Madrid y el sábado en Barcelona, antes de que se cumpla el primer año de vida de "Bi", su último disco.

"Ha sido un disco que ha interesado y eso hoy por hoy es un logro", afirma en una entrevista con Efe, satisfecho con la acogida que le ha dado a este álbum su público fiel, con la llegada de nuevos seguidores y con las críticas de la prensa especializada.

En Bi, Johansen (Fairbanks, Alaska-EE UU, 1964) materializa sus orígenes argentino y estadounidense en un doble CD: Jogo/Subtropicalia, más folclórico y del sur; y "Fogo/Pop heart", más pop-rock, anglosajón y "hasta pachanguero".

Se trata, explica, "de celebrar las diferencias en lugar de tenerles miedo, sin ponerle a nadie la bandera en la cara" y de darse cuenta de que "somos mucho más parecidos de lo que suponemos", como algunas de estas nuevas canciones, híbridos capaces de saltar de un disco a otro.

"Reconozco una especie de sano nacionalismo, de gusto por lo que te tocó. El nacionalismo positivo es disfrutar de tu pueblo, de tu gente, de tu cultura en general; lo otro sería nazionalismo", añade.

De madre argentina y padre de EE UU, subraya los aspectos positivos que cada una de esas culturas le han proporcionado y deja en un segundo plano lo que no le gusta de ellas, esto es, "la política o la pequeñez humana, que son universales".

Obsesionado con la búsqueda de la originalidad, de imprimir a sus composiciones su esencia personal, señala que a veces se exige mucho en este sentido y que es capaz de desechar una composición si le recuerda a la de otro artista.

"Creo en las influencias ineludibles", dice mientras cita a Leonard Cohen y David Bowie (a los que ha versionado en Bi), o a Joan Manuel Serrat, Víctor Jara y John Lennon, "pero creo mucho también en la frase que utilizaban los luchadores: 'No imiten a sus ídolos'", apostilla.

Sus años como "artista oculto" en Nueva York, en los que trabajó a la sombra en el mítico local CBGB, le alejaron del patrón de estrella musical ególatra. De aquella "buenísima" escuela, le quedó también la importancia por "lo armónico".

"Comparo la melodía con un auto en ruta, puede haber curvas y subidas y bajadas o un camino recto, pero es fundamental para llevar al auto", afirma.

Hablando de caminos, en uno de sus nuevos temas -"Y sigo"- canta: "Si hubo piedra en el camino, me lo tomé como un desvío, me dije me tomo un respiro... y sigo", una máxima que ha hecho realidad.

No ha perdido la capacidad de soñar, "porque soñar no cuesta nada", y tras colaborar en este último proyecto con gente como Daniela Mercury y Lila Downs, verbaliza que no estaría mal "tirar una canción a Joaquín Sabina o Caetano Veloso".

Sus primeras visitas a España, hace ya diez años, las recuerda como "una cosa muy loca", en las que constató con orgullo que su música, aunque minoritaria, era capaz de "tocar la fibra" más allá de las fronteras.

"Yo hablo de ser de culto masivo o de culto global, lo que te permite tocar en Berlín, en el DF o en Río y llevar 1.000 personas a verte", presume.