• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Recuerdos de amor y de política renacen en los asientos de un taxi

Cayito Aponte interpreta a un cinéfilo en Los taxistas también tienen su corazoncito

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los primeros tiros que Cayito Aponte escuchó en su vida fueron los que se hicieron la noche del golpe de Estado al gobierno de Isaías Medina Angarita, a finales de 1945. “Yo soy de La Victoria y nos acabábamos de mudar a Caracas, a una casita que había comprado mi papá en Artigas. ¡Y se forma aquel zaperoco, pana! La casa quedaba entre el cuartel San Carlos y la Escuela Militar. Una cosa inolvidable”, recuerda.

El tenor y comediante de 78 años de edad repasará de nuevo las anécdotas de esos días, y las de la dictadura que vino después, pero a través de la historia de Rubén Sarmiento, un taxista asmático y simpaticón que vivió el amor con cada rincón de su cuerpo.

Los taxistas también tienen su corazoncito, una pieza escrita por Néstor Caballero –Premio Nacional de Teatro 2011-2012–, se presentará a partir del viernes en la Sala Experimental del Centro Cultural BOD-Corp Banca, producida por Jorgita Rodríguez y bajo la dirección de Vladimir Vera.

Las escenas transcurren en una especie de chivera a la que Rubén llega –maleta y pistola en mano– para rescatar las piezas de Pepón, su carrito. En una esquina hay desechos; en la otra, cajas de plástico. Se ve un parachoques con una frase que reza “No te pegues que no soy bolero” y se oye el aullido de un perro. El chofer comienza a reconstruir a su compañero de carreritas y con ello su propia historia.

No le gusta la política, dice que no la entiende. Su pasión es el cine y su actriz favorita es Claudette Colbert, cuyo nombre aprendió a pronunciar con la ayuda de uno de sus pasajeros: Pedro Estrada, jefe de la Seguridad Nacional. Un día conoce a María Milagros y se le enciende la vida. Quiere conquistarla con la sonrisa de Clarke Gable en Lo que el viento se llevó y la voz de James Mason en Larga será la noche, pero sólo atina a las de Tin Tan y Cantinflas. La joven universitaria milita en el Partido Comunista y sus días pasarán entre la clandestinidad y la lucha armada.

“Es un texto maravilloso, cuenta una historia de amor profundo. Es una obra que despierta una paz con el otro, con ese caraqueño de antes. Es un volver a esos valores que a veces la violencia, el caos y la inseguridad te hacen olvidar. Y trabajar con Cayito es un placer, una felicidad constante”, apunta el director.

 

Primera vez. Aponte también fue cinéfilo como Rubén. “Porque no había más remedio. En La Victoria no había otra cosa qué hacer que ir al cine”, dice. Y se aprendió todas las cintas argentinas y mexicanas y musicales de Hollywood de la época.

Cuenta más de cinco décadas de trayectoria artística, pero este es el primer monólogo teatral que interpreta: “Un libreto tan bien escrito como este es el primero. Soy virgen hasta el viernes”, bromea. “La obra me toca de cerca porque viví todas esas etapas de la historia venezolana. Y habla también del amor, que es universal. A la primera leída el personaje me absorbió, no fue que lo creé ni nada. Y pienso que ha sido así toda mi vida, no he buscado caminos para la televisión ni la ópera. Todos se me han abierto enfrente y bien gafo si no los agarro”.