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Rayuela obligó al lector a hacerse responsable de sus propias conclusiones

 El escritor argentino Julio Cortázar

El escritor argentino Julio Cortázar

La obra inscribió en la vanguardia de Occidente a la literatura escrita en castellano 

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Rayuela nació en la cabeza del Cronopio Mayor como un proyecto titánico: quería escribir un libro en el que el lector, en vez de leer una novela consecutivamente, tuviera diferentes opciones. “Lo cual lo situaba ya casi en un pie de igualdad con el autor, porque el autor también había tomado diferentes opciones al escribirla”, dijo Julio Cortázar en una entrevista sobre la obra cuya primera edición se publicó en junio de 1963.

He allí lo que convierte al texto en un hito cultural: redimensionó la relación del lector con el libro como objeto de conocimiento y convirtió a la lectura de ejercicio pasivo –burgués, en el sentido que le da al término Herbert Marcuse en La dimensión estética (1979)–  en una nueva forma de experiencia moral, estética y metafísica, que se articula gracias a la construcción de una complicidad entre el lector y el autor. Así, la experiencia cognoscitiva del lector frente a la novela se convierte en una mucho más independiente, pues ésta lo hace responsable de sus propias conclusiones.

Escritor y lectores

Como el argumento propuesto en el Tablero de Dirección va de un lado a otro está muy cerca de la improvisación en el jazz pero, igual que en el género musical que cautivó al autor argentino, ese “desorden” de la novela es producto de años de preparación. Para lograr la igualdad de condiciones entre lector y escritor, Cortázar tuvo que proponer diferentes opciones. Por eso resultó una obra con un grado de complejidad difícil de equiparar, aunque no tardaron en surgirle imitadores. El manuscrito de Rayuela que se encuentra en la Universidad de Texas, en Austin, da fe de la intensidad del trabajo del autor, cuya escritura “parecía nacer de la tachadura”, al decir de Julio Ortega.

“Cortázar revisaba lo escrito según una estrategia por la cual la parte de la ficción se iba imponiendo a la parte de la deliberación”, escribió el académico peruano en un artículo publicado en Papel Literario en julio de 1991: “Este fascinante manuscrito (...) revela la dramática búsqueda de una formalidad que incluyera todas las partes en una dinámica fluida, contrapuntística, alterna de un todo abierto. Cuando Cortázar encontró la solución planteada por una lectura alternativa, opcional, una lineal (novelesca) y la otra discontinua (una resta); logró, finalmente, que la fortuna fuese una figura analógica de la misma escritura”.

El autor fallecido en 1984, a los 70 años de edad, pensó haber escrito un libro que leerían contemporáneos suyos, pero para su sorpresa, encontró a sus seguidores entre los jóvenes. “La obra de Cortázar exigía abrirse, limpiar la consciencia y dejar nuestra sensibilidad de lectores expuesta a lo imprevisto. La realidad podía llegar a través de alegorías. La ficción podía conducirnos a una perturbadora consciencia del mundo. Algo de prestidigitador y de niño había en la sensibilidad de este”, escribió el narrador colombiano Óscar Collazos para Papel Literario en 1989.

El argentino nacido en Bruselas había abierto la puerta a toda una generación nueva de escritores que ya no estaban interesados tanto en convertirse en los productores de una novela nacional o regional, sino en cuestionar la realidad que los circundaba.

Como la obra se proponía llegar hasta el final de un dilatado camino de negación de lo cotidiano y admisión de otras realidades, el autor construyó un juego de espejos tanto en lo formal, por los saltos entre los capítulos, como en lo semántico, en la narración de las ocurrencias de dos tipos de expatriados: una pareja de argentinos exiliados en París, la Maga y Oliveira, y la otra de cuidadores de un manicomio en Buenos Aires, Talita y Traveler. “La esencia cultural, social, histórica, digamos, de Rayuela, es la historia de un fracaso. Ni Oliveira ni la Maga, en París, ni Traveler y Talita, en Buenos Aires, van a encontrar la utopía, el cielo de la Rayuela”, señaló Carlos Fuentes en La gran novela latinoamericana (2011).

Así, Cortázar, que en 1963 era conocido por cuentos que dinamitaban las certezas de sus contemporáneos, se consagró con Rayuela como el precursor de la literatura de una nueva realidad llena de periferias.

50 años de Rayuela

El martes a las 6:00 pm, en la Sala Cabrujas –que está ubicada en el centro comercial El Parque, en la tercera avenida de Los Palos Grandes­­–, se celebrará el cumpleaños de Rayuela con una charla entre Antonio López Ortega, Oscar Marcano y Rodrigo Blanco Calderón. Luego vendrá una lectura dramatizada a cargo de Julie Restifo y Oscar Soto. El acto culminará con un concierto de música argentina. El viernes 28, a las 6:00 pm, se leerá la novela de forma simultánea en varias librerías del país. En Caracas: Lugar Común de Altamira. En Mérida: Librería Luden’s del C. C. Alto Prado. En Barquisimeto: El Clip del C. C. Los Leones. En San Cristóbal: Sin Límites, en Barrio Obrero. En Margarita: TecniBooks del Centro Empresarial AB.