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Rajatabla representa la muerte de una época de psicodelia e ideales

Con una pequeña ayuda de mis amigos | Henry Delgado

Con una pequeña ayuda de mis amigos | Henry Delgado

El grupo escenifica la pieza Con una pequeña ayuda de mis amigos, una historia sobre seres fracasados

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La apertura de las puertas de un garaje congelado en los años sesenta, clausurado desde la muerte de su hermano, El Tigre, reaviva en Sulay las esperanzas de la juventud, cuando las drogas, el rock, la psicodelia y la libertad representaban el todo y las ganas de cambiar el mundo, una época en la que la filosofía hippie proclamaba que las balas fueran sustituidas por flores.

En su vida actual, con 13 años más, nada de eso existe. Ni siquiera la canción “Con su blanca palidez”, versión en español del clásico de Procol Harum, que zumba en sus oídos como un mosquito, como un recuerdo incesante del pasado. Sus sueños fueron reemplazados por un matrimonio infeliz, por un esposo alcohólico, Gilberto, que una década antes se internó en las montañas con la idea de ser guerrillero y salió espantado, cobarde, una semana después. Ahora es un policía prepotente, soberbio, ahogado en sus penas. Un fracasado.

Ese abismo entre lo que fue y lo que se es, entre los sueños de juventud y la frustración en la que puede llegar a convertirse la vida es el tema central de la obra Con una pequeña ayuda de mis amigos del dramaturgo Néstor Caballero, que 20 años después de ser estrenada en el Teatro Nacional fue retomada por Pepe Domínguez en una versión que escenifica el Grupo Rajatabla.

“Los protagonistas de esta historia tienen unos sueños, enmarcados en una revolución. Por ejemplo, está el famoso mayo de 1968 y el nacimiento de la cultura hippie. Ese fenómeno también llega al país, pero con ciertas particularidades. Está, por ejemplo, la guerrilla, un proceso que terminaría en los años setenta, cuando Rafael Caldera promulga el indulto. Pero hay unos sueños particulares que se truncan. Esa es la historia de estos personajes. Qué pasa con ellos, qué fue de sus vidas después de ese período en el que aparentemente lo tenían todo”, expresa el director, que aunque no cambió palabras del libreto original, escrito en 1982, sí suprimió algunos textos para llevar la pieza al contexto actual.

Los personajes de Gilberto y Sulay, encerrados en ese garaje, rememoran no sólo sus vivencias, sino que se reencuentran con amigos clave de su historia. Al igual que ellos, también fracasaron en su intento de cumplir sus sueños. Saturno, por ejemplo, un hombre espiritual y vegetariano, homosexual, termina prostituyéndose como La Loly. También está Álvaro (amante de Sulay), que en su juventud era un prometedor pintor y termina como un gris profesor. La Chata era una mujer muy dulce que deviene en alcohólica y drogadicta.

Todos ellos quedan atrapados en el garaje, en esa cápsula del tiempo, donde les rodean siluetas desnudas que se mueven al ritmo de “Aquarius” de Hair y “Con una pequeña ayuda de mis amigos” de Joe Cocker. Una especie de caja negra en la que Gilberto, el que más está negado a revivir su juventud, es perseguido por una figura femenina, una monja o un Cristo, que representa la muerte, la locura, su padecimiento.

En la obra actúan Gerardo Luongo, Dora Farías, Jean Franco de Marchi, Ángel Pájaro, Eliana Terán, Vicente Bermúdez, Weidry Meléndez, José Luis Bolívar, Mixy Oñate y Jhonny Torres, acompañados por los alumnos del Taller Nacional de Teatro.