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Christian McGaffney: “Quiero morirme en el escenario”

Christian McGaffney | Francisco Fernández

Christian McGaffney | Francisco Fernández

El intérprete, que ha demostrado su versatilidad en las tablas y frente a las cámaras, piensa que el cerco se cierra sobre el gremio 

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Christian McGaffney dice que la actuación se convirtió en el salvavidas que le permitió alejarse de los problemas de pandillas con los que se enfrentó durante la adolescencia. Expresa que es una etapa superada y, a los 24 años de edad, se confiesa ávido lector, autodidacta, deportista y melómano.

Con papeles tan distintos como Andy en High, un drogadicto del que asegura no podía desligarse tan fácilmente durante las primeras funciones, y Rubén en Las bandidas, un peón al que le costó entender, McGaffney ha hecho gala de su talento.

En este momento siente la necesidad de probar suerte en el cine porque considera que ese medio sirve para romper paradigmas. Desde hace un tiempo tiene claro lo que quiere hacer el resto de su vida: “Las cosas aquí son como un paso a paso: te gradúas, te casas y tienes hijos. Yo le quité una serie de condiciones a la vida de los jóvenes y me entregué de lleno a la actuación, al punto de que quiero morirme en el escenario”.

—¿Qué fue lo que más le gustó de Las bandidas? ¿Cuáles fueron las dificultades que afrontó?

—Lo mejor fue la oportunidad de internacionalizarme desde mi país. Eso es algo que pasa una vez en la vida. Lo más curioso es que no estaba dentro de mis planes porque acababa de terminar High y me iba a estudiar unos meses a Londres; pero Las bandidas era una propuesta muy interesante y no la podía dejar de lado. Una de las dificultades que encontré fue que me costó mucho pisar la tierra en la que se mueve el personaje. Manejar actoralmente y entender el hecho de que Rubén nunca había salido de San Lorenzo fue muy complejo. No podía dejar que la humildad del personaje no estuviera todo el tiempo.

Las bandidas fue grabada en RCTV. ¿Había visitado ese canal antes?

—Nunca antes había entrado hasta este proyecto de Televisa. Me dio mucha pena ver que un canal líder en la industria, con tremendo nivel, no sólo técnico o de capital humano, sino de infraestructura, no tenía vida en los pasillos. Fue muy deprimente. Estuve con gente que trabajó muchos años allí, talentosa, todos formados ahí… En ese momento fue cuando caí en cuenta de lo mucho que el cierre de  RCTV había afectado al gremio, y no sólo a la sociedad. Fue la primera vez que percibí la mezcla peculiar de nostalgia y rabia. Confío en que esto cambiará, por lo menos mientras yo esté en la década de los 20 años.

—¿Cree que están disminuyendo las plazas de trabajo?

—Totalmente. La situación para los medios es cada vez más cuesta arriba y eso complica mucho a todo el gremio. Pero con los actores pasa algo muy puntual: tenemos un tiempo de vida muy definido. A medida que esto se extienda va a disminuir la oferta laboral. Es una pena, sobre todo por mi generación. Desde que empecé a trabajar este país ha estado bajo la batuta de un solo gobierno y, aunque a mí me ha ido bien, no he recibido ningún apoyo gubernamental. Ha sido muy duro. En cuanto al cine, reconozco que el CNAC ha tenido un empuje con respecto a la cantidad de películas que se han producido, pero la mayoría está enfocada en la política, lo que considero que no debería ser. El arte tiene que ser para expresar lo que nos dé la gana, de la manera en que nos plazca.