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Quieren convertir el taller del Guernica en un hotel

El <i>Guernica</i>

El Guernica

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El futuro del taller de la parisiense Rue des Grands-Augustins, donde Picasso pintó el Guernica en 1937 y en vías de ser declarado monumento histórico, se tambalea tras una maniobra de sus propietarios para transformar el inmueble en una lujosa residencia hotelera.

Es el último episodio de una trama iniciada en julio de 2013, cuando la justicia resolvió expulsar a la entonces inquilina, una asociación cultural, a instancias de la Cámara de Ujieres de Justicia Local (CHJP), dueña del edificio desde hace casi un siglo. Recientemente, ante la costosa manutención del inmueble, la CHJP presentó una solicitud de permiso de obras tras recibir una suculenta oferta de un grupo inmobiliario interesado en construir un hotel de lujo.

Sin embargo, en paralelo, la comisión regional de patrimonio, respaldada por el gobierno central y por el alcalde del sexto distrito de París, Jean-Pierre Lecoq, aprobaba por unanimidad iniciar los trámites para proteger el lugar. "La CHJP está tratando de deshacerse de la propiedad para levantar un hotel de lujo, pero ello supone ignorar manifiestamente el proceso de declaración de monumento histórico", dijo Lecoq, antes de mostrarse "esperanzado" respecto al desenlace del conflicto. En opinión del regidor, quien calificó el proceso de "escandaloso, una tentativa de negar la realidad de las cosas", se alcanzará una solución entre finales de año y principios de 2015 para incluir el taller en el Patrimonio Nacional.

Los propietarios del edificio no quisieron ofrecer su versión de los hechos. Hasta hace un año, era el Comité Nacional para la Educación Artística (CNEA), instalado de forma gratuita desde 2002, el ente que se encargaba del mantenimiento y la rehabilitación del taller en virtud de un convenio de 10 años de duración firmado por el entonces presidente de la CHJP. Luego llegó la "expulsión".

Situados en el Hôtel de Savoie, en el barrio de la Monnaie, un enclave cargado de historia junto al Sena, los dos últimos pisos del 7 de la Rue des Grands-Augustins alojaron a Pablo Picasso de 1936 a 1955. Fue allí donde el pintor sobrevivió a la Ocupación, donde se reunía con republicanos españoles a finales de los años cuarenta y donde de forma intermitente recibía a la bohemia parisiense hasta 1955.

El historiador del arte y amigo del artista Pierre Daix todavía recordaba en un reciente artículo para el diario La Croix cómo el genio, en su buhardilla, le mostró junto a Louis Aragon la litografía La Colombe (La paloma), futuro emblema del movimiento por la paz. Lo cierto es que, antes de Picasso, otro artista, esta vez ficticio, habitó el 7 de Grands-Augustin. Honoré de Balzac situaría allí el estudio del pintor Frenhofer en su relato Le Chef d'oeuvre inconnu (La obra maestra desconocida), una reflexión sobre la naturaleza del arte.

Advertido por el gigante del teatro francés Jean Louis Barrault, el creador malagueño, admirador de la obra de Balzac, a la que llegó a dedicar 11 aguafuertes, se instalaría en el taller en 1936. Fue entre sus tabiques, en un espacio cuyas dimensiones recordaban las de un navío, en palabras del fotógrafo y amigo del artista, Georges Brassaï, donde Picasso firmó el Guernica, su tela de mayor tamaño.

El mismo Brassaï, con cierta retranca y en un guiño al autor de La comedia humana, señalaría más tarde que, en el hogar de la obra maestra desconocida, Picasso había terminado pintando "una obra maestra más que conocida". Encargo de la República Española, el óleo se dio a conocer en la Exposición Internacional de 1937 en París y no llegaría a Madrid hasta 1981, tras permanecer durante cuatro décadas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Si los plazos se desarrollan de acuerdo a lo previsto por las autoridades francesas, la espera para salvar su taller parisiense será ciertamente menor.