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Posdatados: encontrar la solución al final de una carta

Posdatados / Juan Camacho/El Nacional

Posdatados / Juan Camacho/El Nacional

Cinco monólogos y dos escenas cortas integran la pieza que narra, a través de epístolas, las diferentes experiencias de vida de los protagonistas. La actriz Nattalie Cortez debuta como directora de la obra

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Un encuentro en el Gimnasio del Actor entre la dramaturga Naya Jiménez, la productora Alexandra Vivas y la actriz devenida en directora Nattalie Cortez resultó en un proyecto que ha crecido gracias al trabajo en equipo: Posdatados.

La pieza teatral, que se estrenará mañana en la sala experimental del Celarg, nació gracias a la iniciativa de Vivas, quien propuso realizar el montaje. Jiménez aportó textos aislados e independientes que había escrito hace tiempo y que posteriormente tomaron forma en escena gracias al trabajo de Cortez, quien se estrena como directora con la obra.

El proceso de construcción de los personajes y del guión se hizo de una manera diferente: los actores tuvieron la libertad de improvisar sobre los textos en presencia de Jiménez. "¡Es una diosa! Pocos creadores aceptan esos cambios y sugerencias", expresa la directora en relación con la dramaturga.

 "Luego de 26 años de carrera teatral me propusieron esta aventura y me atreví. El amor por el teatro va creciendo y sientes la necesidad de abarcar todas las áreas", dice Cortez, con la sonrisa de quien no puede esconder una emoción muy grande. "Como actriz necesito que me dirijan y respeto el trabajo del director. Verme ahora del otro lado de la barrera ha sido una experiencia muy grata", agrega.

La puesta en escena

Luces tenues, palabras escritas al azar en el piso y en la pared del fondo, varias mesas a lo largo del escenario, sillas disímiles entre ellas, una pequeña barra en uno de los extremos y la música de una guitarra en vivo son los elementos que ambientan el café donde se desarrolla la historia.

Una escena corta introduce a los personajes que luego, en cinco monólogos, hablan de sus pensamientos y experiencias -algunas cotidianas y otras no tan comunes-, antes de que se presente la escena final.

A los protagonistas del montaje los une la duda. Mediante cartas, narran historias que han sido escritas por las circunstancias, el destino y hasta por terceros. Es al final de la misiva -en la posdata- donde cada uno de ellos tiene la oportunidad de tomar las riendas de su vida y asumir alguna decisión trascendental.

A través de monólogos se presentan las realidades de cinco personajes. Cada uno tiene una historia que contar. Uno de ellos es un hombre cuya mujer está embarazada. Mira la situación como lo haría el típico machista.

Luego aparece una ama de casa, casada y con tres hijos. Su sueño siempre fue convertirse en una gran actriz. Un día decide abandonar su rutina y dice que acudirá a un curso de cocina cuando en realidad su intención es participar en una audición.

Una segunda mujer tiene una extraña fobia e intenta explicarla: le tiene pavor a los atardeceres a la orilla del mar. Finalmente, habla un hombre feliz y emocionado porque acaba de recibir una carta con letras y tinta de verdad.

"Es una comedia de esas que te hacen exclamar: '¡Qué divertido, qué gente tan loca!'. Pero llega un momento en el que reflexionas y aparecen interrogantes", indica la directora, quien también da vida a un personaje que afronta una despedida.